Comparte esto:

Por Lorena G. Maldonado.

Las aguas del Orgullo LGTB de 2022 vienen revueltas: el movimiento se encuentra más escindido que nunca -tras años incómodos con la cuestión de los vientres de alquiler, apoyada por un sector del colectivo gay- a cuenta de la Ley Trans, medida estrella de Irene Montero.
La actriz y cantante trans Jedet manifestaba hace unos días que, a su juicio, la ministra «lo que quiere es ponerse el pin de progre, de guay, de moderna e inclusiva», pero que «lo que le está haciendo a mi colectivo es una putada». Expresaba también que su experiencia como mujer trans era distinta a la de una mujer biológica, que no eran «lo mismo» y que «no pasa nada».
En realidad, sí pasa: el acoso que ha sufrido a raíz de sus opiniones la ha llevado a cancelar su pregón en el Orgullo de Granada e incluso la marca de maquillaje Krash Kosmetics ha retirado los productos que llevaban su nombre. La tildan de «tránsfoba». No sólo a ella, sino a cualquier persona que se muestre crítica con la autodeterminación de género impulsada desde Igualdad. Muchas de estas voces disidentes pertenecen a gays, lesbianas o bisexuales activistas y férreamente comprometidos con los derechos del colectivo. ¿Por qué? ¿En qué momento se produjo la fractura? ¿Realmente la Ley Trans está colisionando con los intereses de la L, la G y la B?
Intereses distintos

Lo explica la histórica socialista y feminista Ángeles Álvarez -ella fue la primera diputada y parlamentaria en las Cortes Generales que se declaró abiertamente lesbiana-: «Yo no me siento alejada de nadie, tampoco de la ‘T’. Cada uno puede hacer lo que le dé la gana. Pero las siglas del colectivo recogen realidades diferentes: unas tienen que ver con la orientación sexual y otras con lo que ahora se llama ‘identidad de género’. Hay dos bloques. En los últimos años también se le ha añadido la ‘Q’, que no tiene que ver con ninguna de las anteriores y un ‘plus’ que no sabemos qué significa: es un símbolo que puede dar cabida a lo que desee cada cual…», lamenta. «Así no se puede definir la agenda de un colectivo, porque hay intereses que no son coincidentes».

«La Ley Trans vulnera los principios básicos del deporte e introduce elementos de inequidad».
Álvarez celebra los aspectos positivos de la Ley LGTB, pero apunta que la Ley Trans «introduce elementos distorsionantes que colisionan con la Ley de Igualdad, con los criterios estadísticos y que ponen en riesgo los llamados ‘espacios seguros para las mujeres'»: «Se vulneran los principios básicos del deporte, por ejemplo. Esta ley abre el melón de que puedan participar en categorías deportivas femeninas personas autodenominadas mujeres que juegan con ventaja competitiva. Así vulneran los derechos de las deportistas, porque las mujeres nunca van a poder conseguir esas marcas ni esos podios. Hay elementos de inequidad», relata.
«Todo el mundo tiene derecho a hacer deporte, pero no a jugar con ventaja», guiña, mientras lamenta que tantas federaciones y organizaciones LGTB promuevan esta ley «sin haberse parado a reflexionar cómo afecta a los derechos de las mujeres». Este enfrentamiento, asegura, «no atiende a la agenda del movimiento LGTB, sino del transhumanismo».
El sexismo ‘trans’
Ángeles se define como «una lesbiana que podría entrar en la definición de mujer no estereotipada» según los criterios del sexismo. «Eso que hemos llamado tradicionalmente ‘tener pluma’ en ambientes de gays y lesbianas no puede usarse, como se hace ahora, como un elemento para sugerirle a un niño o una niña que puede ser trans, como ocurre en determinados centros educativos. Ese discurso se vuelve reaccionario. El apostar por tener un determinado aspecto o determinados comportamientos no cambia tu sexo», alicata.
Es cierto que las lesbianas -y feministas- llevan siglos luchando contra el arquetipo de la mujer ‘que hay que ser’: la hipersexualizada, la canónica, la sumisa, la moderada, la complaciente, la apasionada por tareas ‘de chicas’ como la costura o la cocina, que remiten al cuidado del hogar. ¿Y si una niña quiere llevar el pelo corto? ¿Y si no tiene pechos? ¿Y si le gusta jugar al fútbol? ¿Y si se siente cómoda vistiendo con ropa ancha y deportiva? ¿Eso la convierte en un niño, eso debería invitarla a ‘transicionar’? Aquí una colisión importante entre el discurso trans y el de gays y lesbianas: la cuestión del sexismo. ¿Cuáles serían los rasgos de la personalidad, de la vestimenta o de las filias y fobias que nos categorizarían como ‘hombres’ o ‘mujeres’?
