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Acto de la campaña Respeta mi sexo si quieres mi X, en Westminster, Londres. Fotografía: James Manning/PA.

Por Susanna Rustin.

Al respaldar las reformas de la Ley de Reconocimiento de Género para legalizar la autodeterminación del sexo legal, al defender los espacios no segregados por sexo y al responder de forma ridícula a la pregunta «Qué es una mujer», el Partido Laborista es incapaz de comunicarse claramente con los votantes.

Para Ruth Serwotka, el punto más bajo llegó el 13 de febrero de 2020. Estaba preparando un café cuando Lisa Nandy, entonces candidata al liderazgo del Partido Laborista, fue preguntada en la radio sobre Woman’s Place UK, la organización de base que Serwotka había ayudado a fundar tres años antes. «Lisa Nandy se negó a decir que no somos un grupo de odio. Fue cuando dejé el Partido Laborista. Hasta ese momento había estado decidida a quedarme, pero no estaba dispuesta a que me siguieran atacando y difamando».

Woman’s Place UK defiende los derechos de las mujeres basados en el sexo, incluidos los servicios dirigidos a un solo sexo, y es en parte responsable de convertir el apoyo a estos derechos en un movimiento social. Activistas como Serwotka creen que, puesto que la opresión de las mujeres se ha basado históricamente en el sexo, los derechos de las mujeres deben entenderse también como basados en el sexo, y estoy de acuerdo con ellas. Este punto de vista sitúa a las feministas como nosotras, también conocidas como críticas de género, en conflicto con los activistas a favor de los derechos de las personas trans y sus aliados, que creen que es la identidad de género y no el sexo lo que determina si se es hombre o mujer.

Desde el punto de vista jurídico, es correcto decir que la característica protegida de la reasignación de género abarca tanto a las personas que planean hacer la transición como a las que se han sometido a cirugía u otro tratamiento. Esto significa que el grupo de personas transgénero protegidas contra la discriminación en la legislación británica vigente no se limita a quienes han cambiado su sexo legal.

Pero el movimiento transactivista (que no se limita a las personas trans) quiere ir más allá, con una reforma de la ley ampliamente conocida como «autoidentificación» ya introducida en algunos países, que hace posible que una persona cambie su sexo legal sin un diagnóstico de disforia de género (como se conoce a la disconformidad de una persona con su sexo)

La recomendación de un comité parlamentario en 2016 de que el gobierno británico reformase la Ley de Reconocimiento de Género (GRA) con este fin, fue el antecedente de la creación de Woman’s Place UK. Pero es importante reconocer que la cuestión es más amplia que una ley. Las activistas que defienden los derechos basados en el sexo también empezaron a organizarse en respuesta a una realidad cambiante sobre el terreno, incluso para quienes proporcionan servicios dedicados a las mujeres, cuya causa ha sido un cambio cultural hacia un número creciente de personas que se autoidentifican como trans, incorporando a las personas no binarias y genderqueer, así como a las que sí quieren una transición médica.

En términos prácticos, lo que Woman’s Place UK y otros grupos buscaban era una mayor claridad sobre las disposiciones de la Ley de Igualdad conocidas como excepciones de sexo único. En ellas se establece cuándo es legítimo y proporcionado excluir a las personas con la característica protegida de reasignación de sexo (personas trans) de entornos de un solo sexo, como los deportes y los refugios para mujeres.

La Comisión de Igualdad y Derechos Humanos publicó el lunes nuevas directrices en este sentido, dos años después de que el gobierno británico anunciara que no reformaría el GRA. Las activistas a favor de los derechos de las mujeres basados en el sexo, en otras palabras, han conseguido parte de lo que querían (la situación es diferente en Escocia, donde Nicola Sturgeon planea introducir una ley de autoidentificación).

Pero la amargura por el trato que han dado los laboristas a estas mujeres se mantiene. Poco antes de la entrevista radiofónica que llevó a Serwotka a abandonar el Partido Laborista, Lisa Nandy, Angela Rayner y Dawn Butler expresaron su apoyo a una campaña que calificaba a Woman’s Place UK de «transfóbica», y pedía que sus partidarias fueran expulsadas del Partido. Dado que ni Rayner ni Nandy se han retractado de esta opinión, sigue siendo válido perguntarse si la primera fila laborista considera el activismo por los derechos basados en el sexo como una actividad legítima o aborrecible.

Las dificultades políticas relativas a estas complejas cuestiones no se limitan a los laboristas. También el gobierno se esfuerza por conciliar las reivindicaciones del activismo trans con los de quienes defienden los derechos de las mujeres basados en el sexo. Lo mismo ocurre con las autoridades deportivas. Las disputas de los últimos días en torno a la participación del ciclista transgénero Emily Bridges en las pruebas femeninas, y la decisión de los ministros de no llamar terapia de conversión a la ayuda de las personas con disforia debido a la preocupación por el creciente número de jóvenes que quieren transicionar, muestran el abanico de implicaciones políticas.

