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Arrullados por una falsa sensación de seguridad, quienes tradicionalmente defendían el avance de la mujer y sus derechos basados en el sexo, dejaron de luchar por el derecho de las mujeres a la autonomía fisiológica y a la seguridad, y, en cambio, al parecer, han ocupado su tiempo luchando por el derecho de los hombres a sentirse mujeres.

En una alarmante traición, las instituciones que históricamente lucharon por los derechos de las mujeres, como la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU) y Planned Parenthood, se han volcado en luchar por los principios básicos de la ideología de identidad de género, socavando activamente los derechos de las mujeres y las niñas. 

Planned Parenthood se ocupó de repartir testosterona a niñas menores de edad sin el conocimiento o consentimiento de sus padres tras una sola consulta. ACLU está litigando contra Estados que protegen los deportes de mujeres y representando los intereses de delincuentes sexuales masculinos condenados que reclaman el derecho a ser encarcelados con mujeres. Traicionan el legado de su heroína, la jueza Bader Ginsburg, al subvertir la importancia del término legal ‘mujer’ sustituyéndolo por  ‘persona embarazada’ en sus palabras sobre el aborto.

Increíblemente, la administración Biden, los Obama, la estrella de los progresistas –Alexandria Ocasio-Cortez, y muchos otros, no son inmunes. Utilizaron la sentencia contra el derecho al aborto para tuitear terminología deshumanizante  como ‘menstruadoras’, ‘cuerpos que paren’, o simplemente no mencionar a las mujeres en absoluto.

Devorados por defender el engaño de que la identidad prevalece sobre la biología, se olvidaron de las mujeres

En Australia, es probable que el aborto siga estando protegido democráticamente porque alrededor del 80 por ciento de la población apoya el acceso al aborto seguro y asequible para las mujeres, y el voto es obligatorio. El derecho de acceso de la mujer a un aborto seguro está despenalizado y se considera un problema médico en la mayoría de los estados. Sin embargo, en septiembre de 2019, en Nueva Gales del Sur, se vivió una victoria agridulce para quienes defienden los derechos de las mujeres basados en el sexo: cuando finalmente se despenalizó el aborto en el Estado, no se protegieron los derechos de las ‘mujeres’, o ‘madres’, en cambio, para aplacar la agenda política del MLA independiente, Alex Greenwich (un hombre gay para quien los temas de la autonomía fisiológica y la elección de las mujeres siempre le serán completamente ajenos) la legislación finalmente promulgada opera para proteger los derechos de las ‘personas embarazadas’.

Los datos de Medicare revelan que más de 300 000 mujeres dieron a luz en Australia en 2018. Veintidós se ‘identificaron’ como hombres.

El sexo es una categoría reproductiva, el género es un rol social y la identidad de género es una ideología de autodeterminación. Los tres no son iguales, pero están siendo tratados como si lo fueran legalmente. Eludir la idea de la identidad de género y la realidad del sexo en la ley corre el riesgo de tener consecuencias adversas para la salud y una discriminación más insidiosa y oculta contra las mujeres.

El embarazo, el nacimiento y la maternidad son necesariamente cuestiones biológicas, no cuestiones de género. Las mujeres embarazadas, las nuevas madres y sus bebés tienen distintas vulnerabilidades que requieren una protección legal única. Despojar al lenguaje jurídico de la reproducción femenina de los atributos referidos al sexo se ha hecho con la intención de ser sensible e inclusivo con las necesidades de menos del 0,00007% de la población, pero ha tenido consecuencias imprevistas con graves implicaciones para las mujeres y las niñas.

Cuando a las mujeres no se les permite definirse a sí mismas como ‘hembras humanas adultas’, sus derechos se degradan. Cuanto más permitimos esto, menos susceptibles de protección son nuestros derechos. Como argumenta la Dra. Holly Lawford-Smith, «las consideraciones en contra del lenguaje neutral en cuanto al género para los problemas de salud específicos de las mujeres incluyen la historia de la lucha por la representación de las mujeres en el lenguaje, que nuestras antepasadas feministas lucharon arduamente por ganar».

La pérdida del derecho al aborto en EEUU muestra lo precarios y frágiles que son los derechos de las mujeres, y lo mucho que debemos velar por su protección. Es una advertencia al movimiento de mujeres para que esté atento al efecto corrosivo de las ideologías populistas como la identidad de género y recuerde aquello para lo que nació ese movimiento.

Porque como sea que esto suceda, las ‘personas’ que están perdiendo sus derechos, no son ‘portadoras de útero’, ‘personas con vaginas’ o ‘cuerpos de parto’, son las hijas y nietas de las madres que concibieron y adelantaron el lucha por los derechos de las «mujeres pasadas de moda». Siempre estaremos en deuda con ellas, y se lo debemos a estas mujeres para asegurarnos de que su legado no se borre.

Katherine Deves es una abogada australiana, candidata de los liberales y fundadora de Save Women´s Sports Australasia

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