«A las niñas que experimentan ‘malestar de género’ les dicen que se hormonen y operen»
«Me preocupa», chasquea Álvarez. «Ahora, en los centros educativos, a las niñas que experimentan ‘malestar de género’, es decir, que están incómodas con los papeles que se les asignan a las mujeres en el modelo tradicional, les están diciendo ‘si tú no estás a gusto, lo mejor es que tomes bloqueadores de la pubertad, te hormones o te operes’. Es lo que llamamos ‘disforia por contagio social’. Gente que no tiene nada que ver con la transexualidad a la que se la está redirigiendo a ese camino», apunta.
Los ‘desistidores’
El catedrático de la UNED Antonio Guillamón, que acaba de publicar un libro con el resultado de años de investigación sobre las bases psicobiológicas de la identidad de género -llamado Identidad de Género. Una aproximación psicobiológica (Sanz y Torres)- se refiere también a esta confusión adolescente: «Como han visto investigadores holandeses, una parte importante de los niños que llegan a la pubertad diciendo que son niñas o viceversa, después desisten. Más tarde alcanzan la consciencia de ser personas homosexuales conformes con su identidad. Algunos llegan a la pubertad sin haber consolidado previamente la identidad y a veces se confunde la identidad con la orientación sexual», detalla.
Álvarez lo secunda: «El 85% de estos niños desisten en cuanto pasan a la pubertad. Además, afortunadamente, en este país hemos tenido una ley de transexualidad del año 2007 que no ha sido conflictiva en absoluto», recuerda. «El problema es la ley actual, que, por cierto, no menciona ni una vez la palabra ‘transexual’. ¿Sabes por qué? Porque no es una ley hecha para garantizar los derechos de las personas transexuales, sino que provoca que cualquiera -sea o no transexual- pueda hacer un cambio registral de sexo. Esta Ley afecta a las personas LGTB tal y como está planteada, y algo mucho peor: atenta contra los y las menores».
Y hay más: «Estamos ante un discurso que dice que una persona con genitalidad masculina puede ser lesbiana», alega, en alusión a las mujeres trans que se definen como lesbianas. «No, mire usted. Son personas heterosexuales». Álvarez cree que hay muchas más personas del colectivo que piensan así pero no se atreven a expresarlo en público «porque hay miedo».
“Irene Montero es la ministra que vino a dividir al movimiento feminista».
«Como comprenderás, tengo muchos amigos en el ambiente y me comentan su incomodidad. Hay un señalamiento público, actúan como una auténtica Inquisición. Hay aparatajes de censura». Si le decimos «Irene Montero», ¿qué dice Álvarez? «De ella sólo tengo que decir que es la ministra que vino a dividir al movimiento feminista». Punto.
¿Lesbiana u hombre trans?
En la misma línea opina Adriana Arcidiacono, integrante de la red LGB -sin la ‘T’-. Ella estuvo a punto de transicionar antes de reconocerse como mujer lesbiana. «De pequeña yo quería ser un niño. Le robaba los calzoncillos a mi hermano, le decía a los niños del parque que me llamasen ‘Adrián’. Odiaba ser una niña. Odiaba mis pechos. Llevaba el pelo corto y no había forma de ponerme un vestido. Tenía la esperanza de que al crecer acabase siendo hombre, pero, por supuesto, no fue así», cuenta a este periódico. «Crecí en un contexto muy religioso, mi familia era mormona, y el hecho de reconocer que era lesbiana fue para mí como un bofetón en la cara, me daba un miedo increíble».
Adriana se crió en Holanda, en un ambiente «donde apenas había a mi alrededor chicas lesbianas, pero sí muchas chicas que transicionaban a chico, y eso me hizo pensar que a lo mejor era lo que yo tenía que hacer», esboza. «Yo decía: ‘Si soy una mujer lesbiana, ¿qué chica va a querer estar con una chica que va con pintas de tío?’ En mi cabeza no tenía sentido que una mujer lesbiana quisiese estar con una chica masculina, por así decirlo».
Tenía ataques de pánico y acudía a tratamiento, así que en un momento dado le planteó la cuestión a su psicóloga, que rápidamente la dirigió a la sexóloga asegurándole que tenía que transicionar para sentirse bien. «Yo no me terminaba de creer el cuento. No entendía por qué tenía que ir en contra de mi propia genética. ¡Es tan fácil para cualquier ser humano sentirse inseguro de sí mismo…! Mientras, hacemos ricos a las industrias de la estética y la farmacología, a la vez que lo pintamos de color ‘LGTB’, de amor y de cosas bonitas. Pero es una trampa».
¿Disforia = transición?
