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El anuncio de que una pareja de varones se han autoidentificado como «lesbianas» se difunde sin censuras y es aplaudido por los medios. En paralelo, las lesbianas de la India son estigmatizadas, violadas como correctivo y empujadas al suicidio. Parece que a ellas sí se las percibe como una amenaza al orden patriarcal.

La semana pasada, dos hombres transidentificados del estado más «progre» de la India, Kerala, afirmaron ser la primera pareja de «translesbianas» del país. Los medios calificaron el anuncio de «decisión rompedora para la comunidad LGBTQ+ del estado». Según el reportaje, «ya se lo están comunicando de manera oficial a todo el mundo. Aún no han decidido si se casarán, pero tienen el deseo de convertirse en la mejor pareja trans del mundo y quizá criar un hijo algún día»…

Aparte de lo mucho que me molesta que dos hombres se llamen a sí mismos «lesbianas», no podrían casarse aunque quisieran, porque el matrimonio gay no es legal en este país homófobo. Y es que hasta 2018 no se despenalizó el artículo 377 del Código Penal colonial británico, que criminalizaba todos los actos sexuales «contra el orden de la naturaleza». El matrimonio entre personas del mismo sexo, la herencia de bienes y los derechos civiles aún no han conseguido aprobación legal. Pese a los intentos de los colectivos activistas, el Gobierno central se opone al matrimonio igualitario, ya que «no es comparable al concepto de unidad familiar indio».

A principios de este mes, cuando dos mujeres lesbianas pidieron al Tribunal de Allahabad que reconociera la legalidad de su matrimonio, el Tribunal lo rechazó y afirmó que cualquier interferencia judicial causaría «un auténtico caos en el delicado equilibrio de las denominadas leyes personales» (derecho de familia de la India).

Mientras que las lesbianas y las mujeres no conformes con el género siguen enfrentándose a la estigmatización y la violencia, los liberales y las empresas indias llevan tiempo apostando por la transición como respuesta.

Los medios de comunicación, que andan muy desorientados, ensalzan la unión de dos hombres (muy probablemente con homofobia interiorizada) como un paso revolucionario hacia una sociedad que acepte a las lesbianas. La realidad no podría estar más lejos de tal delirio.

En cuanto a lo de «criar un hijo algún día», he escrito mucho sobre las leyes relativas a la adopción y los vientres de alquiler en la India. Los transactivistas pretenden que una «identidad de género femenina» sea suficiente para reivindicar «ser mujer», y creen que hay que descartar cualquier tipo de salvaguarda establecida para proteger a las poblaciones vulnerables de los varones, ya que, al fin y al cabo, son “mujeres”.

El término «translesbiana» no es nuevo para mí. Hace años, cuando se produjo mi proverbial «cancelación«, un hombre indio que se autoidentifica como «translesbiana» en su biografía se quejó de la amenaza que soy para la «comunidad trans». No quiero dignificar su pantomima nombrándolo, pero es conocido por su exaltación de la pornografía y sus viles y repulsivas peroratas fetichistas son bienvenidas en revistas online «liberales» alojadas en Medium (donde se ha vetado a usuarias simplemente por reivindicar la importancia del sexo biológico a la hora de proteger a las mujeres).

Escribe sobre cómo se masturba viendo «mujeres con pene» y asegura que «el porno le enseñó que está bien ser una chica». Resulta muy gracioso que esta declaración se convirtiera en un póster que se difundió por los círculos progresistas de las redes sociales indias, que es donde me enteré por primera vez de sus frívolas y misóginas opiniones. Quienes tengáis tiempo y estómago, escribid cualquiera de las anteriores combinaciones de frases y llegaréis a sus posts. No me sale de dentro poner el enlace a esa basura. Así que cuando me llegó la citada noticia a la bandeja de entrada, me pregunté si podría tratarse de este enfermo del porno y de una mujer «queer». Tal vez el hecho de masturbarse o escribir críticas sobre películas porno se interpuso en el camino. Ah, y hay miles de hombres como/peor que él; el subreddit «Indian sissy» es prueba suficiente de ello. Una vez más, no dudéis en googlearlo si os atrevéis.

Incluso antes de la llegada de la actual «ideología generista», la pornificación y la fetichización del lesbianismo han provocado una enorme vergüenza entre las mujeres a la hora de expresar abiertamente su sexualidad.

