PREGUNTAS FRECUENTES

Este es un tema denso, complicado y que abarca muchísimos ámbitos de la vida. También es un tema delicado para muchas personas. Por eso hemos recopilado algunas de las dudas que surgen más frecuentemente, para que quede muy claro a todo el mundo cuáles son nuestros objetivos y qué es lo que estamos reivindicando.
Esta sección se irá ampliando poco a poco, así que si tienes alguna pregunta o sugerencia, te animamos a que te pongas en contacto con nosotras.

Sobre Nosotras

¿Sois tránsfobas?

Rotundamente no. Ni tenemos miedo ni un odio irracional a las personas que se identifican como trans. De hecho, no tenemos ningún problema con ellas y, por descontado, creemos que merecen una vida libre de discriminación y en la que se les garanticen los mismos derechos humanos y civiles que al resto de la población. Nuestro problema es cómo las teorías que defiende el transgenerismo perjudican a las mujeres. Eso es lo que combatimos. ¿Llamarías islamófoba a una persona que critica los preceptos retrógrados y misóginos del Islam? ¿Y catolicófoba a quien protesta las ideas machistas, homófobas y dañinas del catolicismo? Pues eso.

¿Por qué vuestras opiniones se parecen tanto a las de la derecha religiosa?

No se parecen. De hecho, nuestros objetivos son radicalmente opuestos. Por un lado, nosotras aspiramos a una educación laica, en igualdad para la infancia, libre de estereotipos y roles sexuales, en la que niños y niñas tengan la posibilidad de desarrollar libremente su personalidad y sin ajustarse a roles sexistas. La libertad que promovemos, al contrario de las rigideces del integrismo religioso, implica el rechazo a la imposición de comportamientos en función del sexo de las personas. El feminismo es antisexismo y por tanto, combatimos los estereotipos y roles sociales esencializados y establecidos en base a las diferencias sexuales. Esto nos lleva a rechazar el concepto de que se puede nacer “en el cuerpo equivocado”, sólo por ser disidente de los mandatos de género y los comportamientos sociales asociados. El feminismo es disidencia de género. El transgenerismo es intentar corregir esa disidencia (si tu «identidad de género» es mujer, ya puedes cumplir con los estereotipos femeninos sin temor a la sanción social por ser un varón femenino). 

El mayor ejemplo de cómo el integrismo religioso no está dispuesto a aceptar los postulados feministas pero sí los del trasngenerismo, es Irán, donde se aplica la ley religiosa del Islam y donde  las personas homosexuales son condenadas a muerte, mientras que, quienes dicen haber nacido “en el cuerpo equivocado”, son sometidas a cirugías de “reasignación”, pagadas por el propio estado iraní. Esto está llevando a muchas personas homosexuales a declararse trans para poder convivir con sus parejas, viéndose forzadas a someterse  a unos procedimientos quirúrgicos terribles sólo para conservar la vida.

Con este ejemplo queremos transmitir que para alguien que ya cree en las almas, es mucho más fácil creer también que esas almas están en cuerpos que no les corresponden. Para nosotras esto es, sencillamente, una creencia más sin ninguna base científica.

¿Si no tenéis nada en contra de las personas trans, por qué no podéis apoyarlas sin más?

Nosotras apoyamos a las personas que se identifican como trans, para que tengan los mismos derechos que el resto de la ciudadanía, y para que puedan disfrutar de una vida libre de discriminación que les garantice los mismos derechos civiles y humanos que al resto de la población. 

Sin embargo, nosotras luchamos por las mujeres y las niñas. Por eso somos contrarias a las leyes que permiten a cualquier varón autodeclararse «mujer” sin más trámite que su palabra y sin ningún tipo de compromiso por su parte. Son también leyes que borran del lenguaje las expresiones vinculadas a las características exclusivas de las mujeres, y eliminan el sexo como categoría administrativa o explicativa de la realidad. Esto supone ocultar el origen de la opresión, la desigualdad estructural, la discriminación y el maltrato hacia las mujeres y las niñas en todas partes del mundo. Pero además, desde nuestro punto de vista, estas leyes también afectan enormemente a las personas transexuales y a los niños y adolescentes disidentes de género.

