Laura Dodsworth se encuentra con mujeres cuyas historias se cuentan rara vez. Julio 2020. Fotografías de la autora. Pueden verse en el artículo original.

Cuando conté que iba a crear una serie fotográfica acerca de hombres trans que querían “destransicionar” y volverse mujeres de nuevo, me dijeron que esperara represalias. En realidad me dijeron que sería crucificada—mira lo que le pasó a JK Rowling recientemente. Como mínimo sería mejor que me tomara unas vacaciones de Twitter. Una persona me dijo que no debería concentrarme en destransicionadas cuando la gente trans aún lucha por ser aceptada. Pero esto implicaría silenciar voces clave cuando deberíamos estar teniendo una discusión incluyente y matizada acerca de la identidad de género, especialmente en un momento en el que el gobierno británico está decidiendo cómo, o si, reformará la Ley de Reconocimiento de Género 2004.

Conozco gente trans para quien la transición social y médica ha sido el mejor resultado. Para mucha gente puede ser una experiencia positiva. Eso lo aprecio completamente. Pero no funciona para todas/os, y no es sostenible o justo silenciar una comunidad para servir a otra.

Las mujeres en mi proyecto, del Reino Unido y otros países europeos, se han enfrentado todas a enojo, incredulidad y ofensas online. La destransición—cuando alguien deja de identificarse como transgénero y puede dar pasos para revertir su transición social o médica—es un concepto controvertido.

Se suma a la preocupación que niñas/os y jóvenes puedan comenzar el proceso de la transición y arrepentirse después. En abril, el gobierno anunció planes para prohibir que menores de dieciocho se sometan a cirugías de reasignación de género. Actualmente los menores de dieciocho tienen permitida la cirugía solamente con el consentimiento de los padres.

Ha habido una oleada de menores, particularmente niñas, identificándose como trans en años recientes. En Inglaterra, el 74% de los menores y jóvenes enviados a la Clínica de Identidad de Género Tavistock son niñas. ¿Por qué este incremento entre niñas? La razón aún no está clara, pero Penny Mordaunt, cuando era ministra de Mujeres e Igualdad, prometió una investigación.

Esta es una razón por la que me sentí movida a documentar mujeres destransicionadas. Quería entender y representar su travesía circular y dolorosa del género. Para mí, la idea de que mis senos, ovarios y útero fueran removidos y que luego los quisiera de vuelta, me crea un sentimiento tan desconcertante del que no me puedo ocupar por mucho tiempo—es por eso que mi lente artística se enfocó en mujeres.

No me ruboriza el tabú. He pasado cinco años fotografiando y entrevistando hombres y mujeres acerca de sus senos, penes y vulvas para mis libros Realidad desnuda, Hombría y Mujeridad y la película 100 vaginas. He documentado las realidades de nuestros cuerpos y entrevistado a mis sujetos extensamente acerca de la relación entre sexo y género.

En 2018 la Oficina de Igualdades del Gobierno estimó que existía cualquier cantidad entre 200,000 a 500,000 personas trans en el Reino Unido. No se sabe cuántas de ellas han transicionado quirúrgicamente. En 2014 hubo 172 operaciones de reasignación de sexo ejecutadas en el Sistema Nacional de Salud—el doble de las 83 de una década antes. La cifras no incluyen las cirugías privadas. No hay cifras precisas para el número de gente que destransiciona. La mayoría de las destransicionadas con quienes hablé nunca volvieron con el médico que ejecutó su primera transición, y para toda intención y propósito serían consideradas una historia de éxito por su terapeuta o equipo médico. Charlie Evans, quien montó la Red de Defensa de la Destransición en el Reino Unido, dice que ha sido contactada por cientos de destransicionistas. Hablé con diversas personas con experiencia de campo—doctores, terapeutas, enfermeros, endocrinólogos—y aunque nadie quería ser citado, fuera de la grabación predijeron que esto apenas es el comienzo.

Temo que las mujeres destransicionadas que entrevisté sean canarios en la mina de carbón. No solo para los destransicionistas, sino para la condición de mujer. Todas ellas, de alguna manera, encontraban ser mujer demasiado difícil, demasiado peligroso o demasiado desagradable. “Puse el problema dentro de mí”, dice una, “cuando en realidad el problema está en cómo el mundo exterior ve a las mujeres que no se ajustan a las normas femeninas”.

