Respuesta de Julia Diana Robertson a la carta anónima de una seguidora que, bajo el pseudonimo «la lesbiana triste» , relata su miedo ante la actual imposición del pensamiento queer. Extracto en español del artículo original. 

Cuando hace unos días recibí otra carta de una lesbiana preocupada por la situación actual, las palabras y los sentimientos expresados ​​en ella me resultaban demasiado familiares. Llevo años recibiendo cartas como ésta por parte de la comunidad lésbica. En su carta me contaba que tenía miedo de «seguirme» en las redes sociales o «dar me gusta» a mis publicaciones, por si se enteraban en su trabajo y la despedían. La carta era anónima, pero me daba permiso para hacerla pública. […]

Tiene miedo de perder su trabajo por un «me gusta». Y aunque me encantaría poder decir que su miedo es irracional, no lo es. Es la realidad que vivimos en estos días. Hasta ese punto hemos llegado .[…]

Mi querida «lesbiana triste»

El acoso implacable que soportamos es agotador. Está destinado a desgastarnos, y que desistamos en la lucha. Así es como han conseguido silenciarnos en las principales organizaciones, y que solo queden unos cuantos bares de lesbianas en los Estados Unidos. Con más motivo, debemos presentar batalla.

Me rompe el corazón leer en tu carta: » Nunca me he sentido tan vilipendiada, ignorada y atacada como lesbiana dentro de la que se supone que es nuestra comunidad, como lo he hecho en los últimos años». Esto es algo que las lesbianas me han confiado en incontables ocasiones, y me preocupa que nos esté causando problemas de salud (emocionales y físicos). Pero algo sí sé, las líderes lesbianas están organizándose en secreto. Todas estamos luchando para cambiar esta situación.

Igualmente muchas otras lesbianas han expresado también su malestar por tener que especificar los pronombres con los que deben ser tratada, debido «a los años que hemos escuchado que las lesbianas no son ‘mujeres de verdad’«. Tienes todo el derecho de expresar tu malestar sin temor a una reacción violenta. Y es terrible que tengas que trabajar en un entorno que te genere tal ansiedad.

En la historia las lesbianas siempre han representado todo lo contrario a las «normas de género«, así que en realidad somos las que más sufrimos esta nueva norma de «confirmar los pronombres» (tanto desde una perspectiva de derechas como de izquierdas). Solo sirve para quitarse la responsabilidad, y consolidar la idea de que existe una forma incorrecta de ser mujer. Así que debes saber que cuando dices «tener que etiquetarme explícitamente con los pronombres de género femenino me devolvió a esa realidad»,  no eres la única. Y seamos sinceras, en la vida real esta moda refuerza la idea sexista de que las lesbianas ‘masculinas’ son «mujeres defectuosas». Si esto no es lo que se pretende, ¿por qué nadie le pregunta a lesbianas ‘femeninas’ que aclaren los pronombres con los que deben ser tratadas? […]

Este sentimiento que tienes de tener que esconderte, es justamente lo que nos veíamos venir, cuando nuestras voces y nuestra autonomía se iban difuminando.

Debes saber que cuando dices: «Tengo miedo de seguirte en Twitter o de dar «me gusta» a tus publicaciones porque me aterra que alguien me identifique …» y » lo reporte en mi empresa», se debe al sindrome de Estocolmo que el movimiento “LGBTQ” ejerce sobre nosotras y que justamente es lo que nos lleva a concluir que la emancipación es nuestra única salida. La ironía de «sacad la L» es que ya está fuera. Si mantienen la letra L es sólo por guardar las apariencias. En lo que respecta a las lesbianas , la alianza ha terminado. […]

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