El apartado «lésbico» es muy popular en todos los sitios web de pornografía y se sabe que los hombres son los mayores consumidores. En la industria cinematográfica india, el recurso de la atracción entre personas del mismo sexo se ha utilizado para excitar al público, aunque la trama no tenga absolutamente ninguna relación con ello. Incluso en las películas que afirman tratar sobre mujeres atraídas por el mismo sexo, cualquier escena íntima se recorta y se utiliza como carnaza para la masturbación. La película ‘Fire‘ (1996), de Deepa Meht, aún se utiliza en los círculos indios como un insulto; la estrecha amistad de dos mujeres es motivo de burla y se trata como un mero «momento fogoso», ¡como una «broma» con carga sexual!

Para recapitular: Kerala es un estado que lo ha dado todo por ser «transinclusivo». Apoyo sin reservas brindar oportunidades de educación y empleo para los hombres afeminados que acaban siendo rechazados por sus familias. No se me debería confundir con alguien que no está al tanto de su lucha por ser aceptados como varones no conformes.

Sin embargo, pongo el límite cuando estos hombres se postulan como víctimas de la misma manera —si no, peor― que las mujeres. Me opongo a esta saga hacia el abismo de las olimpiadas de la opresión, donde los hombres exigen la autoidentificación, vulneran los espacios de las mujeres o los derechos duramente ganados con las medidas afirmativas y reclaman el puro privilegio de llamarse «madres«.

Esta peculiar pareja de Kerala que sale en las noticias responde a los nombres de Sruthy Sithara y Daya Gayathri, ambos de 20 años, y son voces bastante conocidas entre los círculos transactivistas del estado. Sruthy Sithara fue uno de los beneficiarios de las medidas estatales para fomentar el empleo de las personas transgénero. Trabajó como asistente de proyectos para el Departamento de Justicia Social del gobierno de Kerala. Pero su timeline de Instagram parece implicar un cambio de carrera como modelo, rebosante de los beneficios financieros que otorgan los avales de las marcas y la friolera de 116 000 seguidores. Debió de ser justo después de que lo coronaran «Miss Trans Global 2021», también una hazaña que, al parecer, era primicia en la India.

Su amante «lesbiana» es modelo y artista de teatro. En otro artículo se afirma que: «Ella (sic) desfilará en la Semana de la Moda de Kozhikode». Es increíble que, en ambos casos, estos hombres no solo se disfrazaron de «mujeres», sino que optaron por una industria que hipersexualiza y cosifica activamente a las mujeres. Así que, en cierto sentido, ser «modelo» en una sociedad india sexista tipifica a una mujer de hoy en día, ¿no? Si el passing se suele ver como la meta de los hombres transidentificados, me imagino que dos «modelos» que lucen palmito en la pasarela se sentirán obnubilados con la idea de ser una pareja «lesbiana».

¿Dónde están las mujeres de la India que se sienten atraídas por su mismo sexo?

Corría el año 1987 —mucho antes de que la policía pronominal gritase «¡violencia!» por una uña del pie rota—, cuando dos mujeres lesbianas de la India fueron sometidas a violencia institucional sin recurso posible. Lila Namdeo y Urmila Srivastava, mujeres policías del 23.º batallón, destinado en Bhopal, se casaron en una solemne ceremonia celebrada en un templo con el apoyo de sus familiares y amistades. Cuando se corrió la voz, un indignado inspector general, Narendra Virmani, ordenó la inmediata suspensión de ambas mujeres del servicio de policía. Los informes recogen que las encerraron en celdas durante 48 horas y luego las dejaron tiradas sin miramientos en la estación de tren de Bhopal alrededor de la medianoche. Los medios de comunicación hicieron el agosto dando detalles del suceso en tono humorístico, negando la validez de la voluntad de dos mujeres para enamorarse y formalizar su unión romántica. ¡¿Cómo se atrevieron a que en su relación no entraran hombres?!