Estas entrevistas, y mi investigación más amplia, han descubierto temas comunes en estas chicas que sentían que no encajaban en los estereotipos femeninos, y se sentían incómodas en la cultura hipersexualizada de hoy. Las altas tasas de abuso sexual, el acoso, autismo, autolesiones, rechazo propio por ser lesbiana y homofobia juegan, en cada caso, un papel. El feminismo ha hecho mejor la vida para las mujeres, ¿pero se ha vuelto más sencillo poseer un cuerpo de mujer? La cirugía cosmética sigue incrementando su popularidad mientras las mujeres persiguen el ideal femenino—las mujeres se sometieron al 92% de todas las operaciones registradas por la Asociación Británica de Cirujanos Plásticos Estéticos en 2018, y el aumento de senos sigue siendo la más popular. Pero al otro lado de la balanza, globalmente, hay miles de campañas de recaudación de fondos en línea (gofundme) para cirugía superior—mastectomías doble para mtf (mujer-a-varón). Me pregunto cuántas podrían llegar a arrepentirse de su cirugía.

Si lees las historias en el foro en línea subreddit “Detrans”, las destransición ha sido una experiencia difícil para muchas personas. ¿Cómo se debe atender esto? Las mujeres con quienes hablé dijeron que fueron todas aceptadas como trans de manera muy poco cuestionada por terapeutas y doctores. ¿Debería la evaluación ser más completa e investigativa? ¿El modelo de tratamiento afirmativo permite que la gente equivocada transicione—gente para la que ser simplemente una niña, una mujer, una lesbiana, pudo haber sido una experiencia aceptable y feliz?

Los destransicionistas han escogido a la salamandra como su mascota por su habilidad para regenerar órganos y extremidades. Es un símbolo positivo. Aunque las mujeres que han transicionado quirúrgicamente por completo nunca podrán regenerar sus órganos faltantes (ver panel), no es demasiado esperar que se puedan sentir completas emocional y psicológicamente

Sinead, 29

Gente en Twitter me ha dicho que no soy verdaderamente trans, que soy transfóbica, o que soy una cuenta falsa. Hay gente que se rehúsa a aceptar que hay un número creciente de destransicionistas. Algunos piensan que tan sólo nuestra existencia daña a las personas trans. Por otro lado, me ha sido difícil escuchar a algunas feministas referirse a mujeres destransicionadas como mutiladas, o decir que las mujeres trans son grotescas, porque tengo amigos trans.

Quería ser un niño cuando era más joven. Desde los quince se intensificó. Busqué en Google “Soy una mujer pero desearía ser un hombre” y por medio del poder del internet descubrí la disforia [de género] y la transición.

Tenía una envidia extrema de los hombres y un extremo resentimiento acerca de mí misma. Simplemente pensaba que los hombres eran mejores. De algún modo tenía mi propia versión extraña de sexismo.

Algunas cosas dolorosas y difíciles que me han ocurrido creo que estaban detrás de mi deseo de ser un hombre y no ser una mujer. Sé que no estaba equivocada, pero no son cosas de las que pueda hablar públicamente. Lo que sé ahora es que transicionar no era la manera de lidiar con esas cosas. Vas a la clínica de género y en unos pocos meses te estás aplicando testosterona. El psiquiatra dijo que yo era trans. Pensé que si me recetaban testosterona entonces yo debía de ser trans. Más allá de preguntas generales, nadie exploró si había otros problemas o me cuestionó.

He intentado hablar acerca de problemas de fondo con terapeutas, pero la disforia de género fue vista como la causa de mis problemas y no un síntoma de ellos. En realidad pienso que mis problemas con el género surgieron de problemas de salud mental, no al revés.

Me sentí mejor cuando salí del clóset como “Sean”, especialmente cuando la testosterona hizo efecto y mi grasa se redistribuyó y mi voz se hizo más grave. Los hombres dejaron de mirarme. Pensé que transicionar era lo mejor que había hecho. Estaba tan feliz.

El hecho es, sin embargo, que nunca he bebido tanto como cuando era Sean. Todavía odiaba ser una mujer biológica. Aún tenía depresión. Aún tenía que emborracharme para olvidar. Ir al bar como Sean no era suficiente para contrarrestar eso y tuve una crisis. Después de eso supe que tenía que lidiar con los problemas. Me di cuenta de que no era trans, y que nunca debí haber tomado el camino médico.

