No hay manera justa de incluir a personas que han pasado por la pubertad masculina en el deporte de competición femenino. Las mujeres siempre estarán en desventaja. Por eso existe una categoría separada para el sexo femenino en la mayoría de los deportes. Este es el resumen de la valoración que la organización Fair Play For Women hace de las nuevas directrices del Comité Olímpico Internacional en relación con la participación de deportistas transgénero en las categorías deportivas femeninas.

En las nuevas directrices del COI relativas a los deportistas transgénero, publicadas el 16 de noviembre, destaca Fair Play For Women que se ha eliminado el requisito de supresión de la testosterona. Ahora afirma el COI que los «tratamientos médicos innecesarios» ya no deben exigirse para cumplir con los criterios de elegibilidad.

Estamos de acuerdo, afirma FPFW, en que obligar a los varones a suprimir la testosterona es una mala idea. Los cuerpos masculinos la necesitan, por lo que suprimirla puede ser arriesgado para su salud y no se consigue reducir casi nada la importante ventaja de rendimiento que otorga la pubertad masculina. Siempre fue un falso apaño. Por tanto, es correcto que el COI la haya descartado.

 

Según el COI, el hecho de ser varón no tiene ninguna relevancia para poder participar en las categorías femeninas

 

Los organismos rectores del deporte en el Reino Unido disponen ahora de dos series distintas de directrices que tener en cuenta. La nueva guía del Grupo de Igualdad de los Consejos Deportivos también concluyó que la supresión de la testosterona no tenía sentido. Sin embargo, a diferencia del COI, no perdieron de vista las implicaciones: no hay manera justa de incluir a personas que han pasado por la pubertad masculina en el deporte de competición femenino. Las mujeres siempre estarán en desventaja. Por eso existe una categoría separada para el sexo femenino en la mayoría de los deportes.

El COI afirma que ha tomado nota de los resultados del Grupo de Igualdad de los Consejos Deportivos del Reino Unido. Cuesta ver de qué forma. Las nuevas directrices del COI han abandonado la ciencia y afirman que no debe haber «ninguna presunción de ventaja».

«Ningún deportista debe ser excluido de la competición por el motivo exclusivo de una ventaja competitiva injusta no verificada, supuesta o percibida, debido a sus variaciones sexuales, apariencia física y/o condición transgénero».

¿Qué significa esto? Pues que el hecho de ser transgénero ya no tiene ninguna importancia para la elegibilidad deportiva. Nadie discute que no necesitamos clases separadas para mujeres y hombres (o abiertas). Sin estas, las mujeres apenas tendrían cabida. Sin embargo, el COI dice que nacer varón no es un factor que deba tenerse en cuenta.

La «condición transgénero» permitiría a un varón competir como mujer a pesar de que existe una enorme ventaja, que va desde el 10%, en carrera y remo, hasta el 35 % en halterofilia. Esta ventaja es independiente de la identidad de género. Sería risible, si no fuera tan decepcionante, que el COI haya desechado los paños calientes de la supresión de testosterona para acabar en la autoidentificación.

¿Y ahora qué?

El problema al que nos enfrentamos ahora es que el statu quo en el Reino Unido es, en efecto, la autoidentificación. Si se analiza la política de inclusión de personas transgénero de casi cualquier órgano rector nacional (con la notable excepción del boxeo), se verá que, en Reino Unido,  la postura por defecto es que nadie puede cuestionar el derecho de un varón a afirmar su condición de mujer y competir como tal. Independientemente de lo que diga la normativa sobre la necesidad de declarar un nivel de testosterona, o la intención de vivir como mujer, la realidad sobre el terreno es, de manera sistemática, la autoidentificación sin restricciones.

US Powerlifting, en 2019, y más tarde World Rugby, en 2020, se atrevieron a plantear y responder las preguntas que estas evidentes realidades biológicas suponen para el deporte. En septiembre de 2021 los Consejos Deportivos del Reino Unido publicaron su revisión exhaustiva de las pruebas científicas. Llegaron a la conclusión de que no era posible «equilibrar» la inclusión de las personas transgénero en la categoría de deporte femenino con la equidad —y en algunos deportes, la seguridad— para las mujeres. El informe iba acompañado de nuevas directrices que proponen alternativas, como las categorías abierta y femenina. También señalaba que la gente del ámbito deportivo se sentía silenciada al respecto.

Esta información debería llevar a todos los órganos rectores nacionales a revisar sus políticas actuales. Las normas de elegibilidad basadas en la testosterona han sido desacreditadas. No hay una fórmula mágica para lograr los tres resultados deseados de inclusión, seguridad y equidad. Los órganos rectores tienen ahora que elegir. ¿Siguen el ejemplo del COI y abandonan el deporte femenino? ¿O siguen el enfoque basado en la evidencia de los Consejos Deportivos para la elaboración de políticas?

¿Decidirán defender la integridad del deporte restableciendo una verdadera categoría de sexo femenino para garantizar la equidad de las mujeres en su deporte y abordar nuevas formas de acoger a las personas transgénero en el deporte?

Ahora mismo estamos muy atareadas escribiendo a todos los órganos rectores del Reino Unido para pedirles que analicen su política. Los distintos deportes tendrán que rendir cuentas de las decisiones que tomen a continuación. Será fácil comprobar qué deportes, si es que hay alguno, valoran realmente el deporte femenino.

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