El Comité Olímpico Internacional ha publicado nuevas directrices sobre la participación de personas transgénero en el deporte de competición. Sustituyen a las que dictó en 2015 para permitir que los atletas autoidentificados como mujeres compitieran en las categorías femeninas siempre que redujeran sus niveles de testosterona en sangre a 10 nanomoles/litro durante al menos 12 meses. Las nuevas directrices niegan que deba darse por supuesta una ventaja competitiva de los varones sobre las mujeres.

El nuevo marco del COI establece que no debe presumirse que los transfemeninos tengan una ventaja automática sobre las mujeres, una opinión desmontada por la evidencia científica y que invierte la posición anterior del COI.

Las directrices del COI son un marco de referencia para las federaciones, entidades y organismos deportivos.

Según el documento conocido el pasado 16 de noviembre, «debe ser competencia de cada deporte y de su órgano de gobierno determinar de qué manera un/a deportista puede tener una ventaja desproporcionada frente a sus compañeros/as, teniendo en cuenta la naturaleza de cada deporte. Por lo tanto, el COI no está en condiciones de emitir reglamentos que definan los criterios de elegibilidad para cada deporte, disciplina o evento en las muy diferentes jurisdicciones nacionales y sistemas deportivos».

El COI establece, por tanto, que cada deporte determine sus propias reglas para la participación de varones autoidentificados como mujeres en el deporte femenino. Esas reglas deben demostrar que existe una ventaja injusta o desproporcionada de los varones sobre las mujeres.

El COI da una de cal y otra de arena. Reconoce que «la mayoría de las competiciones deportivas de alto nivel se organizan en categorías masculinas y femeninas que compiten por separado«, afirma que se «pretende garantizar que la competición en cada una de estas categorías sea justa y segura»  pero también establece «que los deportistas no sean excluidos únicamente por su identidad transgénero o sus variaciones sexuales».

La insistencia del Comité Olímpico en «garantizar una competición segura y justa en el contexto de la inclusión y la no discriminación por motivos de identidad de género y variaciones sexuales» abre la puerta a que las categorías dejen de estar segregadas por sexo.

Más explícito aún es el punto «Discriminación» en que se afirma «Los criterios de elegibilidad deben establecerse y aplicarse de forma equitativa y de manera que no se excluya sistemáticamente a los deportistas de la competición en función de su identidad de género, apariencia física y/o variaciones sexuales».

Es decir, el COI no tiene en cuenta que todo varón que se haya desarrollado con testosterona  obtiene ventajas competitivas derivadas de ese desarrollo: mayor densidad ósea, mayor capacidad pulmonar, mayor masa muscular, mayor tamaño o altura promedio, ventajas que no desaparecen ni siquiera tras años de hormonación.

En los criterios para establecer si un varón puede competir contra mujeres, el COI apuesta por utilizar el deporte femenino para validar identidades poniendo en peligro las categorías deportivas femeninas cuando afirma que «No se debe impedir a ningún deportista que compita ni excluirlo de la competición por el motivo exclusivo de una ventaja competitiva injusta no verificada, supuesta o percibida, debido a sus variaciones sexuales, apariencia física y/o condición transgénero» y que «no se debe considerar que los deportistas tienen una ventaja competitiva injusta o desproporcionada debido a sus variaciones sexuales, apariencia física y/o condición transgénero».

El COI no tiene en cuenta que todo varón que se haya desarrollado con testosterona  obtiene ventajas competitivas derivadas de ese desarrollo

Negando la evidencia de que en la casi totalidad de los deportes (salvo excepciones puntuales) los cuerpos masculinos tienen ventajas competitivas sobre las mujeres, el COI establece que cada deporte debe realizar una investigación «que demuestre una ventaja competitiva constante, injusta y desproporcionada en el rendimiento y/o un riesgo no evitable para la seguridad física de otros/as deportistas». Si los criterios aplicados por un deporte impiden que un varón transgénero pueda competir contra mujeres, ese deportista «deberá poder impugnar la decisión final de las federaciones internacionales u otras organizaciones deportivas». 

El COI obliga a las federaciones internacionales u organismos deportivos a demostrar la ventaja competitiva de los varones en un deporte determinado pero anima a que los varones excluidos impugnen la decisión. A nadie escapará la inseguridad que generan estas directrices para las federaciones y organismos deportivos.

Con sus directrices, el COI ignora las demandas de las deportistas y de las organizaciones de mujeres que, como Fair Play for Women, Save Women´s Sports y la Alianza CBM, han advertido de que las ventajas competitivas de los varones frente a las mujeres son una evidencia científica y que el deporte femenino no puede ser sacrificado para validar las identidades sentidas de algunos varones. De hacerlo, será el principio del fin del deporte femenino.

El COI se aparta también del criterio establecido, por ejemplo, por los cinco Consejos Deportivos del Reino Unido. Esos Consejos han determinado que no hay una solución mágica que equilibre la inclusión de transfemeninos en el deporte femenino al tiempo que se garantiza la equidad competitiva y la seguridad para las mujeres y que, por tanto, las instituciones deportivas tendrán que elegir qué priorizan: la justicia, equidad y juego limpio para las mujeres o la satisfacción de deseos masculinos basados en identidades sentidas.

(La Alianza CBM ha traducido el comunicado del COI. Está disponible en el enlace)

Texto del comunicado

 

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