Cuando destransicioné al principio fue difícil aceptar que no era un hombre trans ni una mujer “normal”. Estos días soy completamente apática acerca de los resultados de la testosterona y de las cicatrices de mastectomía. No me gustan ni las odio. Y eso es un progreso.

Pero aún tengo esas noches obscuras cuando me siento sola en un cuarto y pienso que estoy arruinada, desfigurada y dañada, y ni siquiera tengo 30 aún. Y luego tengo noches mejores cuando pienso que pudo haber sido peor. Pude haber tenido una faloplastia. No quiero ser insensible con otras mujeres destransicionadas que sí se sometieron a una faloplastia, pero me alegro de no haberla tenido.

No me gusta rasurarme—no me rasuraba cuando era Sean—pero si tengo que ir a la tienda ahora rasuro mi cara y si uso un cuello en v rasuro mi pecho. Siempre uso un gorro para que la gente no pueda ver mi pequeña calva. Me gustaría trabajar hacia una mayor seguridad. Tener citas está fuera del panorama para mí, al menos por ahora. Siento que tendría que decirle a alguien acerca de mi pasado trans y que he sido masculinizada.

Estoy en chats grupales con otras destransicionistas. Yo misma conozco alrededor de 100 mujeres destransicionadas. Pero todas conocemos otras que no están activas en línea o en chats grupales. Los números oficiales de destransicionistas no son recolectados, son desconocidos por ahora. Pero creo que somos la punta del iceberg. Habrá muchos más de nosotros por venir.

Desearía que el psiquiatra en la clínica de identidad de género me hubiera hecho una mejor evaluación. Parte de mí quiere ir de vuelta a la clínica para ver a mi psiquiatra a la cara de nuevo, pero sé que eso está impulsado por mi enojo. No creo que me puedan ayudar, así que no tiene caso volver.

Quiero que destransicionistas sepan que no está solas y que pueden salir a la luz y encontrar otra gente con quien hablar. Espero que cuando la gente vea estas historias y fotografías, vean que incluso aunque hemos sido cambiadas por la testosterona y la cirugía aún somos fuertes y hermosas, solo que en una manera menos estereotipada. Aún somos mujeres.

Ellie, 21

Salí del armario como lesbiana ante mi familia en Bélgica cuando tenía 15. Les pareció bien y me sentía muy cómoda saliendo con chicas. En algún punto, sin embargo, comencé a cuestionarme mucho. No me podía concebir a mí misma madurando hasta ser una mujer. Encontré una organización trans en Europa ofreciendo citas psicológicas, así que fui y les dije lo que pasaba por mi mente. Me sorprendió su recomendación; me contaron acerca de tratamientos y cirugías masculinizantes. Creo que era una respuesta completamente diferente a la que estaba buscando, así que salí muy confundida, pero ellos habían sembrado una semilla.

Empecé a ver videos populares en YouTube de chicas volviéndose chicos atractivos. Comencé a pensar que mi cuerpo se vería mejor si tomara testosterona. Me establecí una meta de verme como varón. Y eso pronto pasó de ser una meta a sentirse como una necesidad. Para cuando tenía 16 tenía una fuerte disforia [de género]. Decidí contárselo a mis padres porque a esa edad no podía acceder al tratamiento sin ellos. De entrada me apoyaron mucho, pero al día siguiente fue una historia diferente. Ambos dijeron que me aceptaban como era, y que me podía presentar de cualquier modo que deseara, pero tenían preocupaciones acerca de mi salud si tomaba hormonas. Mi madre me dijo que temía que me arrepintiera. Yo pensé que ella era transfóbica.

Mis papás me llevaron a ver a un psicólogo, que nos dijo que yo no era trans, de otro modo lo habría sabido desde la edad de tres años. Dijo que debía esperar hasta tener 18. Me sentí molesta de que él me desacreditara frente a mis padres.

Convencí a mis padres de ir a la organización trans a la que fui primero. El doctor al que nos refirieron era completamente diferente. El dijo ¿para qué esperar hasta los 18, cuando tendría mejores resultados si empezaba a tomar testosterona de inmediato? Dijo que los efectos de tomar testosterona eran reversibles y que no había nada de qué preocuparse, lo cual me impactó porque yo sabía que esto no siempre era verdad. (Algunos de los efectos de tomar testosterona pueden no ser reversibles, dependiendo de qué tanto tiempo sea tomada la hormona.) Pero yo sabía que esto era lo que mis padres necesitaban escuchar para estar de acuerdo, así que no dije nada.