Son varias las mujeres lesbianas que se han unido y han creado grupos de apoyo en distintas partes del país para organizarse contra esa intolerancia. Por mucho que me fastidie que las mujeres tengan que llamarse a sí mismas en jerga iluminada e incluir a los hombres en su activismo, no deja de ser admirable lo que algunos de estos grupos han logrado. Uno de ellos es LABIA (Lesbianas y Bisexuales en Acción) que, en 2015, cumplió 15 años de su insigne labor ofreciendo apoyo legal, espacios seguros y compañerismo a mujeres lesbianas y bisexuales. El grupo sacó a la luz la difícil situación de las mujeres lesbianas en la India mediante proyecciones de películas, protestas y campañas. «Ya no es un acrónimo; nos describimos como un colectivo LBT feminista queer», comenta Shals Mahajan, una de las primeras integrantes del grupo. Ahora tienen mujeres que transicionan a «hombre» y sospecho que también a hombres que transicionan a «mujer». Las historias de las mujeres lesbianas también suelen quedar eclipsadas dentro de los círculos «LGBT». «Nuestros problemas y necesidades son diferentes. Por un lado, la salud sexual no es una preocupación tan importante entre las mujeres homosexuales. El movimiento por los derechos de los gais cobró impulso en los años 90 porque el VIH/SIDA era una gran preocupación. Pero las voces de las mujeres fueron acalladas», comenta Chayanika Shah, miembro de LABIA.

Incluso en 2022, mientras escribo este artículo, las violaciones correctivas o la tasa de suicidios entre las mujeres atraídas por el mismo sexo son descomunales. Es lamentable que el movimiento indio de liberación/derechos de los homosexuales haya sido capturado por la «ideología generista», donde (¡sorpresa!) los transactivistas se han plantado en medio.

La comunidad «trans» hace presión para que las nocivas prácticas de la terapia de conversión, la violación correctiva para «curar la enfermedad» a la que se enfrentan los homosexuales, sea una agenda «antitrans». [Pretende la comunidad trans que cualquier ayuda psicológica a personas con disforia sea considerada terapia de conversión]

Sin condonar la violencia de ningún tipo, quiero señalar que el acceso a las intervenciones psiquiátricas para explorar la dismorfia corporal no es lo mismo que la terapia de conversión para «curar» a alguien de su atracción por el mismo sexo. A no ser, claro está, que la persona en cuestión sea gay, y se lo niegue a sí mismo para decir estar en el «cuerpo equivocado». La decisión del secretario de Sanidad del Reino Unido de actuar con cautela en lo que respecta a la terapia de conversión para «jóvenes trans» fue recibida con escarnio y una serie de boicots, incluso cuando los expertos trataron de señalar los beneficios del tratamiento para la dismorfia corporal.

Violencia y agresiones a mujeres lesbianas

En un artículo titulado «La naturaleza de la violencia a la que se enfrentan las mujeres lesbianas en la India», de Bina Fernandez y Gomathy N.b, se recogen varios puntos excelentes sobre la condición única de las lesbianas en la India y, por lo tanto, la violencia estratificada (física, emocional y sexual) que se ejerce contra ellas. Me gustaría incluir algunos extractos que condensan adecuadamente la situación.

«La raíz epistémica de la violencia a la que se enfrentan las lesbianas está en la negación de su propia existencia en la sociedad india. El lesbianismo suele describirse como una «importación occidental», supuestamente limitado a la élite urbana de la sociedad india. Sin embargo, las pruebas indiscutibles del amor entre personas del mismo sexo en diferentes contextos históricos en la India, así como el creciente número de noticias que nos llegan de aldeas y zonas rurales sobre mujeres que intentan casarse con otras mujeres, son hechos que contradicen estas reiteradas negaciones de la existencia de las lesbianas».

«En una sociedad patriarcal en la que la heterosexualidad obligatoria y el control sobre la sexualidad de la mujer son la norma, la posición de las lesbianas está indisolublemente ligada a la situación de la mujer en la sociedad. Con independencia de la orientación sexual, la libertad sexual de una mujer suele estar supeditada a su independencia económica. En la India, las opciones sexuales de las mujeres están limitadas: el matrimonio es obligatorio y las mujeres rara vez tienen voz en la elección de la pareja, en la naturaleza y la frecuencia de los contactos sexuales, el número de hijos e intervalo entre partos, etc. Estudios recientes han demostrado que las mujeres denuncian una mayor incidencia de la violencia machista en las relaciones sexuales, sobre todo por su rechazo al contacto sexual. En un contexto tan heteropatriarcal, que una lesbiana reivindique su sexualidad resulta complicado por partida doble, incluso potencialmente peligroso. Una mujer que mantiene relaciones íntimas con otra mujer desafía implícitamente el control masculino sobre su vida sexual y suele ser objeto de una violenta misoginia. Esto no quiere decir que otras mujeres no se enfrenten a la violencia misógina, sino que cuando las mujeres lesbianas «transgreden» los límites patriarcales de la sexualidad, el motivo de la violencia es diferente.

