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Por el Dr. Angus McKellar (médico de atención primaria de Harris) y el Dr. Antony Latham (médico de atención primaria de Harris y presidente del Consejo Escocés de Bioética Humana)

Como médicos de atención primaria, nos preocupa mucho el reciente aumento exponencial del número de niños, sobre todo niñas, que acuden al médico con un cuadro de disforia de género. En concreto, se está dando cada vez más una forma de disforia de «inicio rápido».

En Londres, el «Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género» (GIDS, por su sigla inglesa) de Tavistock multiplicó por 20 el número de derivaciones entre 2011 y 2019 y actualmente tiene una lista de espera de más de 5000 niños y niñas. La clínica Sandyford, en Escocia, tiene una lista de espera de más de 900 menores, un aumento de 749 desde 2017.

Tenemos el privilegio de poder escuchar a nuestros pacientes, entender sus preocupaciones y llegar a comprender juntos sus problemas. Es maravilloso acompañar a nuestros pacientes y a sus familias en su camino, a menudo durante muchos años. Siempre tratamos de actuar por su bien y de no causarles ningún daño. Reconocemos la gran angustia que experimentan los y las niñas con disforia de género.

Hemos estudiado la literatura sobre la disforia de género infantil y hemos seguido el caso de Keira Bell, que recientemente presentó una demanda judicial contra la clínica Tavistock a la que acudió de niña. Ella, y cada vez más personas, han destransicionado, reafirmando su sexo biológico, pero habiendo sufrido cambios irreversibles en sus cuerpos a causa de las hormonas sexuales y la cirugía.

Está comprobado que al menos el 80 % de los y las niñas que presentan disforia de género se sentirán cómodos con su sexo biológico a su debido tiempo si se sigue una política de espera atenta. Las investigaciones demuestran que la mayoría tienen problemas sociales y de salud mental importantes que deben abordarse como prioridad principal.

Sin embargo, a la mayoría de menores con disforia de género se les sigue recetando bloqueadores de la pubertad. Más del 95 % de estos menores se someten a tratamientos hormonales y a operaciones quirúrgicas que provocan cambios irreversibles en sus cuerpos. Niños de tan solo 10 años han sido sometidos a estos procedimientos.

Las preguntas que nos hacemos como médicos generalistas son las siguientes: ¿Cómo debemos atenderles si se cree que el tratamiento biomédico de estos niños con disforia de género les perjudicará tanto física como psicológicamente? ¿Tienen estos niños la capacidad de tomar decisiones que cambiarán su vida para siempre mediante lo que aún es un tratamiento experimental?

¿Y si un médico de cabecera cree que el sexo biológico es inmutable? ¿Estamos obligados a recetar bloqueadores de la pubertad?

¿Se encuentran en peligro los médicos generalistas por los litigios que seguramente se plantearán?

Hemos escrito a nuestro consejo de salud y al gobierno escocés con algunas preguntas sencillas. En primer lugar, ¿se nos consideraría transfóbicos si decidiéramos no derivar a los niños a una clínica de género (suponiendo que esto pudiera perjudicarles, indicándoles a cambio una vía de derivación alternativa, si así lo desean)? En segundo lugar, ¿se consideraría transfóbica la opinión profesional de que el sexo es inmutable?

Nuestro consejo de salud no quiso dar una respuesta clara y nos pidió que lo aclaráramos con el Servicio Nacional de Salud (NHS) escocés. El NHS escocés, tras un retraso de seis meses, nos respondió que debíamos pedir aclaraciones a nuestro consejo de salud.

Escribimos esto porque los médicos generalistas están bajo presión para cumplir con la tendencia actual de afirmar, derivar y luego tratar. Si no estamos de acuerdo con este enfoque, ¿cuáles son las implicaciones?

Es hora de tener un debate mesurado sobre el papel de los médicos generalistas que pretenden ayudar a los y las niñas con disforia de género.

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