No pude prever los cambios emocionales de la testosterona. Me sentía como si estuviera entumecida. Solía llorar mucho como manera de aliviar mis emociones, pero solo lloré dos veces en los cuatro años que tomé testosterona. Me gustaban los cambios físicos. Soy alta y siempre he tenido un cuerpo masculino, pero en cuanto empecé a tomar testosterona la gente siempre me leía como varón.

Comencé a usar los vestuarios de chicos en la escuela y me cambié a los equipos deportivos de chicos. Mi siguiente objetivo se volvió una mastectomía porque me ponía muy incómoda ser un chico con senos.

Solía jugar basquetbol competitivamente y entrenaba cada día. Eso terminó tan pronto comencé con la testosterona porque se habría considerado doping. No había cambiado mi género, así que tampoco podía jugar con chicos oficialmente. Cuando me mudé a Alemania para ir a la universidad, nadie sabía que era trans, la gente simplemente daba por hecho que era un varón. Mantuve silencio acerca de eso. Comencé a jugar basquetbol de nuevo, en un equipo varonil. Todos en el equipo pensaban que era un muchacho, pero me sentía completamente fuera de lugar. Darme cuenta de que no pertenecía realmente a los espacios de varones es parte de lo que me condujo a destransicionar. Jugar un deporte en un equipo varonil dejó en claro que simplemente no tengo la misma socialización que los hombres. Las mujeres son competitivas, pero no del mismo modo que los hombres. Lentamente dejó de tener sentido ser un chico.

Comencé a leer más acerca de feminismo y a entender las cosas de otro modo. Es difícil crecer y no ver otras mujeres lesbianas masculinas. Había puesto el problema dentro de mí, cuando en realidad el problema es cómo el mundo exterior ve a las mujeres que no se ajustan a las normas femeninas.

Solo quería ser humana, neutral, yo misma. Me sentí como si el único modo en que podría ser yo misma era verme como un muchacho. La transición no era la solución ideal, pero me ayudó. Algunas personas destransicionadas quieren cirugía de inversión. Me he dado cuenta de que el camino hacia delante para mí es aceptarme como soy ahora. Siempre tendré una manzana de Adán, y mis manos y muñecas son probablemente más anchas de lo que hubieran sido porque comencé a tomar testosterona cuando aún estaba en crecimiento. Con lo que más batallo es con mi voz grave y mi barba. Ahora siempre tendré una barba.

Es difícil sentir que ya no pertenezco a los espacios de mujeres. No quiero hacerlas sentir incómodas ni ser cuestionada. Uso los vestidores de hombres, pero tampoco ahí me siento cómoda. Es nefasto.

Mi transición no era necesaria, pero no quiero sentir arrepentimiento. Quiero trabajar en aceptar mi cuerpo tal como es ahora. Esto es lo que debió ser alentado desde el principio.

Lucy, 23

No podía sentirme identificada con mujeres heterosexuales muy femeninas cuando estaba creciendo en Alemania. Mi mamá es ama de casa y madre, y yo valoro eso, pero simplemente no me podía imaginar a mí misma viviendo de ese modo. A mi papá le gustan los deportes, me identificaba más con él. Solo conocía a una mujer ligeramente más masculina que tenía cabello corto. Desde que destransicioné he conocido a muchas más mujeres no conformes con el género que son similares a mí. A menudo pienso que si hubiera tenido gente como esa en mi vida cuando era una adolescente, probablemente no hubiera sido trans.

La anorexia hizo fácil para mí que desarrollara disforia [de género] y que quisiera transicionar porque ya había gastado mucho tiempo enfocándome en mi cuerpo y queriendo cambiarlo con dietas y matándome de hambre.

De los 15 a los 17 fue muy malo. Cuando mi peso bajó a 39 kg mis papás básicamente me obligaron a tomar tratamiento. Entré y salí de centros de tratamiento y eventualmente mi peso se estabilizó, aunque entonces desarrollé bulimia, con la que aún lidio.

Aunque mis senos eran pequeños, copa AA, quería que los quitaran. Investigué en línea y encontré un sitio que vendía binders (fajas para ocultar el pecho) y otro sitio que básicamente me informó acerca de que existía el transexualismo. Comencé a leer historias de hombres trans. Muchas decían que de chicas se identificaban siempre con personajes varones en las historias, que eran marimachos, que no podían imaginar la vida como una mujer; me sentía del mismo modo. Me di cuenta de que no tenía porqué simplemente odiar mi cuerpo de mujer, podía cambiarlo.