La violencia que sufren las mujeres lesbianas es violencia de género (sic), no solo por ser mujeres, sino también porque está dirigida específicamente a controlar su autonomía sexual. Por lo tanto, para las lesbianas, vivir libres de violencia se vincula de forma estrecha a la cuestión de la autonomía sexual para todas las mujeres».

Las mujeres que participaron en este estudio explicaron con dolorosos detalles los traumas que sufrieron a causa de su sexualidad. De su análisis, no obstante, se desprende un resumen alentador: «incluso cuando las mujeres experimentaron consecuencias extremadamente adversas de violencia física, pasaron por la expulsión de la familia y el hogar, o la vergüenza y censura pública, fueron persistentes en su resistencia y en sus intentos por buscar apoyo y validación. Resulta significativo que ninguna de las mujeres del estudio expresara su voluntad de cambiar su deseo por otras mujeres».

Historias como la de las mujeres policías que desafiaron el statu quo en la India de los años 80 son escasas. Muchas no tienen el sistema de apoyo para aguantar esa violencia permanente y acaban suicidándose. O, dado el clima actual, acaban optando por transicionar. El tema recurrente del maltrato a las mujeres atraídas por el mismo sexo sigue estando profundamente arraigado en el maltrato a las mujeres en general. Sappho, un grupo LBT fundado en 1999 confirma este fenómeno. «En un caso, cuando el padre y la madre se enteraron de la orientación de su hija, consiguieron que un sociópata entrara en su habitación por la noche para agredirla sexualmente y luego casarse con ella. Pensaron que eso era mejor que ser lesbiana. En otro, el hermano de una chica le exigía favores sexuales a cambio de guardarle el secreto. Harta de ser violada, aceptó casarse, pero finalmente se suicidó. ¿Y cómo se separa esto del patriarcado?» pregunta Malobika, cofundadora de Sappho. Con un caso de violación cada 16 minutos en la India, la violencia contra las lesbianas se inscribe en esta pesadilla.

Estos son algunos de los casos de suicidio:

15 de octubre de 1988. India Today: Gita Darji y Kishori Shah, de Meghraj (Gujarat), enfermeras del hospital local, acabaron con su vida en las dependencias del centro porque no podían soportar la separación que iba a imponerles el hermano de Gita tras el matrimonio de esta.

14 de enero de 1995. Matrubhoomi: Gita (22) y Saija (16) decidieron fugarse para después suicidarse.

6 de agosto de 1996. Sameeksha: dos chicas de familias campesinas se suicidaron ahorcándose en la isla de Vypeen, cerca de Cochin.

Noviembre de 2000. Lokmat: dos mujeres jóvenes del distrito de Gadchiroli se suicidan juntas saltando a un pozo.

Febrero de 2011. The Telegraph: Swapna y Sucheta se suicidaron y sus cuerpos fueron recuperados en los campos de Nandigram, Bengala Occidental. Nadie reclamó los cuerpos, que fueron incinerados juntos en una pira sin que nadie los llorara.

Mayo de 2020. The News Minute: Anjana, una mujer bisexual, fue llevada a la fuerza por su familia a dos «centros de desintoxicación» y obligada a tomar una fuerte medicación. Decidió ahorcarse.

Primero maltratan a las mujeres, luego dicen aliarse con ellas y ahora quieren convertirse en mujeres, una señal reveladora de un mundo distópico en el que la mujer no es más que una prenda para que los hombres la desgarren y la adornen como fachada.

Las palabras tienen un significado y los «sentimientos» no justifican ninguna licencia para modificarlo. Los hombres nunca podrá ser mujeres; dos hombres que dicen ser mujeres nunca podrán ser lesbianas. Las mujeres son hembras humanas adultas y las lesbianas son mujeres atraídas por su mismo sexo. Ni toda la luz de gas propagandística nacional puede alterar esa realidad. Nuestra situación en este país es funesta y el lobby trans trata de imponer otra forma de borrado de las mujeres. Primero las maltratan, luego dicen aliarse con ellas y ahora quieren convertirse en mujeres, una señal reveladora de un mundo distópico en el que la mujer no es más que un atuendo que los hombres hacen trizas o con el que se engalanan.

Vaishnavi Sundar es cineasta, escritora y activista por los derechos de la mujer. A través de sus películas ha defendido los derechos de las mujeres basados en el sexo. Por este posicionamiento, se han cancelado muchas proyecciones de sus películas.

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