Por Bernard Lane* 

En Australia se han recetado bloqueadores de la pubertad a niños de apenas 10 años; las pautas de tratamiento del Royal Children’s Hospital (RCH) de Melbourne, que se siguen en todo el país, recomiendan suprimir la edad mínima de 16 años para las hormonas cruzadas y hablan de cirugía transgénero, como la mastectomía, para chicas jóvenes a partir de los 16.

Tras conocerse la decisión de la principal clínica de género de Suecia de poner fin al tratamiento rutinario de menores con fármacos hormonales que carecen de una sólida evidencia en cuanto a seguridad, diferentes voces desde la medicina y la política reclaman una revisión de los protocolos en Australia.

El hospital infantil Astrid Lindgren de Estocolmo, que forma parte del gigante hospitalario Karolinska, famoso por conceder los premios Nobel, ha citado una serie de riesgos como el cáncer y la infertilidad en su decisión de que los fármacos bloqueadores de la pubertad y la terapia hormonal cruzada solo podrán administrarse a pacientes menores de 18 años en el marco de ensayos clínicos bajo un estricto control ético.

La decisión del hospital Karolinska de Suecia cita el fallo del Tribunal Superior de Justicia inglés en el caso de Keira Bell contra la clínica Tavistock, en el sentido de que se sabe muy poco sobre los bloqueadores de la pubertad que deben considerarse experimentales, y es fruto de una serie de revisiones internacionales independientes que concluyen que la base empírica para el tratamiento afirmativo es escasa, sin datos sobre la seguridad a largo plazo.

La senadora liberal de Tasmania, Claire Chandler, que ha estado haciendo campaña por un debate abierto y la publicación de los datos de los pacientes de las clínicas de género de los hospitales infantiles australianos, afirmó que la marcha atrás de los suecos era lógica, dada la creciente preocupación mundial.

«Lo que resulta sorprendente y chocante es que los gobiernos estatales y los departamentos de sanidad de Australia aún no hayan actuado y, en cambio, sigan intentando eludir el escrutinio sobre sus prácticas en las clínicas de género», declaró al periódico The Australian.

The Australian ha tratado de ponerse en contacto con los ministros de Sanidad de Victoria, Queensland y Australia Occidental, donde se encuentran las tres grandes clínicas de género del país, así como en Nueva Gales del Sur, donde los médicos han dado la voz de alarma por los riesgos que plantea el modelo de tratamiento afirmativo medicalizado. Ningún ministro ha querido comentar nada acerca de la evolución en Suecia.

«Es un escándalo nacional que los gobiernos estatales estén ofreciendo tratamientos experimentales con resultados desconocidos a largo plazo a un número no precisado de niños y niñas, mientras pasan por alto la inquietud que muestran los expertos y se amenaza a las madres y a los padres con penas de cárcel (en virtud de las nuevas leyes penales contra la ‘terapia de conversión’) si hablan de esas preocupaciones con sus hijos», afirma la senadora Chandler.

La Society for Evidence-Based Gender Medicine (SEGM), que ha destacado la escasa calidad de los datos empleados para justificar estas intervenciones hormonales y quirúrgicas en menores, señala que la postura del Karolinska ha supuesto un «punto de inflexión».

«Uno de los hospitales más prestigiosos del mundo (ha calificado) el ‘protocolo holandés’ de experimental y ha suspendido su uso rutinario fuera de los entornos de investigación», declara la SEGM en un comunicado.

Según el informe, las nuevas normas del Karolinska para la evaluación de la madurez de los pacientes jóvenes y la divulgación de los riesgos e incertidumbres del tratamiento apuntan a que no está claro si los menores de 16 años podrán recibir estos fármacos hormonales incluso en los ensayos clínicos.

En un documento sobre el cambio de política publicado en marzo, el hospital sueco señaló que la sentencia de los jueces ingleses en el caso Tavistock «establece específicamente que el consentimiento informado (para los bloqueadores de la pubertad) es muy dudoso, si es que es posible, en menores de 16 años».

El psiquiatra australiano director de la Society for Evidence-Based Gender Medicine , Roberto D’Angelo, afirmó que el cambio de rumbo sueco hacia la cautela se produjo tras las nuevas directrices finlandesas de ofrecer primero un tratamiento basado en la psicoterapia y las revisiones sistemáticas y los trabajos de investigación en el Reino Unido y Australia, que confirman la falta de calidad de la evidencia para las intervenciones médicas de riesgo que practican las clínicas de «afirmación de género».

«Estas respetadas fuentes deberían impulsar algún tipo de investigación urgente sobre el tratamiento de la disforia de género en Australia, dado que nos llegan estas preocupaciones de fuentes independientes de todo el mundo, que ciertamente no son antitrans», comenta el Dr. D’Angelo a The Australian.

