Por Michael Biggs, profesor asociado de Sociología en St Cross College, Universidad de Oxford, y miembro de la junta directiva de Sex Matters.

La Universidad de Oxford, miembro durante mucho tiempo del programa de Stonewall Campeones de la Diversidad es un buen ejemplo de la sumisión de las instituciones al entramado generista levantado por la organización LGTBQ. Obedecer a Stonewall implica a veces saltarse la Ley de Igualdad o usar métodos coercitivos sobre profesoras y estudiantes.

Según el análisis de Naomi Cunningham,  una destacada abogada y fundadora de Sex Matters, Stonewall ha ideado un sistema diabólicamente inteligente. Oxford paga una tarifa anual modesta (£ 2,500 + IVA por año) por pertenecer al programa de Stonewall y se somete a una auditoría anual completando un cuestionario conocido como Índice de Igualdad en el Lugar de Trabajo. 

El último informe de la Universidad, que  ocupa 390 páginas, será calificado y clasificado por Stonewall: «Su gerente de cuentas de Stonewall organizará una reunión con usted para hablar sobre las fortalezas y debilidades de su trabajo actual de inclusión LGBT». La respuesta a esta retroalimentación será analizada, por supuesto, en la próxima auditoría anual. El programa está diseñado para aumentar el cumplimiento; las organizaciones compiten entre sí para mostrar una mayor obediencia a las demandas de Stonewall, y cada año esas demandas se vuelven más onerosas.

La Ley de Igualdad de 2010 prohíbe con razón la discriminación por motivos de orientación sexual y cambio de género, pero Stonewall no quiere hacer cumplir la ley. Por ejemplo, el Plan de acción de Oxford para su presentación de 2021 incluye la rectificación del «lenguaje de género utilizado en el ámbito de maternidad», porque se considera problemático: «Stonewall proporcionará ejemplos de las mejores prácticas en esta área».

De hecho, Stonewall requiere que las organizaciones ignoren la letra de la ley. Como ejemplo, la Unidad de Igualdad y Diversidad de Oxford define la orientación sexual como “la atracción emocional, romántica y / o sexual de una persona hacia otra persona”. Este peculiar circunloquio, omitiendo el criterio definitorio de la orientación sexual, a saber, el sexo, es invención de Stonewall. La Ley de Igualdad, por el contrario, define la característica protegida como “la orientación sexual de una persona hacia (a) personas del mismo sexo, (b) personas del sexo opuesto, o (c) personas de cualquier sexo”.

Stonewall va mucho más allá. La organización [que pertenezca a su programa Campeones de la Diversidad] debe publicitar “modelos visibles a seguir” …  Stonewall enfatiza que en esos modelos «la identidad de la persona debe ser clara». Lo que se privilegia, en otras palabras, es la identidad de la persona más que sus logros individuales o contribuciones a la misión de la organización escrutada. 

Stonewall ha creado una figura novedosa: el aliado LGBT +. Oxford pagó a Stonewall £ 6,000 para capacitar a 26 aliados en 2017; esta formación ahora se replica dentro de la Universidad. Los aliados son en realidad propagandistas que organizan actos sobre los pronombres o sobre cómo las «mujeres cis» pueden ser aliadas de las personas trans.

En resumen, el programa Campeones de la Diversidad otorga a Stonewall un grado notable de control sobre las políticas y operaciones de la Universidad de Oxford. ¿Y qué? ¿Quién podría oponerse a una mayor igualdad y diversidad? El problema es que la misión de Stonewall es instalar su propia doctrina particular sobre el género como ortodoxia, que anula las obligaciones legales de un organismo financiado con fondos públicos y contradice la misión particular de una universidad.

La doctrina de Stonewall entra en conflicto con la obligación de los organismos públicos de equilibrar todas las características protegidas especificadas por la Ley de Igualdad: no solo la orientación sexual y la reasignación de género (cuidado: no la identidad de género), sino también el sexo y la “religión o creencias”.

[…] Las regulaciones del lugar de trabajo (salud, seguridad y bienestar) de 1992 ordenan baños separados para hombres y mujeres. Stonewall, sin embargo, ignora por completo estos derechos establecidos. De hecho, uno de sus objetivos es la eliminación de las instalaciones para un solo sexo. Según la auditoría de 2021, «la guía debe dejar en claro que todos los empleados trans pueden usar las instalaciones (por ejemplo, baños, vestuarios) con las que se sientan cómodos». La Guía para personas transgénero de Oxford (actualizada en 2018) ya establece que «las personas deberían poder usar los baños y los vestuarios adecuados a su identidad de género». La política de Oxford, obviamente, viola las regulaciones del lugar de trabajo y los derechos de las mujeres y las minorías religiosas.

La Ley de Educación de 1986 obliga a las universidades a “garantizar que los miembros, estudiantes y empleados tengan la libertad de expresión conforme a la ley”. Stonewall, sin embargo, tiene como objetivo restringir esa libertad. Un ejemplo bien conocido es el persistente acoso de la historiadora feminista, la profesora Selina Todd, por no estar de acuerdo públicamente con la ortodoxia de género. (Todd tiene que acudir a sus conferencias en la universidad con seguridad privada)

Aún más inquietante es lo que sucedió durante una sesión de capacitación sobre Conciencia Trans en 2019. Esta capacitación fue brindada por la organización transgenerista Gendered Intelligence. La Universidad acordó imponer un código de conducta para la sesión de capacitación, que incluyó el mandato de “Abstenerse de usar lenguaje o presentar puntos de vista que pretendan socavar la validez de las identidades trans y de género diverso”. Una de las asistentes hizo algunas preguntas puntuales al final de la sesión, que reflejaban su incredulidad en la identidad de género. Tras una denuncia de Gendered Intelligence, fue sometida a una investigación disciplinaria que culminó con un cargo de acoso transfóbicoDespués de varios meses y dos audiencias, se desestimó este cargo. Sin embargo, la incertidumbre de un proceso disciplinario prolongado equivalía a una especie de castigo, y esto simplemente por cuestionar la ortodoxia promulgada por Gendered Intelligence y Stonewall. 

[…] Cabe destacar que la influencia de Stonewall en Oxford no es tan perniciosa como en otras universidades… Además, la carga administrativa y el costo financiero de someterse a Stonewall son menos onerosos para una institución adinerada como Oxford.

Durante los seis años desde 2013/14 hasta 2018/19, por ejemplo, la Universidad de Cardiff pagó a Stonewall un total de 77.000 libras esterlinas.

Estudiantes y profesorado necesitan escuchar esta perspectiva [la de gays, lesbianas, bixesuales y transgéneros] y comprenderla o cuestionarla. También necesitan escuchar otras perspectivas, como por ejemplo, las de LGB Alliance y Sex Matters. Como proclama la propia Universidad de Oxford, “dentro de los límites establecidos por la ley, todas las voces o puntos de vista que cualquier miembro de nuestra comunidad considere relevantes deben tener la oportunidad de ser escuchados… y expuestos a pruebas, cuestionamientos y argumentos”.

No se está permitiendo. 

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