El Real Colegio de Psiquiatras de Australia y Nueva Zelanda (RANZCP) ha emitido una declaración en la que subraya la importancia de una evaluación de salud mental para las personas con disforia de género -en particular para menores y adolescentes- antes de tomar cualquier decisión firme sobre la prescripción de tratamientos hormonales para la transición o la realización de cirugías.

«Hay una escasez de pruebas de calidad sobre los resultados de quienes presentan disforia de género. En particular, se necesitan mejores pruebas en relación con los resultados de los niños y los jóvenes», afirma la declaración.

Dado que la disforia de género «se asocia a una angustia significativa… cada caso debe ser evaluado por un profesional de la salud mental, que con frecuencia será un psiquiatra, situando a cada persona en el centro de  atención. Es importante explorar el estado psicológico y el contexto en el que ha surgido la disforia de género para evaluar el tratamiento más adecuado», añade.

La medida del organismo de psiquiatría representa un gran cambio en el panorama de las recomendaciones para el tratamiento de la disforia de género en Australia y Nueva Zelanda.

Cuando se le pidió que explicara la nueva posición del RANZCP, Philip Morris, del Real Colegio de Psiquiatras, dijo: «El Colegio reconoció la complejidad de los temas y la legitimidad de los diferentes enfoques».

«La exploración de las razones de un paciente para identificarse como transgénero es esencial, dijo a Medscape Medical News, especialmente cuando se trata de jóvenes».

«Puede haber otras razones para hacerlo y tenemos que buscarlas, identificarlas y tratarlas. Esto debe hacerse antes de iniciar las hormonas y cambiar toda la naturaleza física del niño», dijo.

«Tiene sentido adoptar un enfoque cauteloso, que priorice la psicoterapia. Si podemos hacerlo con los adolescentes, daremos un gran paso en la dirección correcta», subrayó Morris, que es presidente de la Asociación Nacional de Psiquiatras Practicantes de Australia.

El caso de Keira Bell y la postura escandinava conducen a un debate más abierto

El rápido aumento de la disforia de género entre los adolescentes del mundo occidental, denominada disforia de género de «inicio rápido» o «inicio tardío», ha ido acompañado de un enorme crecimiento del número de niñas afectadas y ha creado un frenético debate que se ha intensificado en todo el mundo en los últimos 12 meses sobre la mejor manera de tratar a los jóvenes con disforia de género.

Ha surgido la preocupación de que parte de la identificación transgénero se deba al contagio social, y hay un número creciente de «destransicionistas», es decir, personas que se identificaron como transgénero, hicieron la «transición» médica al sexo opuesto, pero luego se arrepintieron de su decisión, cambiaron de opinión e hicieron la «destransición» a su sexo de nacimiento. Si se han sometido a una terapia hormonal y, en algunos casos, a una intervención quirúrgica, quedarán con cambios irreversibles en su cuerpo.

En consecuencia, los países escandinavos, sobre todo Finlandia, que en su día defendieron con ahínco el enfoque afirmativo del género, han dado marcha atrás y han publicado en 2020 nuevas directrices de tratamiento que establecen que la psicoterapia, en lugar de la reasignación de género, debe ser la primera línea de tratamiento para los jóvenes con disforia de género.

Esto, junto con una decisión histórica del Tribunal Superior del Reino Unido en relación con el uso de medicamentos que bloquean la pubertad para los niños con disforia de género, presentada por la joven destransicionista Keira Bell, que fue recientemente anulada por el Tribunal de Apelación, pero que Bell ahora dice que llevará al Tribunal Supremo, ha provocado un cambio considerable en la conversación sobre el tratamiento de los adolescentes transgénero con terapia hormonal, dice Morris.

«Esto [ha pasado de ser]… un tema del que antes no se podía hablar libremente a uno del que ahora podemos hablar más abiertamente. Es una gran mejora. Antes, todo el mundo pensaba que todo estaba resuelto, pero no es así, y menos desde el punto de vista médico», afirma.

El Real Colegio de Psiquiatras de Australia y Nueva Zelanda había respaldado anteriormente las directrices estándar del Royal Children’s Hospital (RCH) de Melbourne, seguidas por la mayoría de los servicios de identidad de género de Australia, y unas directrices similares de Nueva Zelanda, que recomiendan una atención que reafirme el género.

[…] La nueva declaración del Real Colegio de Psiquiatras sostiene: «La investigación sobre la disforia de género sigue siendo incipiente. Hay puntos de vista polarizados y pruebas contradictorias sobre las opciones de tratamiento para las personas que presentan problemas de identidad de género, especialmente los niños y los jóvenes.»

Cuidado con la terapia afirmativa

Morris afirma que obviamente habrá casos en los que «el niño podría hacer la transición con una intervención médica, pero ese no debería ser el primer paso».

Y aún así, añade, «hay quienes impulsan el punto de vista pro-trans de que a todo el mundo se le debe permitir la transición, y que los médicos son sólo técnicos que proporcionan hormonas sin hacer preguntas». Pero desde el punto de vista de los médicos, éstos seguirán siendo responsables en términos médicos y legales de los tratamientos administrados, subraya.

Morris espera que al final haya muchos más controles y equilibrios, y que los tribunales y los médicos tengan que dar un paso atrás y no dar por sentado que todos los niños que quieren hacer la transición lo hacen por pura disforia de género.

Predice que las cosas terminarán en un compromiso.

«En mi opinión, este compromiso tratará a los niños con respeto y los abordará como a cualquier otro paciente que presente una condición que requiera una evaluación y un tratamiento adecuados».

«Al final, algunos casos conducirán a la transición, pero serán menos de los que se producen en la actualidad», predice.

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