La principal organización británica de derechos de los homosexuales está arriesgando su propio futuro al adoptar la autoidentificación de género como su nueva causa.

En 2010, Ben Summerskill, el director ejecutivo de Stonewall, la mayor organización por los derechos de los homosexuales en Gran Bretaña, declaró que la organización «no tenía ninguna opinión» sobre si el matrimonio entre personas del mismo sexo debería ser legalizado. Creada en 1989 para presionar contra la «Sección 28» de la Ley de Gobierno Local, que prohibía la «promoción» de las relaciones entre personas del mismo sexo, era completamente ajena al sentir de la comunidad gay. Tras una encuesta realizada más tarde ese mismo año, que mostró que el 98% quería el derecho a casarse, se disculpó y revocó su posicionamiento. Ahora la organización se encuentra ante una situación incluso más difícil, y su dilación para posicionarse a favor del matrimonio homosexual es uno de los motivos.

Para contrarrestar el error anterior, Stonewall pretende liderar lo que considera la próxima gran causa de derechos civiles: los derechos transgénero. Un número creciente de personas homosexuales piensan que es un gran error, ya que su apoyo a la «autoidentificación de género», una demanda clave de los transactivistas, supone que ya no representa los intereses de las personas atraídas por personas del mismo sexo. El octubre pasado un grupo, formado también por algunos de los fundadores y patrocinadores iniciales de Stonewall, solicitó tener en cuenta que existen otros puntos de vista válidos sobre el sexo y el género; y  reconocer el conflicto de intereses entre el transactivismo y los derechos de las mujeres. Un año después, Stonewall no muestra signos de ceder. Así que este grupo se ha decidido a fundar una nueva organización, llamada provisionalmente Alianza Lesbiana y Gay, para seguir adelante con la misión original de Stonewall.

Cuando en 2014 el matrimonio homosexual se legalizó, Stonewall se enfrentó al desafío al que se enfrentan muchas organizaciones benéficas; habían logrado todas sus grandes metas. La edad de consentimiento se había igualado, y la Sección 28 ya no existía. Stonewall podría haberse relajado y concentrado en combatir los restos existentes de la homofobia. En cambio, bajo un nuevo director ejecutivo, Ruth Hunt, comenzó una nueva gran campaña, agregando la «T» a la «LGB» de Stonewall y disculpándose por no haberlo hecho antes.

La Ley de Reconocimiento de Género de 2004, que permitía a las personas diagnosticadas con disforia de género (angustia severa en relación a el propio cuerpo sexuado) cambiar su sexo en el registro, apenas tenía una década. Pero los transactivistas ya estaban haciendo campaña para reemplazarlo por la «autoidentificación de género», que permite cambiar el sexo inscrito en los certificados de nacimiento mediante una mera solicitud. Esto concuerda con la doctrina posmodernista, desarrollada en los departamentos universitarios de estudios de género, de que lo que hace a los individuos hombres o mujeres no es su biología, sino su «identidad de género», algo entre una esencia interna, que solo puede conocer su poseedor, y los estereotipos de apariencia y comportamiento masculinos o femeninos.

Stonewall se ha volcado por completo por la autoidentificación de género. Ahora su glosario en línea describe el sexo biológico como «asignado al nacer» (presumiblemente por una partera con un sombrero de estilo Hogwarts). «Gay» y «lesbiana» conllevan la atracción del mismo género, no del mismo sexo. Y la «transfobia» es el «miedo o repulsa hacia alguien por el hecho de ser trans, incluyendo el rechazo o la negación de su identidad de género». De golpe, cualquiera que se declare exclusivamente atraído por personas del mismo sexo se ha vuelto intolerante.

En la mayoría de países de habla inglesa, el apoyo a la autoidentificación de género ha ido más allá que en Gran Bretaña. Es ley federal en Canadá y ley estatal en gran parte de América. Australia, e Irlanda y Nueva Zelanda también tienen versiones. Y es que en Gran Bretaña, un vigoroso movimiento feminista ha mostrado su oposición. El gobierno acaba de hacer saber que el debate sobre la autoidentificación de género ha sido aplazado. Sin embargo, Stonewall, sigue actuando como si ya fuera ley.

Campañas y acciones

Ya casi ninguna de sus campañas hace referencia a los derechos de gays o lesbianas, y más bien se centran en dos objetivos: eliminar los espacios y servicios exclusivos para mujeres; y atacar a personas que se describen a sí mismas como exclusivamente orientadas al mismo sexo, especialmente si son mujeres.

En 2015, Stonewall presionó al gobierno para reemplazar «sexo» por «identidad de género» en la Ley de Igualdad de 2010. Esta ley enumera nueve «factores de discriminación», como religión, edad y la «reasignación de género» (presentarse o querer presentarse como miembro del sexo opuesto). La discriminación en base a uno de estos factores conlleva un delito. También solicitó la supresión de las «excepciones de segregación sexual» que hacen que en algunas circunstancias esté permitido ofrecer instalaciones para un solo sexo. Si Stonewall hubiera tenido éxito, se habría vuelto ilegal restringir cualquier espacio o servicio, incluidos vestuarios, salas de hospitales o centros de crisis por violación, a un solo sexo.