Antes de salir del armario estaba muy confiada. No pensaba que era malo ser lesbiana, pero entonces las reacciones llegaron. Comencé a salir con una de mis compañeras de clase. Nos sentábamos juntas, éramos cariñosas con la otra y nos tomábamos de la mano, así que la gente se dio cuenta rápidamente. Recibimos un trato atroz. Ya nadie quería estar en el vestidor con nosotras. Soy una persona muy romántica y era desagradable ser reducida a mi sexualidad. Me hizo sentir horrible ser una lesbiana.

Es fácil ver ahora cómo volverme trans ocurrió prácticamente al mismo tiempo. En determinado punto, cuando “pasas” por hombre, puedes simplemente integrarte con el resto de la sociedad. Cuando transicioné la gente dejó de gritarnos “¡lesbianas!” en la calle porque yo me veía más como un chico. También hay dobles estándares acerca de la apariencia. Cuando no rasuraba mis piernas mis compañeros me molestaban. Más tarde, cuando me identificaba como hombre trans, de repente estaba bien, porque los hombres no tienen que rasurarse las piernas. Eso se sintió realmente liberador y la transición pareció lo correcto para mí.

No podía tener sexo con mi novia—no quería que me viera como mujer aunque ella sabía que yo era una y se sentía atraída por mujeres. Es tan triste, pero nunca la dejé siquiera tocar mis senos antes de que me los quitaran. Pensaba acerca del sexo lésbico como que no era sexo real, y quería tener una faloplastia algún día para que pudiera tener “sexo real”.

Comencé a ver a un terapeuta, el único en mi pueblo en Alemania que había trabajado con gente trans. A él realmente le acomodaban los roles del género—me decía que si quería ser un hombre tenía que conseguir una nueva bicicleta de montaña masculina porque yo tenía una que era para mujeres. Me mandó a someterme a una mastectomía y hormonas. En retrospectiva, no puedo entender porqué él no exploró mis desórdenes alimenticios, cómo me sentía por ser lesbiana y tampoco mis síntomas de desorden obsesivo compulsivo. Por ejemplo, aunque no me acostaba con hombres, tenía un miedo extremo de embarazarme. Era tan paranoica que compraba pruebas de embarazo aunque no hubiera manera de que yo estuviera embarazada. Cuando acababa de cumplir 20 comencé a tomar hormonas, seguidas por mi mastectomía seis meses después. Entonces tuve una cirugía de revisión porque mis areolas estaban estiradas y habían dejado tejido mamario de un lado. Tres meses después de la revisión tuve una histerectomía y una ovariectomía. Todo pasó muy rápido.

Si buscas información acerca de transicionar, puedes encontrar sitios web con listas de terapeutas que trabajan con gente trans. Es muy fácil. Encuentras uno que sea muy afirmativo y puedes salir de una cita con una receta para testosterona.

Mi familia me apoyó muchísimo. No quiero hacerlos quedar mal, pero pienso que era en parte porque estaban desesperados por encontrar una solución para mis desórdenes alimenticios. La idea era que yo había nacido en el cuerpo equivocado y que podíamos arreglar mi cuerpo les dio esperanza de que todo podía estar bien. Le tenían mucha confianza a estos doctores.

Hablar de destransicionar vía online ha sido mayormente bueno para mí, porque ahora sé que ya no estoy sola con eso. Encontré todas estas mujeres que ahora pudo llamar amigas. Pero también ha sido difícil hacerlo online—la gente trans me ha llamado mentirosa y me han dicho que debería estar avergonzada porque le quité recursos a gente trans de verdad. Por alguna razón nunca se le echa la culpa a los cirujanos o a los doctores. Ya he perdido partes de mi cuerpo por todo esto, así que las palabras de la gente trans no me pueden lastimar en realidad. Las cosas atroces que le dicen a las destransicionistas no son nada comparadas con el dolor que siento por haber perdido órganos.

Me horroriza que cuando fui por la histerectomía no hicieron énfasis en lo importantes que son estos órganos. Ahora es muy tarde. Tengo 23 y básicamente estoy ya en la menopausia, con todas la implicaciones de salud que conlleva. No puedo entender cómo los doctores pudieron dejar que esto ocurriera, porque nunca aprobarían que una mujer de 21 años tuviera una histerectomía completa sin razón. Pero en cuanto esa mujer se identifica como hombre, de repente es muy fácil conseguirla.