«La psicóloga quería que fuese a transicionar porque sólo conocía ese método. Disforia = transición», resopla. «Afortunadamente, mi madre, que siempre ha sido más abierta de mente, intervino y empezamos a leer a feministas radicales. Entendí que todo esto era una gran barbaridad y que esas operaciones y hormonaciones tienen consecuencias terribles para la salud». Terminó de cerciorarse al regresar a España, donde encontró «un movimiento feminista más desarrollado, porque en Holanda era todo muy neoliberal y alienado, hay una gran falta de movimientos sociales».
«Aquí empecé a salir con una chica feminista y fui recobrando mi autoestima, porque entendí que alguien me puede querer de la forma en la que yo soy, sin tener que disfrazarme de otra persona ni pasar por mil operaciones. Menos mal: hubiera jodido mi vida para siempre, y mi vida sexual también». Su opinión hacia Montero es «cruda», porque le parece «una vendida» que está promulgando «leyes sexistas» que afectan a la «infancia y la adolescencia» y sólo beneficia «a cuatro tíos que quieren autodeterminarse mujeres de un día para otro».
«La solución de Irene Montero… es como si coges a una persona con anorexia y le das pastillas para que adelgace más»
«Me da pena porque la infancia y la adolescencia es una época muy sectaria, muy emocional, poco crítica… Yo le diría a las personas que hayan estado en mi situación que se quieran y cuiden su cuerpo, porque va a estar con ellos siempre. Que no lo mutilen, que no lo hormonen. No es bueno transformar el cuerpo si no es por una necesidad médica. La solución de Irene Montero… es como si coges a una persona con anorexia y le das pastillas para que adelgaces más. Sólo retroalimenta el problema», clausura Adriana.
No hay cuerpos equivocados
Guillermo Magán es técnico de integración social especializado en Violencia Machista y Programas de Inserción laboral para población en exclusión social. También es gay y militante. «Hay una ideología trans-queer, impulsada por multinacionales de la industria farmacológica y estética, que está haciendo creer a jóvenes gays y especialmente a jóvenes lesbianas que han nacido en el cuerpo equivocado. Es mentira. Nadie nace en el cuerpo equivocado», apunta Magán.
«Piensa en el transexual tradicional que conocimos en los años 90. Era un varón homosexual que provenía de entornos homofóbicos, rurales, con familias retrógradas. El desencadenante de su disforia era la homofobia y el sexismo social. Piensa en La Veneno, Bibiana Fernández o Antonia San Juan. ¿Qué ha pasado ahora? Que se han sumado las redes sociales, la ideología de género importada de EEUU, la hipersexualización y presión insoportable que hay sobre los cuerpos de las mujeres… y se ha dado la vuelta a la tortilla.
Ahora la mayoría de personas que transicionan son chicas que quieren ser chicos porque no se sienten a gusto con el rol de la feminidad pornificada que se les está imponiendo».
Magan apunta a que estas niñas «van huyendo de la feminidad que los medios de comunicación de masas les inculcan, estilo Kim Kardashian, Cardi B., Niki Minaj». Y expresa que le molesta que la ideología trans «esté reescribiendo la historia»: «Stonewall no lo inició una transexual negra, como dicen tanto ahora. El primer ladrillo lo tiró Storme DeLarverie, una mujer lesbiana, y de eso hay testigos, como el veterano activista gay Fred Sargeant».
Cultura de la violación
Guillermo asegura que «cada vez hay más gays y lesbianas que nos queremos separar de estas ideas absurdas y acientíficas, que parece que quieren legislar en base al horóscopo». Alude a «la cultura de la violación que esconde el transgenerismo»: «Se está diciendo a mujeres lesbianas que si no se acuestan con una autodenominada mujer -¡con pene!- son tránsfobas. Si se niegan, habla del ‘techo de algodón’, que hace referencia a las bragas de las lesbianas como barrera infranqueable… Se está diciendo a gays -desde anuncios de saunas- cómo hacer cunnilingus a otros ‘hombres’. No: el coito vaginal no es una práctica sexual gay. No hay nada más incel y abusador que exigirle relaciones sexuales a una persona», subraya.
«Se está diciendo a mujeres lesbianas que si no se acuestan con una autodenominada mujer -¡con pene!- son tránsfobas»
Magan asegura que la Ley Trans no sólo no supone ningún avance de derechos LGTB, sino que implica «una heterosexualización de nuestra existencia». «Irene Montero es la verdadera enemiga del colectivo, por lo menos, de las personas atraídas hacia gente de nuestro mismo sexo. Es inepta, nefasta, magufa, y se está cargando el trabajo hecho durante décadas. Son principalmente gays y lesbianas los que están siendo castrados y medicalizados de por vida. Es absurdo, porque el sexo no se puede cambiar, sólo pueden ficcionarlo».
