El fin de semana pasado, la brigada de los seres de luz volvió a atacar. En una contramanifestación a las afueras de Portsmouth, aparentemente apoyada por la rama británica de Amnistía Internacional, los manifestantes por los derechos de las personas transgénero se envolvieron en banderas y portaron pancartas con lemas como «chúpame la polla, coño transfóbico».

La protesta se dirigió contra FiLiA, una conferencia feminista que se sitúa sí misma  ‘defendiendo los derechos humanos de las mujeres’. FiLiA es una oportunidad para que las mujeres, muchas de ellas sobrevivientes de la violencia masculina, hablen sobre cómo abordar cuestiones como la trata sexual, la violación y el abuso doméstico. Se autoproclama como la conferencia feminista anual de base más grande de Europa.

Pero FiLiA ha sido acusada por los activistas de los derechos de las personas transgénero de servir de plataforma a las calificadas como TERF, es decir, mujeres que creen que para abordar el sexismo hay que reconocer primero el sexo biológico. Los que protestaron contra la conferencia no parecían tener claro de qué derechos carecen los que se identifican como transgénero, o cómo el hecho de reunirse fuera de una conferencia feminista y acosar a las mujeres asistentes les convertía en los buenos.

De hecho, según los informes de las asistentes a la conferencia de FiLiA, los manifestantes intentaban ahogar a las oradoras, incluidas lesbianas ugandesas que hablaban a distancia desde el campo de refugiados de Kakuma en Kenia .

Para que quede claro: una multitud de personas que se creen de izquierda y progresistas portaban pancartas que invitaban a las feministas a chuparles los genitales e intentaron ahogar las voces de las lesbianas refugiadas de un campamento donde la agresión sexual y la violación son algo común.

Sería cómodo situar a los que protestaban contra FiLiA como un grupo de estudiantes equivocados, pero entre ellos estaba al menos un funcionario del consejo local. La concejala Claire Udy , que representa al «Progressive Portsmouth People Group», ayudó a organizar la protesta. Udy afirma que Filia ‘pone la vida de nuestros amigos  trans y no binarios en peligro’.

Durante el fin de semana, la bandera transgénero ondeó en el edificio de oficinas del Ayuntamiento de Portsmouth, en una aparente indirecta pasivo-agresiva a las delegadas y organizadoras de la FiLiA.

Más inquietante aún, muchos de los carteles fueron producidos por Amnistía Internacional. Un letrero  incluso anunciaba la protesta como un «acto de protesta oficial de Amnistía Internacional en el Reino Unido». Los eslóganes de Amnistía no eran tan jugosos como los de algunos de los activistas más desquiciados. Simplemente decían: «Soy quien yo digo que soy», con letras en los colores de la bandera trans.

«Soy quien digo que soy» suena bastante bonito, hasta que una considera lo que eso significa en la práctica. Por ejemplo, según la Fiscalía de la Corona, 436 ‘mujeres’ fueron condenadas por violación entre 2012 y 2018. Dado que, según la legislación del Reino Unido, la violación se define como un delito que solo puede cometer un hombre que usa su pene, eso significa que 436 violadores masculinos han sido registrados como mujeres, porque dicen «sentir» que tienen una identidad de género femenina.

Para aquellos que creen que las personas son quienes dicen ser, todos y cada uno de estos violadores masculinos merecen ser encarcelados en cárceles de mujeres, y cualquiera que cuestione su identidad está violando los derechos humanos de estas ‘mujeres’. Sin embargo, esas personas no parecen interesadas en defender los derechos de las prisioneras que ahora están encerradas con violadores masculinos. Quizás abordar la difícil situación de las prisioneras no se quede bien en eslóganes pegadizos.

Hay una cierta ironía en que Amnistía se erija en defensora de los derechos de las personas marginadas mientras apoya a los mocosos privilegiados que optaron por hacer piquetes en una conferencia de activistas feministas de base. Las asistentes a la conferencia eran mujeres de todos los orígenes, la mayoría con opiniones de centro izquierda. Las oradoras incluyeron a quienes han sido perseguidas por sus creencias feministas, es decir, exactamente el tipo de mujeres que se podría esperar que Amnistía defienda.

En un momento en que los derechos de las mujeres están más en riesgo que nunca, los concejales locales y las organizaciones que se enorgullecen de defender los derechos humanos se han puesto del lado de los matones misóginos. Parece que muchos han olvidado que los derechos de las mujeres también son derechos humanos.

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