Corté con mi primera novia un mes antes de mi histerectomía. No he tenido una relación desde entonces y creo que va a tomar un tiempo porque ahora me siento horrible acerca de mi cuerpo. No me siento de este modo acerca de otras mujeres destransicionadas, pero me siento mutilada.

Lee, 62

Transicioné cuando tenía 44. Pensé que sería una persona diferente como un hombre, más feliz y más segura, pero mi vida todavía estaba jodida. Vi a un consejero durante 5 años, lo cual me ayudó a entender porqué mi vida ha sido tan complicada. Pensé que quería ser varón. ¿Pero cómo podría saber cómo es ser varón? Nunca he sido uno. No puedo serlo. Soy una aproximación de un varón en el exterior, pero en realidad soy una mujer con testosterona que ha tenido cirugía. Esta es solo mi opinión, y otra gente puede tener sus puntos de vista, pero no creo que haya tal cosa como haber nacido en el cuerpo equivocado. Creo que las causas a menudo comienzan en la niñez.

Yo veo que las causas de mi transición fueron mi madre, mi abuela y padre. Mi hermano fue idolatrado por mi madre y abuela. Era el niño dorado que no podía actuar mal, su “queridito”. Yo era una “pequeña pagana” y una “desvergonzada”; no podía hacer nada bien. Mi mamá siempre estaba enojada conmigo y era muy crítica. Pasé la mayoría de mi infancia pidiendo perdón y suplicándole. Odiaba mi cuerpo desde niña. Pensaba que era gorda. Odiaba los vestidos con encaje que me ponía mi mamá. Quería usar las mismas prendas que mi hermano y llevar el mismo corte de cabello que él, pero ella no me dejaba. Mi cuerpo se sentía como una prisión cundo comenzó la pubertad. Pensé que mis periodos eran una pesadilla, me parecía muy malo que me saliera sangre del cuerpo.

Cuando tenía 15 mi padre entró en contacto con nosotros después de muchos años. Me sentí complacida de saber de él. Nos llevaba a mi hermano y a mí a pasear y nos compraba cosas—un estéreo, ropa—y nos daba dinero. Parecía el padre perfecto. Nos invitó a quedarnos en su casa y mi mamá no quería que fuéramos, pero no decía porqué. Claro que fui de todos modos.

La primera tarde me violó. A la mañana siguiente fue y lo hizo de nuevo. Después creo que me senté en el baño por cerca de una hora. Es como si no supiera dónde estaba.

Más tarde mi mamá me dijo lo violento que él había sido. Me dijo de una vez que me colgó del tobillo fuera de una ventana cuando yo era una niña para asustarla. Tengo la sensación de que fui abusada sexualmente de niña antes de que ella lo abandonara.

Una mañana cuando tenía 44 vi una persona transgénero mujer-a-hombre en la televisión. Nunca había visto una antes. Pensé: “Podría ser yo”. Parecía como que podía ser la respuesta. Fui a ver un doctor de género de manera privada en Londres.

En la primera cita dijo, “No perdamos más tiempo”, y me inyectó testosterona. Era lo que quería pero ahora creo que estuvo mal—lo que en realidad necesitaba era psicoterapia. Estaba jodida. Era mi cabeza la que necesitaba ayuda, no mi cuerpo. Me gustó mucho la testosterona. Tomó mucho tiempo obtener una barba y vello corporal, pero gané músculos muy rápido.

Odiaba mis senos y no podía esperar para deshacerme de ellos. Sé que muchos hombres trans se fajan, pero yo no lo hacía porque no puedes hacer ejercicio en el gimnasio con una faja, son muy incómodas. Así que tuve una mastectomía un par de meses después de comenzar con la testosterona. En un par más de años tenía ya una histerectomía y una ovariectomía, testículos prostéticos y una metoidioplastia, que se supone que hace que tu clítoris se vea como un pene pequeño. En realidad el mío no era lo suficientemente grande, solo un cuarto de pulgada. Acabé teniendo una vaginectomía. Entonces tuve una faloplastia. Tomaron piel de mis brazos. Las cicatrices aún son prominentes. Es un procedimiento muy serio y complicado y no sané fácilmente. Tuve que tomar antibióticos varias veces.

He tenido mucho asesoramiento, y he llegado a esta gran revelación de que me arrepentía de mi transición. Desearía poder volver a ser como era antes de que vi al doctor de género.