Mientras tanto, la asociación australiana de psiquiatras en ejercicio (National Association of Practising Psychiatrists), presidida por Philip Morris, ha concretado su cauteloso enfoque sobre el tratamiento de la disforia de género en menores de 18 años con una nueva declaración en la que se aconseja que las intervenciones no médicas, como la psicoterapia, sean «tratamientos de primera línea» antes de recurrir a los bloqueadores experimentales de la pubertad.

El documento, publicado el domingo, subraya los rápidos cambios que se producen en la adolescencia, la probabilidad de que en la mayoría de los casos el sentimiento de alienación del cuerpo se resuelva con la madurez y la necesidad de que los profesionales sanitarios tengan una visión de conjunto sobre la angustia de los y las pacientes jóvenes, en lugar de centrarse en el género de forma aislada.

«Un número cada vez mayor de personas que se han sometido a tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas afirman sentir arrepentimiento más adelante y un deseo de detransicionar (dejar las hormonas y volver a adoptar su sexo de nacimiento)», dice la guía de esta asociación.

«Describen un importante sufrimiento psicológico y físico, incluida la pérdida de fertilidad y de la función sexual como consecuencia de las decisiones tomadas en la juventud».

Las pautas de tratamiento que promueve la medicina de género están siendo objeto de un creciente escrutinio, con una revisión sistemática publicada el mes pasado en la revista BMJ Open, muy crítica con la principal pauta internacional de la Asociación Mundial para la Salud Transgénero (World Professional Association for Transgender Health).

Cinco de los seis revisores afirmaron que no aconsejarían a los médicos utilizar la guía de la WPATH de 2012 por su baja puntuación en cuanto al rigor del desarrollo, la aplicabilidad y la independencia editorial.

En este documento de la WPATH se basan las pautas de tratamiento del Royal Children’s Hospital de 2018, que admiten la «escasez de la evidencia de calidad», pero que han sido promovidas como las «más progresistas del mundo» y son utilizadas por todas las clínicas de género de los principales hospitales infantiles de Australia.

Sin embargo, hay indicios de que Nueva Gales del Sur está adoptando un enfoque más independiente, con sus propias directrices y un próximo nuevo «modelo de servicio».

Los médicos especialistas del Hospital Infantil de Sídney, en Westmead, donde se encuentra el principal servicio de género del Estado, han publicado recientemente un artículo de repercusión internacional en el que se plantean muchas inquietudes acerca del modelo afirmativo medicalizado.

Ese artículo científico publicado en abril por la psiquiatra de Westmead Kasia Kozlowska y sus colegas se refiere a las directrices «aún por anunciar» del Ministerio de Sanidad.

El departamento de salud de Nueva Gales del Sur (NSW Health) no respondió a las preguntas de The Australian sobre este aparente cambio de política, pero nos confirmó que la atención de la disforia de género se guiaba por «leyes y políticas» y «también se documentaba» a través de las directrices actuales, incluido el documento del RCH.

En abril del año pasado, NSW Health pareció dar más peso a las directrices existentes al confirmar que «sigue utilizando» los documentos de la WPATH, la Sociedad de Endocrinología y el RCH, que promueven las intervenciones médicas del protocolo holandés.

En una carta enviada este mes al diputado de Nueva Gales del Sur, Greg Donnelly, el ministro de Sanidad de Nueva Gales del Sur, Brad Hazzard, afirma que la sentencia inglesa en el caso Tavistock «no es vinculante para Australia», pero asegura que su departamento «vigilará atentamente» la legislación local sobre el consentimiento de los pacientes, que, según él, es «probable» que siga evolucionando con los «avances en la evidencia médica» sobre la disforia de género.

Christopher Gillberg, reputado investigador sueco especializado en neuropsiquiatría, comentó en 2019 a The Australian que creía que los tratamientos de las clínicas de género para jóvenes eran «probablemente uno de los mayores escándalos de la historia de la medicina».

Una propuesta sueca de 2018 destinada a rebajar la edad, de los 18 a los 15 años, para someterse a cirugía genital sin el consentimiento paterno provocó una oleada de protestas. La cadena pública del país, SVT, emitió un documental de investigación en tres partes sobre las clínicas de género titulado Trans Train, que fue objeto de escrutinio oficial en cuanto a la evidencia relativa al tratamiento.

The Australian ha tratado, sin éxito, de obtener alguna declaración del hospital sueco, el RCH y AusPATH, el grupo de presión australiano que reúne a los profesionales de la medicina de género.

*Bernard Lane ha facilitado a Contra Borrado el acceso al texto completo de este artículo de The Australian.

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