XX es una red feminista liderada por jóvenes de una amplia gama de orígenes. Creemos que la libertad de reunión, asociación, opinión y expresión son principios fundamentales de la liberación de la mujer.

Nos hemos enterado de un artículo en el sitio web oficial de la Universidad de Edimburgo en la sección de Igualdad, Diversidad e Inclusión titulado  ¿Qué es la transfobia?…una pieza política que promueve argumentos ideológicos altamente controvertidos como si fueran hechos indiscutibles … Parece que la posición acordada por la Universidad es que cualquier persona que argumente que las mujeres deberían tener derechos relacionados con el sexo, tal como está consagrado en la Ley de Igualdad, es transfóbico, y su deseo de estudiar, investigar, debatir y defender sus derechos debería ser considerado tan inaceptable como defender el racismo o la homofobia

Desafortunadamente, muchos estudiantes no se sienten capaces de refutar abiertamente las opiniones expresadas en el artículo como resultado de la intimidación dirigida hacia quienes tienen puntos de vista “críticos de género”. En 2019, Julie Bindel fue agredida en el campus después de dar una charla en un evento universitario sobre sexo y género. Previamente, se había acusado a las conferenciantes de tener «un historial de transfobia» . Muchas mujeres en el campus son testigos de sucesos como este y se autocensuran por temor a represalias. Al publicar este artículo y respaldar los puntos de vista que expresa, la universidad hace que sea aún menos probable que las estudiantes y el personal femenino se sientan protegidas al defender nuestros derechos legales.

El documento (en la web de la universidad) comienza con una definición de transfobia: “La transfobia es el odio, el miedo, la incredulidad o la desconfianza hacia las personas trans y no conformes con el género”. Esta definición es amplia y se extiende hasta el punto de incluir las creencias. ¿Qué significa «incredulidad» en este contexto y cómo se compatibiliza con la libertad de pensamiento y de expresión que preconiza la universidad de Edimburgo?

El autor del artículo sugiere la existencia de tres géneros; muchos defensores de la teoría de la identidad de género llevan esto aún más lejos y defienden la existencia de cientos. Estas son teorías contenciosas y no probadas que son rechazadas por muchos en diversos campos de todo el espectro político.

La “incredulidad” no es evidencia de prejuicio, es evidencia de libertad de pensamiento y expresión.

El autor continúa afirmando que ha habido un “resurgimiento de la transfobia” vinculado a las propuestas del gobierno para reformar la Ley de Reconocimiento de Género (GRA) pero no menciona el hecho de que estas propuestas fueron acompañadas de consultas en las que se invitó al público a expresar sus opiniones. Las medidas propuestas correctamente identificadas como “autoidentificación” permitirían a las personas cambiar el sexo en su acta de nacimiento mediante un proceso administrativo, eliminando el requisito actual de un diagnóstico médico y la supervisión de un panel de especialistas… El GRA describe las consecuencias de obtener un GRC de la siguiente manera:

«Una vez que se emite un certificado de reconocimiento de género  a un solicitante, el género  de la persona se convierte, a todos los efectos, en el género adquirido, de modo que un solicitante que nació como hombre, según la ley, se convertiría en mujer para todos los propósitos». [Nota: donde dice género, debe leerse «sexo»]

La Ley de Igualdad (2010) especifica excepciones en las que una persona con la característica protegida de “reasignación de género” puede ser excluida de los espacios y servicios para un solo sexo en caso de que se considere un «medio proporcionado para lograr un objetivo legítimo». Con frecuencia se demoniza a las mujeres como transfóbicas por señalar que en algunos casos existen conflictos de derechos derivados de las dos leyes y por pedir que esos conflictos sean explorados y resueltos. En «¿Qué es la transfobia?», las «preocupaciones razonables» de las mujeres (las preocupaciones sobre la redefinición colectiva de su categoría social y legal tienden a ser razonables) son descritas por el autor como «una forma de limitar los derechos y marginar a las personas trans y no binarias».

Se presupone el “derecho” a la autodeterminación, mientras que las preocupaciones de las mujeres se retratan como hostiles y se descarta el derecho de las mujeres a hablar sobre los temas que les afectan.

Más adelante el artículo recurre al mito de que las feministas están demonizando a las personas trans al “distorsionar las estadísticas de la violencia masculina para insinuar que es una característica de las mujeres trans”. Como señaló la Dra. Kathleen Stock en su presentación al Comité de Mujeres e Igualdad (WEC): No hay razón para pensar que, una vez que te identificas como mujer, estás menos sujeto a las generalizaciones estadísticas que se aplican al sexo masculino (en relación a las mayores tasas de criminalidad en hombres que en mujeres)

No se puede descartar la posibilidad de que este sistema esté abierto a abusos y es importante que se evalúen los posibles riesgos antes de continuar. Es más que probable que las mujeres vulnerables en refugios, albergues y prisiones no estén en condiciones de presentar casos de prueba.

Cuando las mujeres se oponen a los varones natales en sus espacios, James Morton, de la Scottish Trans Alliance, ha argumentado que deberían ser » educadas » para que consientan.

En 2017, Fair Play for Women publicó un informe, ya confirmado por el Ministerio de Justicia, que reveló que el 41% de los presos trans eran delincuentes sexuales, mientras que el 19% de todos los presos están cumpliendo condena por un delito sexual.

Otra afirmación clave en el artículo es que se está difundiendo «información errónea» para crear miedo y pánico moral «sobre los servicios de identidad de género. Eso es falso. El Servicio de Identidad de Género (GIDS) de Tavistock y Portman NHS Trust ha experimentado un aumento exponencial en las mujeres jóvenes que se presentan a la clínica durante los últimos veinte años. Estas cifras están disponibles públicamente en su sitio web .

Un número creciente de “detransicionistas” sienten que los médicos los empujaron a tomar la decisión de hacer la transición sin tener en cuenta los factores subyacentes como la salud mental.

El rápido aumento en las derivaciones de adolescentes, las fallas de salvaguarda y la base de evidencia deficiente para este tratamiento experimental han sido bien documentados. No se trata de «desinformación» o «pánico moral».

El autor no proporciona ninguna referencia para respaldar sus afirmaciones y, sin embargo, hace la afirmación audaz de que la transfobia, que ha descrito como cualquier argumento a favor de mantener el sexo biológico como categoría política, es similar al racismo u homofobia. En otras palabras, parece que la posición acordada por la Universidad es que cualquier persona que argumente que las mujeres deberían tener derechos relacionados con el sexo, tal como está consagrado en la Ley de Igualdad, es transfóbico, y su deseo de estudiar, investigar, debatir y defender sus derechos debería ser considerado tan inaceptable como defender el racismo o la homofobia. Muchas de las mujeres que expresan opiniones como las que se describen brevemente en esta declaración son ellas mismas lesbianas y cumplirían con la definición de trans de la universidad: «elegir vestirse con la ropa que normalmente usa el otro sexo».

[…] sugerimos que los gerentes universitarios investiguen cómo llegó a publicarse el artículo en su forma actual y tomen las medidas necesarias para evitar que vuelva a ocurrir.

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