Nota del editor: Lo que sigue es un extracto del nuevo libro de Abigail Shrier, “Daño irreversible: la moda transgénero que seduce a nuestras hijas” (Barnes and Noble). Shrier investiga la tasa cada vez mayor de niñas que se declaran transgénero y las formas en que estas niñas son atraídas hacia la comunidad trans.

Benji es una del creciente número de mujeres jóvenes con la capacidad única de advertir a las niñas atrapadas en las garras de la fiebre del género de que podría ser una buena idea dar marcha atrás. Pero Benji no cree que se libró solo de una desgracia personal. De lo que escapó – insiste – fue de un culto.

Como muchas de las mujeres jóvenes que de repente se identifican como trans, Benji era una niña intelectualmente precoz y muy ansiosa. A los cinco comenzó a tocar el violín … Era una lectora voraz, pero a los nueve años comenzó a desarrollar senos, lo que la hizo terriblemente incómoda y cohibida. Se volvió anoréxica, a veces se desmayaba en clase… Le diagnosticaron depresión…

Benji cayó en YouTube y Tumblr. A los trece años, descubrió videos de mujeres entusiasmadas con su transformación en hombres. Sintiéndose poco femenina, incómoda en su cuerpo e infeliz en casa, Benji encontró cautivadora la posibilidad de escapar. Nunca dudó de la veracidad de los relatos puramente positivos de la transición médica.

Los niños de su generación pueden ser sofisticados cuando se trata de utilizar la tecnología, me dijo Benji, pero son sorprendentemente ingenuos acerca de la veracidad o la integridad del contenido. “Creen que las noticias están llenas de mentiras y basura, pero cuando se trata de una persona independiente, eso debe ser más verdadero, más auténtico de alguna manera”.

La teoría queer posmoderna considera que la experiencia es más válida que los hechos, dijo, y su generación absorbe un sinfín de corrientes de esta ideología de Internet. «Entonces, cuando ves a alguien [en Tumblr] hablando sobre su experiencia y sus opiniones, eso puede superar los datos y los hechos porque la experiencia es más auténtica que los datos o algo así»

[…] Al principio, exploró su nueva identidad exclusivamente en línea, interactuando con adultos trans, personas que llegó a considerar como sus «verdaderos amigos», los que realmente la conocían. A menudo, varios adultos, en su mayoría hombres que se identifican como mujeres trans, le pidieron «hablar de sexo». A los catorce años, era demasiado curiosa y demasiado agradable para no obedecer. En las ocasiones en que ella puso objeciones, la acusaron de «vergüenza pervertida», haciéndolos sentir mal (sic) por sus predilecciones sexuales, un pecado mortal en estas comunidades en línea. A menudo, cuando Benji trataba de imponer un límite sexual, sus interlocutores adultos la acusaban de opresión transfóbica. Lo último que siempre quiso fue molestarlos.

Cuando se quejaba en línea de sus padres, los adultos queer a menudo la enseñaban a huir de su familia.

Llegó a creer, de hecho, que las únicas personas en las que podía confiar eran personas transidentificadas

Cuestionar la panacea de la transición médica estaba estrictamente prohibido.

Me dijeron, «Si hablas con estas personas [contrarias a las transiciones], lo que tengan que decirte te hará suicidarte. Perderás tu identidad, dejarás de ser trans. Literalmente morirás si hablas con estas personas».

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