Pero el malestar de los laboristas ha sido especialmente agudo en las últimas semanas, cuando se ha pedido a un político tras otro que defina la palabra «mujer», y que responda a preguntas como «¿Puede una mujer tener pene?»

En un sentido legal la respuesta es sí, ya que la Ley de Reconocimiento de Género ha hecho posible que cualquiera cambie el sexo en su certificado de nacimiento sin pasar por el quirófano. Pero los altos cargos han expresado su preocupación por haber quedado en ridículo a ojos de los votantes con sus respuestas farragosas, y su incomodidad es fácilmente aprovechada tanto por los opositores como por los periodistas en busca de titulares. Este fin de semana se lanzó una campaña llamada Respect my Sex (Respeta mi sexo), que pretende convertir este tema en un asunto de interés en las elecciones locales.

La defensa de los derechos basados en el sexo

No está claro el efecto que tendrá. La conservadora Lisa Townsend, comisionada de Policía y Delincuencia, declaró recientemente que cualquier político que afirme que los votantes no le han preguntado sobre este tema «está mintiendo». Muchos miembros de la izquierda siguen sin prestar atención, insistiendo en que hay otras preocupaciones más importantes, como el aumento de las facturas de la calefacción y los recortes en las prestaciones. Pero las pasiones se disparan en cuestiones de identidad de género, y es fácil que aumenten. Rosalind Shorrocks, académica que estudia el género y la política electoral, afirma que los derechos de las personas trans y los basados en el sexo no figuran de momento entre las prioridades de los votantes. «Pero en unas elecciones, si los partidos adoptaran posturas diferentes y las hicieran parte de sus campañas, existe el potencial de que se vuelvan importantes».

Los datos de las encuestas, como todo en este debate, son discutidos. En términos generales, el público muestra un fuerte y alentador nivel de apoyo al principio de que las personas deben poder autoidentificarse y vivir como elijan. Sin embargo en 2020 una mayoría ya se oponía a facilitar el cambio de sexo legal de las personas, y a la inclusión de las mujeres transgénero en el deporte femenino.

Si los laboristas vuelven al gobierno, es posible que algunas de las cuestiones políticas se hayan resuelto. La semana pasada, Women’s Aid emitió una  declaración en defensa de los espacios segregados por sexo, al tiempo que subrayaba la necesidad de servicios para las personas trans.

La nueva guía de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos aclara la posición de los proveedores de servicios para un solo sexo, incluida la necesidad de tener en cuenta las necesidades de las personas transgénero y de equilibrarlas con las de los demás. El resultado de varios casos judiciales presentados por feministas críticas con el género que denuncian haber sufrido acoso o discriminación sentará importantes precedentes para empleadores y otros.

Muchas personas, entre las que me incluyo, creen que hay margen para el compromiso. De forma un tanto irónica, dado el actual nivel de acritud, la política laborista descansa actualmente en un compromiso que se alcanzó antes de las elecciones generales de 2019. Entonces, el apoyo a las excepciones del sexo único en la Ley de Igualdad se añadió a la política ya existente del Partido sobre la reforma de la Ley de Reconocimiento de Género .

Pero el tratamiento que los laboristas dan a los grupos de mujeres ha creado, en mi opinión, un grave problema. A pesar de los frecuentes lamentos sobre que el tema es «tóxico», y de los llamamientos de Keir Starmer a un debate «respetuoso», el hecho es que no hay ningún equivalente por parte del lado crítico con el género a la petición de la Campaña Laborista por los Derechos de los Transexuales de que se expulse a las mujeres del partido o a los repetidos ataques a la  diputada laborista crítica con el género Rosie Duffield.

Nadie se burla de los activistas LGBTQ+ llamándoles «dinosaurios», como hizo  David Lammy refiriéndose a las mujeres a favor de los derechos basados en el sexo. Y no hay prominentes proveedores de servicios LGBTQ+ a los que se les haya impedido unirse a los laboristas, como ocurrió con la activista feminista contra la violencia doméstica Karen Ingala Smith en 2020.

Puede que Serwotka haya abandonado el Partido Laborista, pero un grupo llamado Labour Women’s Declaration defiende los derechos basados en el sexo dentro del Partido, y también intenta acercar posturas dentro del partido. Actualmente, se sabe que entre 20 y 40 diputados laboristas son simpatizantes.

Espero que puedan convencer a los laboristas de que cambien su posición con respecto a los derechos de las mujeres basados en el sexo. No sólo porque esté de acuerdo con ellos. Sino porque no creo que sorprenda en absoluto que quienes votan se vuelvan en contra de los políticos que hablan enigmáticamente de las diferencias entre los cuerpos masculinos y femeninos, y se burlan de la defensa de las personas biológicamente femeninas como si se tratara de una reliquia de la prehistoria.

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