A modo de ejemplo: El malestar con el género que sienten miles de adolescentes, y particularmente de niñas y mujeres púberes, está muy relacionado con sus cambios hormonales, inquietudes y aspiraciones personales. Esto no puede exponerse en las aulas desde interpretaciones que fomenten fantasías acientíficas y la promoción desde el ámbito educativo de la autoidentificación con otro sexo. 

¿Por qué os resistís al avance social como hacían los homófobos que luchaban contra el matrimonio igualitario?

No nos resistimos al avance social, nos resistimos al retroceso. Aceptar que un varón puede ser mujer sólo porque le gusta maquillarse y ponerse vestidos es negarle a los varones que puedan gustarles estas cosas. El maquillaje y la vestimenta están asociados a las modas sociales y se asignan a uno u otro sexo según el momento histórico y las prácticas culturales. Como feministas, no podemos aceptar que las mujeres son mujeres porque sean femeninas. ¿Acaso las mujeres que no cumplen con los estereotipos y roles de la feminidad dejan de ser mujeres? En sentido contrario, un varón no deja de serlo por utilizar aditamentos culturales que las tradiciones androcéntricas reservan a las mujeres. El discurso de los cerebros rosas y azules es profundamente machista y reaccionario, por fomentar la existencia de “ almas” sexuadas, roles sexuales y estereotipos.

Nos resistimos, y con todas nuestras energías, a este inmenso retroceso en las libertades de mujeres y varones. Y pensamos que todo el mundo debería hacer lo mismo.

¿No os habéis enterado todavía de que la identidad de género es innata y que puede que no coincida con el sexo asignado al nacer?

No nos hemos dejado engañar, que no es lo mismo. La «identidad de  género», de ser algo, es un concepto terriblemente misógino y sexista. Es una creencia sin ninguna base científica que postula la existencia de un “alma” femenina o masculina sobre la base de los comportamientos asignados e impuestos en función del sexo. Y, al parecer, sólo la poseen algunas personas. Luego, ni es universal, ni es un hecho objetivo. En cambio, lo que sí es universal y objetivo es el sexo, que no se asigna al nacer, sino que se observa. La manera más obvia de identificarlo es mirando nuestros genitales, pero el sexo está en todo nuestro cuerpo: desde nuestros órganos, pasando por nuestras células y llegando a nuestros cromosomas. Por eso es imposible cambiarlo y es imposible asignarlo. A no ser que creas que hay un “ente” superior que se dedica a asignar cuerpos a las almas que pululan por el éter, y que éstas también tienen sexo. Eso ya no es cosa nuestra. Pero lo que sí es cosa nuestra y por eso estamos en contra, es que se estén difundiendo, como única verdad posible, estas ideas pseudorreligiosas y completamente acientíficas, que contribuyen a la confusión y facilitan la perpetuación del sistema patriarcal mediante la imposibilidad de definir las clases sexuales y, por tanto, las relaciones de opresión y sumisión que hay entre ellas.

El género no es una identidad, el género es una imposición social. Somos nosotras, las feministas, quienes impugnamos el código sexista impuesto, mientras que las teorías del generismo queer —que son las culpables de que se hagan afirmaciones como las que enuncia esta pregunta— pretendiendo subvertirlo, lo refuerzan.

Sobre Conceptos Clave

¿Se puede cambiar de sexo?

«Cambiar de sexo» no es posible. Ni siquiera las hormonas o las cirugías pueden cambiar el sexo de las personas, puesto que nuestro sexo está presente a todos los niveles en nuestra biología. El sexo no sólo se manifiesta los genitales o el sistema endocrino, también establece diferencias en el resto de nuestros órganos y huesos, pasando por cada célula y llegando hasta nuestro ADN.
Lo que se cambia en una «transición», mediante distintos métodos, es la apariencia. Incluso las operaciones de «reasignación de sexo» son meramente estéticas, puesto que no se crean órganos nuevos, sino apéndices que al no tener funcionalidad ni capacidad alguna por sí mismos, dan muchas complicaciones y en ocasiones aumentan considerablemente la disforia de quienes se someten a estos procedimientos quirúrgicos.

