Vivimos en una época en la que palabras como «violencia», «odio» y «daño» se usan en abstracto, refiriéndose a sentimientos y posibilidades más que a la realidad literal. Así que cuando Trudeau habla de no «deshumanizar o herir deliberadamente», está hablando del «daño» de sentirse ofendido.

[…]  Kill TERFs’ es una declaración lanzada con impactante ligereza, dirigida a las mujeres que cuestionan la ideología de la identidad de género. Un número creciente de personas cree que la violencia contra sus adversarios políticos es aceptable. Muchos justificaron la violencia de las protestas de Black Lives Matter afirmando que fue perpetrada en nombre de los oprimidos. Si decidimos que la «ofensa» o los «sentimientos heridos» son tan peligrosos como la violencia física, acabamos teniendo miedo de desafiar o criticar las ideas y prácticas dañinas.

La noción de que es de suma importancia evitar «herir sentimientos» – ser tan amable e inclusivo y de mente tan abierta que no podamos impugnar las ideas y prácticas que de hecho causan un daño real a los demás es precisamente lo que ha llevado a los canadienses a adoptar sin críticas SOGI, una guía que instruye a los maestros en Columbia Británica y Alberta sobre cómo enseñar a los niños acerca de la ideología de la identidad de género.

«Todo el mundo tiene una orientación sexual e identidad de género», anuncia el sitio web del gobierno de BC, como si esto ya hubiera sido aceptado como un hecho indiscutible. Este programa está concebido como un medio para luchar contra la discriminación y el acoso, haciendo que el SOGI sea difícil de desafiar si solo te fijas en la superficie. Por supuesto que no queremos que los estudiantes gays y lesbianas sean objetivo de acoso en la escuela. Pero si miras de cerca los materiales de enseñanza del SOGI, encontrarás que a los estudiantes se les enseña mucho más que eso:

Cuando los bebés nacen, los médicos y los padres suelen decidir si el bebé es un niño o una niña. Sin embargo, no todo el mundo crecerá sintiéndose o identificándose como un niño o una niña», dicen los materiales de la escuela primaria.

Los estudiantes también deben ser instruidos para «buscar pistas» que les digan que un niño es realmente una niña. La planificación de una lección para los maestros les dice: «Pregúntenle a los estudiantes qué significa sentirse como un niño o como una niña». Una actividad sugerida para los estudiantes en una de las planificaciones de SOGI anima a los maestros a «pedir a todos que caminen por el aula y se presenten y se pregunten unos a otros cuáles son sus nombres y qué pronombres deben usar».

Al afirmar que este programa trata de asegurar que las aulas sean «inclusivas» y que los estudiantes se sientan «seguros, incluidos y con poder», los ciudadanos están convencidos de que están haciendo algo amable y bueno – evitar el «daño». En realidad, estamos adoctrinando a los niños en una ideología loca y anti-científica que hará que las niñas y las mujeres pierdan sus espacios, su privacidad, sus derechos y sus límites. Los médicos y los padres no deciden qué bebés son niños y cuáles son niñas. La biología decide. Y sugerir que puede haber «pistas» que prueben que un niño es en realidad una niña significa buscar el estereotipo: ¿prefiere muñecas y vestidos? ¿Es sensible? ¿Le gusta bailar, no es rudo con los chicos?

Ser un niño o una niña no es un «sentimiento»: es un hecho, y no sirve de nada confundir a los niños de esta manera.

Más preocupante: Canadá está actualmente en el proceso de impulsar el proyecto de ley C-6, una legislación que, de ser aprobada, criminalizaría la terapia de conversión. La «terapia de conversión», para la mayoría, implica la práctica anticuada de tratar de convertir a los homosexuales en heterosexuales. Pero en este caso, el proyecto de ley C-6 se ha topado con la «identidad de género». Esto criminalizará a los terapeutas y profesionales médicos que no adopten el enfoque ‘afirmativo’ a los niños identificados como ‘transgénero’. En otras palabras, aquellos que no «afirmen» la recién proclamada «identidad de género» de un niño (encaminándolos a una vía de transición que incluye bloqueadores de la pubertad, hormonas y cirugía) podrían ser culpables de un delito penal.

Este tipo de legislación debería aterrorizarte. Ni la vida ni el cuerpo de ningún niño debería ser destruido de esta manera; son demasiado jóvenes para entender las consecuencias a largo plazo de los bloqueadores de la pubertad y el tratamiento con testosterona.

Los menores no están preparados para decidir que no van a querer reproducirse, tener pechos, pasar por la pubertad (una parte necesaria para desarrollarse adecuadamente) o disfrutar del sexo como adultos – todas ellas consecuencias de los bloqueadores de la pubertad y las hormonas que se dan a los llamados «niños trans».

 A ningún niño se le debe decir que por no ajustarse a los roles sexistas de género no debe ser «realmente» del sexo que es. Ningún adulto debería imponer ideologías basadas en la fe a los niños, como la idea de que es posible tener un «cuerpo equivocado» o que existe algo así como ser un hombre en el exterior pero una «mujer» en el interior. Pero debido a que la «identidad de género» se ha mezclado con la orientación sexual en el arco iris de los LGBTQ para señalar a cualquiera que no apoye el activismo trans sin cuestionar como «odioso» y «dañino», muchos canadienses bien intencionados han sido engañados.

Los canadienses son famosos por ser educados, pero nos hemos vuelto demasiado educados para nuestro propio bien. Nuestra amabilidad ha dadp un giro oscuro cuando no apoyamos la libertad de expresión de manera inequívoca; nos negamos a oponernos a doctrinas perjudiciales y sin sentido; y amenazamos con criminalizar a los profesionales que se sienten preocupados por la tendencia a ver a miles de niñas de toda América del Norte cortarse los senos sanos y tomar drogas que las esterilizan. Nuestra mentalidad abierta y el temor a causar «ofensas» nos ha llevado a adoptar políticas en todo el país que permiten que los hombres sean trasladados a cárceles de mujeres, compitan en el deporte contra mujeres y niñas y entren en casas y refugios para mujeres.

Nuestro deseo de evitar sentimientos heridos está poniendo en peligro a personas reales. Hemos empezado a perseguir a la gente por compartir puntos de vista impopulares. Tal vez sea hora de defender nuestro derecho a «ofender», no sea que terminemos en una sociedad que protege los sentimientos sobre la vida, la libertad y los derechos constitucionales. La verdad no siempre es cortés, pero es imperativa.

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