‘Las instalaciones mixtas hacen que muchas mujeres se sientan menos cómodas y seguras, y dejan a algunas mujeres religiosas sin otra opción que autoexcluirse

Estas modificaciones no fueron aceptadas, pero Stonewall actúa como si así fuese. Por ejemplo, en septiembre Jeffrey Ingold, su jefe de prensa, escribió una serie de tuits en los que afirmaba que la Ley de Igualdad requería que todas las instalaciones exclusivas para mujeres admitieran a mujeres trans (es decir, hombres que se identifican como mujeres). Las personas que han asistido a los cursos de capacitación en diversidad de Stonewall dicen que sus entrenadores suelen hacer afirmaciones similares. De hecho, la Ley dice que incluso los pocos miles de mujeres trans que han cambiado legalmente su sexo pueden ser excluidas, si es «necesario para lograr un objetivo legítimo». Las mujeres trans que no han utilizado la Ley de reconocimiento de género para cambiar su sexo legal siguen siendo hombres legalmente, aunque cuenten con el factor de discriminación de la reasignación de género. Por lo tanto, se permite su exclusión de las instalaciones de mujeres.

La Ley de Igualdad también exige que se tengan en cuenta los derechos de las mujeres y las personas con creencias religiosas. Pero las recomendaciones de Stonewall ignoran estos puntos.

Las instalaciones mixtas hacen que muchas mujeres se sientan menos cómodas y seguras, y dejan a algunas mujeres religiosas, incluyendo musulmanas conservadores y judías ortodoxos, sin otra opción que autoexcluirse. Dado que tanto el sexo como las creencias religiosas son también factores de discriminación recogidas en la Ley de Igualdad, las empresas que siguen las demandas de Stonewall se arriesgan a ser discriminatorias.

Una empresa que quiera dar una imagen moderna puede inscribirse como un «Campeón de la Diversidad» de Stonewall, demostrando así que es «completamente trans-inclusivo». La principal medida que deberán adoptar según Stonewall  es hacer que los inodoros y los vestuarios sean «respetuosos con el género». No importa que en la práctica esto signifique simplemente cambiar los letreros en las puertas, haciendo que todos los baños sean accesibles para los hombres, y obligando a las mujeres a compartir el espacio que anteriormente era suyo, y siendo poco probable que éstas usen las instalaciones con urinarios, concebidas anteriormente para los hombres.

El Stonewall inicial formó coaliciones en torno a temas específicos, incluso con grupos religiosos que consideraban la homosexualidad como perversa y pecaminosa, pero que podría llegar a apoyar la igualdad de todas las minorías ante la ley. «En lugar de tachar a personas de homofóbicas, debemos abordar preocupaciones reales», afirma Simon Fanshawe, uno de los cofundadores de Stonewall. Los transactivistas denominan algunas preocupaciones reales como fobia, continúa, “Si tienes pene y afirmas ser una mujer, las mujeres que tienen miedo de los hombres te seguirán teniendo miedo. No es una cuestión de prejuicios; es una realidad. Aún no sé cuál es la solución, pero estoy seguro de que no se encontrará llamando a la gente escoria».

Sacad la «L» de lesbiana

El abandono a las mujeres atraídas por personas del mismo sexo por parte de Stonewall es seguramente lo más llamativo. Redefinir la orientación sexual para referirse al género, en vez de al sexo, afecta a todos en teoría; en la práctica, las lesbianas se llevan la peor parte.

La mayoría de los defensores trans con posiciones de poder son mujeres trans atraídas por mujeres, en otras palabras, hombres heterosexuales que, como mujeres trans, se describen a sí mismas como lesbianas. Y se estima que el 90 por ciento de ellas nunca se somete a una cirugía de reasignación de género.

Stonewall insiste en que se acepte como lesbianas a estas mujeres trans, por encima de los límites sexuales de las mujeres atraídas por personas del mismo sexo. Por algún motivo, los hombres homosexuales están bajo mucha menos presión para aceptar parejas con cuerpo femenino. En el Orgullo del año pasado en Londres «Get the L Out» («Sacad la L»), un pequeño grupo de mujeres que pedían a las lesbianas que abandonaran las organizaciones «LGBT» como Stonewall, se abrieron camino hasta la cabecera de la manifestación, agitando pancartas en las que se podía leer frases como «el transactivismo borra a las lesbianas» o «lesbiana significa hembra homosexual». En una declaración, Hunt llamó a las mujeres «transfóbicas» y dijo que estaban difundiendo «mitos y mentiras». En el Lancaster Pride de este año, las mujeres agitaban pancartas que decían «las lesbianas no tienen penes» y «defender a las mujeres no es transfobia«. Fueron acorraladas y amenazadas por un grupo más numeroso y compuesto principalmente por hombres (de identidad de género desconocida). «¡Gracias! Hicisteis lo correcto», tuiteó Jan Gooding, el presidente de la junta de Stonewall, como respuesta. Una organización que durante décadas luchó contra el acoso homofóbico ahora lo alienta activamente.

«Tan pronto como Stonewall cambió la definición de la orientación sexual haciendo referencia a la identidad de género, renunció a su misión», afirma Bev Jackson. En 1970 era estudiante de matemáticas en la London School of Economics. Asistió a la primera reunión del Frente de Liberación Gay ese año, siendo la única lesbiana junto con 19 hombres homosexuales. El impacto nocivo del transactivismo la ha impulsado a volver a entrar en una batalla que pensó que había ganado hace mucho tiempo. «En aquellos días, había hombres heterosexuales que querían tener sexo con lesbianas, porque seamos sinceros, los hombres heterosexuales siempre han encontrado a las lesbianas excitantes», dice ella. “Pero ahora tienes hombres, que se identifican como mujeres, y quieren tener sexo con lesbianas. En realidad, la situación ahora es peor porque las lesbianas ya no tienen ninguna organización que las defienda «.   

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