Por su trabajo, Guillermo atiende todos los días a personas transexuales. «Charlo con ellas, las llamo con el pronombre que me pidan que use. No soy tránsfobo porque no les tengo ningún ‘miedo irracional’. Mi problema no es con ellos, sino con que haya llegado a las instituciones este delirio de ‘si me pinto un bigote, ya soy chico’, esta absurda performatividad». Cree que este discurso está basado en el «chantaje emocional», en el «¿cómo puedes decirle eso a gente que sufre?». «¿Y qué? Yo también sufro. Y no por eso, ni por pertenecer al colectivo, voy a comprar que señores heterosexuales autodenominados mujeres se conviertan en adalides de nuestro movimiento».
¿El ‘género’ es un ‘alma’?
Laura Rivas, bisexual y portavoz de Red LGB, manifiesta su preocupación porque «mujeres lesbianas estén transicionando o declarándose no binarias». El ejemplo más conocido a nivel internacional es Ellen Page -ahora Elliot-. A nivel nacional, Yellow Mellow, que hace apenas un mes declaró que se iba a someter a una mastectomía porque tenía disforia y se siente «no binaria». «Lamento que no vean que ellas no tienen ningún problema, que nada en ellas está mal, es la sociedad la que lo está. Las lesbianas siempre han ido contra la feminidad normativa», dice Rivas.
La identidad de género, explica Laura, es todo aquello contra lo que ha luchado el feminismo. «Es un estereotipo. Se refieren a ella como a un ‘alma’, como a una creencia religiosa que no se sostiene por ninguna evidencia científica. ‘Me siento’ mujer. Eso no existe. Mujer se nace. No existe el ‘sentimiento mujer’ si no es en base a unos arquetipos sexistas», desarrolla.
¿Qué opina de la reciente sentencia del juez encargado del Registro Civil de Ourense, que ha concedido el cambio registral de sexo a un niño de ocho años, en cuya partida de nacimiento figuraba como mujer, al valorar la «suficiente madurez» y su «situación estable de transexualidad»? «Si te lees la sentencia puedes ver lo machista que es. Los padres dicen que la niña es ‘trans’ porque juega con niños, porque tiene un mejor amigo niño, porque le gusta subirse a las cosas, porque lleva el pelo corto…».
Laura cree que la ley Trans va contra las mujeres y contra las personas LGB «que se salen de la norma». Recuerda que en Irán, por ejemplo, la homosexualidad conlleva pena de muerte, pero la transexualidad es aceptada. «Es tan evidente… lo sabemos todos, pero hay un miedo terrible a ser señalado, y hay cierta culpa histórica hacia el colectivo trans… hay silencio médico, aunque con honrosas excepciones. La gente tiene miedo a nombrar las cosas por su nombre», chasquea.
Terapias de ‘conversión’
«La Ley Trans que quieren aprobar, por cierto, multa a cualquiera que haga comentarios LGTBIfóbicos y que haga terapias de conversión. Bien. El problema es que se está criminalizando cualquier crítica. Es censura como potestad administrativa, es inconstitucional y viola nuestro derecho a la libertad de expresión. Si algo es delito de odio o no, lo tendrá que decidir un juez», apuntala.
Y continúa: «En el apartado de ‘terapias de conversión’ lo mezclan todo: están las que sufren las personas homosexuales, que son maltratos religiosos, sin duda. Pero es que ahora cualquier terapia, como a la que podemos acudir tú o yo, para conocernos, para reforzar nuestra autoestima… ¡se va a criminalizar! Si una persona acude al médico por un problema de disforia -que es síntoma de un problema psiquiátrico, como la depresión o un ataque de ansiedad- y ese médico le ayuda a rebajarla, le acusarán de practicar terapia de conversión. Es una utilización espúrea del término y se prohíbe a los profesionales hacer su trabajo».
«Se está prohibiendo a los profesionales de la psicología y psiquiatría hacer su trabajo y se está abandonando a las personas con disforia»
«Imagina que tu niña está diciendo que odia sus pechos y sus genitales y el profesional que la atiende no puede indagar en ello por si le quitan la licencia y le calzan una multa de 150.000 euros. Es un abandono total a las personas con disforia», lamenta. La inquieta también la presión que sienten las mujeres lesbianas a la hora de relacionarse con las llamadas «mujeres trans» -como ha señalado Magan anteriormente- y denuncia que se las somete al ostracismo si se atreven a decir en voz alta «que no quieren relacionarse en sus espacios seguros con una persona con genitales masculinos».
¿Qué opinión le merece el trabajo de Irene Montero? «Se ha apropiado primero del feminismo y luego del movimiento LGTB, pero yo responsabilizo al Gobierno entero. Pedro Sánchez es igual de responsable y se escuda detrás de ella. Es sangrante porque a Montero le hemos pedido reuniones una y otra vez y no nos escucha. Están abandonando a los jóvenes en procesos horribles que van a afectar para siempre a su salud», clausura.
Comparte esto:
Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad