Imagen: Woman´s Place UK

Al igual que las sufragistas, denostadas también como ellas, las mujeres del Reino Unido se han organizado para defender sus derechos frente a la oleada transgenerista. Ignoradas por los sindicatos, partidos políticos progresistas, entidades deportivas, ongs de derechos humanos…han decidido crear sus propias organizaciones. Son la resistencia, y, según Janice Turner, han llegado para quedarse

[…] Nunca jamás subestimes el poder de las mujeres para organizarse. Esta es la lección política desde que la comisión encabezada por la parlamentaria Maria Miller en 2017 recomendó que cualquiera debería poder cambiar de sexo legal a través de la autodeclaración. Aunque esto tendría implicaciones significativas para los servicios y los espacios de las mujeres, los deportes, las prisiones, la seguridad y la privacidad, Miller no consultó a ninguna organización de mujeres. ¿Cómo es posible?

En aquel momento, las mujeres preocupadas recurrieron a sus sindicatos, partidos políticos progresistas, organizaciones de derechos humanos como Liberty, Amnesty o PEN, organismos deportivos, grupos de expertos e incluso organizaciones benéficas para mujeres como la Sociedad Fawcett. Y todos dieron la espalda. Cuando las mujeres hablaron, fueron intimidadas o perdieron el trabajo, la sociedad civil las dejó colgadas.

Desde entonces, las mujeres hemos vuelto a aprender una antigua lección: si nosotras no defendemos nuestros derechos, nadie más lo hará.

Una analista de políticas me dijo que había leído que los presos trans, incluidos los violadores, estaban alojados en cárceles de mujeres escocesas y se preguntaba si se había realizado una evaluación de impacto sobre el efecto en las reclusas. Lo comprobó. No había. La perplejidad se convirtió en preocupación e ira. Luego se organizó y ayudó a formar el colectivo feminista de análisis de políticas MurrayBlackburnMackenzie.

Poco a poco, las mujeres se dieron cuenta de que habían estado mirando para otro lado mientras los grupos de presión, especialmente Stonewall, instaban en secreto a los organismos gubernamentales, organizaciones benéficas o empresas a redefinir a las mujeres y despojarnos de nuestros derechos.

Muchas fueron fáciles de persuadir: la expectativa predeterminada es que debemos priorizar los sentimientos de los demás, incluso a nuestro propio costo. Las mujeres se asombraron de que, por ejemplo, la organización de las Scouts permitiera a los adolescentes varones autoidentificados dormir en alojamientos femeninos durante la noche. ¿Quién firmó eso?

Sin embargo, las mujeres no tenían dónde debatir estos cambios extraordinarios. Muchas inundaron Mumsnet, donde hombres de izquierda se colaban en los foros, como caricaturistas antisufragistas, horrorizados de que las madres no estuvieran hablando de rozaduras del pañal o de recetas, sino de sus propios derechos. ¡Imagina!

Luego, en 2017, sindicalistas de izquierda fundaron Woman´s Place con el lema central «nada sobre nosotras sin nosotras», seguido de Fair Play for Women, que tiene como objetivo proteger los deportes femeninos, y más tarde Sex Matters, El sexo importa, un grupo de expertas feministas dirigido por formidablemente inteligentes mujeres, incluida Maya Forstater.

Estas organizaciones comenzaron en las mesas de la cocina, atendidas por voluntarias financiadas a través de donaciones personales de 20 libras. Sin embargo, se las descalifica como extrema derecha, fundamentalistas cristianas, antiabortistas, intolerantes y odiosas. Las reuniones de Woman’s Place sobre temas como el parto o la violencia machista siguen siendo objeto de piquetes agresivos, por lo que su ubicación sólo se revela la misma noche. Las primeras se vivieron con las sensaciones de la clandestinidad. Tenías que recordarte que esas mujeres no estaban haciendo nada más radical que defender la Ley de Igualdad de 2010. […]

Este es un movimiento inesperado de mujeres que preferirían dedicar sus vidas al progreso pero se encuentran luchando para detener un retroceso de sus derechos.

Han prometido que no volverán a ser sorprendidas sesteando, así que nada se les escapará, y como fuerza política las organizaciones críticas con el género han llegado para quedarse. La campaña electoral local «si no respetas mi sexo, no tendrás mi X» ya ha hecho que los líderes laboristas rebajen el tono de su negación de la biología, al percibir que han perdido la confianza de las mujeres y que, por tanto, no pueden contar con sus votos.

Nada sobre nosotras sin nosotras. No es una broma. Esta misma semana, el ayuntamiento de Camden, que se ha gastado 10.000 libras en pintar los cruces de carretera con banderas trans (a pesar de las advertencias de que ponen en peligro a los discapacitados visuales), se niega a reparar los aseos públicos de caballeros, por lo que las mujeres deben compartir los suyos con los hombres. Mientras tanto, un hombre «no binario» ha cancelado su patrocinio de 15.000 libras para la Clásica Femenina CiCLE porque British Cycling no permite que participe una corredora trans, Emily Bridges. ¿De verdad creen que las mujeres van a dejar que sus derechos y sus carreras se pierdan sin luchar?

Hechos, no palabras, como decían las sufragistas.

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