Pensé que iba a destransicionar, pero he decidido que no puedo hacerlo físicamente. Mi cuerpo no puede soportarlo. No estoy segura de si sobreviviría a todas las cirugías. Estaría luchando con mi cuerpo por el resto de mi vida. Tengo que aceptar mi cuerpo como es ahora. Por fuera la gente ve un hombre pequeño. Por dentro soy una niña traumatizada. Pero por primera vez me acepto. Solo desearía que me hubieran ayudado a aceptarme antes.

Thomasin, 20

Fui trans durante dos años y medio.

Cuando pensaba en crecer, todo era rosa o azul. Jugaba con Barbie y cosas rosas porque eso era lo que me daban. Probablemente habría jugado con los coches de juguete Hot Wheels de mi hermano si hubiera sentido que había elección. De la noche a la mañana, cuando tenía 13, todas las chicas comenzaron a usar maquillaje. Intenté encajar, pero realmente no quería hacerlo. Sentí como que yo había salido mal comparada con todas las otras chicas.

Sabía que no me sentía atraída sexualmente por los chicos y era obvio que me sentía diferente a las otras chicas. Entré a internet y encontré el término “asexual” en Tumblr. En la escuela nos enseñaron sobre ser gay, pero no recuerdo que el término lesbiana apareciera. Pensé que si no me gustaban los chicos entonces yo debía de ser asexual.

Recientemente encontré uno de mis primeras publicaciones en Tumblr, que iba algo así como: “No me gusta usar vestidos como a otras chicas, no quiero usar maquillaje, ¿podría ser agénero?” Apliqué cómo me sentía acerca de la sexualidad al género: no me gustan los chicos así que debe de ser asexual; no me siento como las chicas, así que debo de ser agénero.

Pronto me sentí confundida de lo agénero y no binario, y pensé que sería más sencillo decir que era un chico y decidí que era transgénero. Me uní a algunos grupos transgénero en Facebook.

Algunas personas trans mayores comenzaron a mandarme mensajes, lo cual, en retrospectiva, era bastante invasivo. Acababa de cumplir 16 y una persona con la que hablaba era un hombre en la cuarentena que se identificaba como mujer trans. No creo que estuviera bien que le hablara a una chica de 16 años de la manera en que lo hacía. Si le decía que tenía dudas acerca de ser trans, él decía que las dudas son normales y que debía ignorarlas.

Cuando tenía 16 decidí salir del armario como trans. Le di a mis padres una carta una mañana de camino a la escuela, básicamente diciendo ustedes me conocen como su hija pero soy su hijo, Percey, y necesito esto para sobrevivir. No se hagan una mala idea sobre ellos, pero enloquecieron. Mi papá se lo tomó de muy mala manera porque sentía que estaba perdiendo a su hija. Me preguntó porqué pensaba que era un hombre. Creo que ahora es interesante que no le pude dar una respuesta.

Investigaron en internet y leyeron que lo mejor era dejarme transicionar y apoyarme. Así que me ayudaron a que me enviaran a la clínica de identidad de género en el Reino Unido.

En internet hay muchas recomendaciones acerca de cómo portarte en tu reunión en la clínica de identidad de género para que consigas lo que quieres.

Con mucha presión fuí enviada a una clínica de género para adultos porque quería hormonas y una mastectomía. Sin embargo, para mi segunda cita decidí que no quería hormonas para nada. En aquel momento decía que no necesitaba hormonas para ser un hombre, pero creo que estaba asustada. Siempre tuve dudas acerca de ser un hombre trans. Pero ya sea que alguien me decía que era normal tener dudas o me lo decía a mí misma.

Aún quería una mastectomía—no querer tener senos nunca cambió—pero volví a ser no binaria. También quería una histerectomía. Tengo ciclos realmente malos, del tipo de tirarme al piso de dolor. Necesito tomarme un tiempo cada mes. Honestamente, pienso que el hecho de que odio mis periodos es parte de porqué sentí que era trans.

Me dijeron que podría estar esperando por meses. Me siento agradecida ahora de que no me hice la mastectomía, pero al mismo tiempo me autolesionaba y me sentía terrible.

No puedo explicar porqué cambié de opinión acerca de ser trans, pero algo así como de la noche a la mañana cuando tenía 18 me di cuenta de que podría querer tener hijos. No sé a qué atribuírselo—excepto tal vez a la edad y la madurez. Comencé a ver agujeros en mí siendo trans. Comencé a cuestionar todo de nuevo.

Entonces algunas palabras inesperadas salieron de mi boca: “necesito aceptar mi condición de mujer.” Fue tan extraño porque antes no podía decir la palabra mujer—solía hacerme sentir mal, pero simplemente cambió.

Mucha gente me ha dicho que nunca fui trans. Bueno, lo fui. Fui vista así por mi médico general, la clínica de identidad de género—la gente lo aceptó, cambié mi pasaporte, toda mi documentación.

Me siento mejor ahora respecto a mi cuerpo de mujer a como solía hacerlo. Pero no puedo darle la espalda a una vida entera de sentimientos en un año. Acepto mis senos ahora. Solía ser capaz de bañarme solamente una vez al mes cuando era trans porque odiaba mucho mi cuerpo. Ahora lo hago diario ¡y eso es una mejora!

He aceptado que me gustan las mujeres. Entiendo que hay gente con disforia de género severa, pero pienso que la mayor razón por la que las mujeres están transicionando es porque no pueden aceptar que son lesbianas.

Me hice el tatuaje de “Válido” cuando era no binaria para decir que yo me conozco lo mejor que se puede, soy válida. Sé que otras mujeres destransicionadas se arrepienten de las elecciones de cirugías y tienen todo mi respeto por todo por lo que han pasado, pero me alegro de que el tatuaje es lo peor con lo que salí de esto. Me gustaría pensar que técnicamente aún es aplicable: he aceptado que soy “válida” como mujer.

  • ¿Cuáles son los procedimientos médicos?

Transicionar

Transicionar es cuando alguien cambia su presentación de género y/o características sexuales para hacerlas coincidir con su sentido interno del género. Hay diferentes maneras de transicionar: social (cambiar tu nombre, pronombres, ropa), legal (cambiar el nombre legal, el género legal) y médica (tomar hormonas, cirugía). Por ley la gente no tiene que someterse a tratamiento médico o cambios físicos para calificar para un certificado de reconocimiento de género, aunque en la práctica los activistas dicen que el proceso es demasiado burocrático y “medicalizado”.

Una primera etapa en el proceso de “afirmación de género” es el asesoramiento. El tratamiento hormonal puede seguirle. De hembra a varón, tomar testosterona causa el crecimiento del cuerpo, de vello facial y hace la voz más grave. El clítoris puede agrandarse y la libido y el humor pueden alterarse. La grasa se irá de las caderas y muslos, los músculos se acumularán en brazos y piernas. Los periodos pueden volverse más pesados o irregulares antes de detenerse por completo cuando la testosterona detenga la ovulación o liberación de óvulos, aunque los efectos a largo plazo en la fertilidad son desconocidos.

Un siguiente paso puede ser una doble mastectomía para remover los senos, o reconstrucción del pecho. Los cirujanos también pueden llevar a cabo una faloplastia, donde un pene se elabora con piel (incluyendo grasa y nervios) de los antebrazos, el abdomen o de los muslos; o una metoidioplastia, donde el clítoris es liberado quirúrgicamente de las mebranas que lo mantienen en su lugar para darle una apariencia de un pene pequeño. Ambas cirugías pueden acompañarse de implantes testiculares.

Algunas personas pueden también elegir tener una vaginectomía para remover el canal vaginal y cerrar la abertura; una histerectomía (remoción del útero) y una ovariectomía (remoción de los ovarios). Estas son cirugías complicadas que generalmente se distribuyen a lo largo de un año a 18 meses.

Destransicionar

Destransicionar es detener o revertir una transición. Puede ser difícil dejar la testosterona, pues cambios radicales en los niveles hormonales pueden provocar ansiedad y depresión. La terapia de reemplazo hormonal puede ser requerida para mitigar el comienzo temprano de la menopausia.

Una mastectomía no puede ser revertida, aunque la cirugía cosmética puede ser una opción. Sin embargo será difícil conservar la sensibilidad total y el amamantamiento no será posible. La histerectomía, la ovariectomía y la vaginectomía son todas permanentes y no pueden revertirse.

Una faloplastia puede ser removida quirúrgicamente. La cirugía para crear una nueva vagina puede ser posible, pero requerirá cirugía abdominal. El clítoris debería permanecer aún intacto, pero habrá poca sensación de la vagina en sí.

Artículo original

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad