Por Debbie Hayton

La ideología de la identidad de género es una nueva religión. Sus fieles denuncian a los no creyentes, consiguen estigmatizarlos socialmente y los llevan al tribunal de la fe. La última víctima de la inquisición es el conocido crítico de la fe religiosa Richard Dawkins, a quien la la Asociación Humanista Estadounidense despojó ayer de su premio ‘Humanista del año’ de 1996.

Richard Dawkins, biólogo, humanista y divulgador, es conocido por su posturas sobre el ateísmo y la fe. Como dijo una vez, «la religión es capaz de llevar a la gente a una locura tan peligrosa que me parece que la fe se puede calificar como una especie de enfermedad mental».

La religión tradicional puede haber aflojado su control sobre la sociedad, en el Reino Unido ciertamente, pero nuevas ideologías cuasirreligiosas están echando raíces en espacios que las iglesias han dejado vacantes. A principios de este mes, Dawkins molestó a la brigada transgénero al cuestionar sus creencias fundamentales. Dawkins tuiteó:

En 2015, Rachel Dolezal, presidenta del capítulo blanco de NAACP, fue vilipendiada por identificarse como negra. Algunos hombres optan por identificarse como mujeres y algunas mujeres optan por identificarse como hombres. Serás vilipendiado si niegas que literalmente son aquello con lo que ellos se identifican.

Es una muy buena pregunta, aunque una mejor analogía podría ser la transubstanciación. Quizás soy mejor conocido por ser una persona trans y un científico, pero también soy cristiano. No estoy de acuerdo con Dawkins cuando habla de que la fe es una enfermedad mental. Mi salud mental es fuerte y eso se debe en parte al propósito y la perspectiva que proviene de mi fe. Pero estoy en el mismo barco que Dawkins con respecto al pan y el vino en la mesa de la comunión: es simbólico, ciertamente, pero el cuerpo y la sangre literal de Cristo, no lo es.

Hoy, afortunadamente, ambos podemos hacer esos reclamos sin temor a ser sancionados o cancelados por las autoridades religiosas tradicionales.

Pero cuestiona la ideología de que los hombres pueden convertirse en mujeres solo con el poder del pensamiento y esta nueva mafia caerá sobre ti como una tonelada de ladrillos. Dos días después, Dawkins aclaró su comentario y dijo: «No tenía la intención de menospreciar a las personas trans».

Dawkins no menospreció a nadie, pero sí molestó a los perpetuamente ofendidos. Sin embargo, lo que pareció molestarle fue que se viera que se alía con los «intolerantes republicanos en los Estados Unidos». Pero la suya seguramente fue una declaración del tipo «el cielo es azul». Todos sabemos que el cielo es azul, incluidos los fanáticos, y puede entenderse científicamente como el resultado de la dispersión de Rayleigh en la atmósfera. Solo un ideólogo engañado intentaría afirmar que el cielo es del color que elija para identificarse.

Pero ninguna explicación es lo suficientemente buena para la policía del pensamiento transgénero. A pesar de todo, Dawkins se vio excomulgado por su propia especie. Como informó Steerpike ayer, la Asociación Humanista Estadounidense lo despojó de su premio ‘Humanista del año’ de 1996.

Parece que podemos criticar el cristianismo, pero la ideología transgénero es intocable. Los humanistas estadounidenses dejaron de lado su tradición de pensamiento racional y crítico y condenaron a Dawkins por degradar a los grupos marginados con «un enfoque contrario a los valores humanistas».

Si los grupos marginados, -aunque las personas transgénero apenas están marginadas en el Reino Unido-, están diciendo tonterías, hay que denunciarlo. El catecismo clave de su ideología: ‘Las mujeres trans son mujeres’ simplemente no es cierto. Somos del sexo opuesto a las mujeres. Pero se supone que no debemos debatir esta afirmación, sino que se nos dice ‘Supéralo´ […]

Se ignora la ciencia, se atacan los derechos de las mujeres y se compromete la protección de los niños.

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