¿A qué os referís con "transfemenina" y "transmasculina"?

El lenguaje es muy importante y nos ayuda a describir la realidad. En la actualidad se están acuñando términos como «identidad de género», «mujer/hombre transgénero», «perosna no binaria»… todos ellos pretenden crear una «realidad» inexistente y que, entre otras muchas cosas, daña la lucha por los derechos de las mujeres y las niñas. Son conceptos que se basan en creencias y sentimientos subjetivos, y por eso, las personas que no creemos en ellos, preferimos no caer en la trampa de utilizar ese lenguaje, que no haría otra cosa que asumirlo como válido.
Por eso, muchas veces, las personas críticas con el «transgenerismo» prefieren decir «persona transfemenina» que «mujer trans» o «persona transmasculina» que «hombre trans».

Es importante entender que cuando hablamos de «transgenerismo» no nos referimos en ningún caso a la transexualidad.

¿Qué quiere decir "cis" y por qué rechazáis el término?

«Cis» es un término de nuevo cuño basado en el prefijo homónimo, y que en este caso se refiere a toda aquella persona que no es «trans». Y si «trans» son aquellas que no se sienten identificadas con el género asignado al nacer, o que tienen una «identidad de género» que «no se corresponde» con su sexo; «cis» serían todas aquellas que se sienten identificadas con el género que se les ha asignado al nacer.
Las feministas entendemos el género como el conjunto de estereotipos, normas y roles sexuales que se nos imponen a varones y mujeres en función de nuestro sexo, y que son una herramienta clave para mantener la subordinación de las mujeres al poder masculino.
Por eso no podemos admitir que se nos defina afirmando que nos identificamos con aquello que nos oprime. Es un insulto y es absolutamente contrario al feminismo.

Además, definirnos como «cis», supone volver a los tiempos en los que las mujeres no éramos más que «no-hombres». Implica volver a definirnos como «lo otro», como lo que no somos, en lugar de nombrarnos, alto y claro como lo que sí somos: mujeres. Así, a secas. «Mujer» ya tiene un significado y no necesita prefijos ni sufijos para entenderlo.

¿Qué significa "TERF"?

«TERF» es una etiqueta que promueve el odio contra las feministas. El término hace referencia a las siglas en inglés de «Feminista Radical Trans-Excluyente» y suele utilizarse de manera despectiva para insultar a aquellas personas que tienen una visión crítica del ‘género’. En castellano a veces se le añade una -a al final, para que quede claro que va dirigido a las mujeres. Se trata de un término profundamente misógino, pero no sólo porque prácticamente siempre se use para callar a las mujeres que se atreven a dar su opinión, sino que además obvia por completo que entre las personas ‘trans’ también hay mujeres que, a pesar de considerarse a sí mismas hombres, por su sexo, siempre van a formar parte de la clase sexual oprimida y por lo tanto son sujeto político del feminismo.
En definitiva, TERF es un insulto, que se emplea para silenciar a las mujeres que se niegan a incluir a los varones en sus espacios específicos, o en las leyes que protegen el sexo como categoría.

Enlaces de interés:
terfisaslur.com
terfesuninsulto.com

¿Qué es el "techo de algodón"?

El concepto de «techo de algodón» fue acuñado por un pornógrafo que se hace llamar a sí mismo «hombre lesbiano». Utilizando un símil con el concepto del «techo de cristal» (que se refiere a la barrera que impide a las mujeres acceder a puestos de responsabilidad), se refiere a la «barrera» que impide las personas transfemeninas mantener relaciones sexuales con mujeres lesbianas. El algodón es, literalmente, la ropa interior de estas mujeres.

Enlaces de interés:
El pene femenino, el techo de algodón y la guerra cultural contra mujeres lesbianas.

La diversidad de género ha existido históricamente en muchas culturas. Ahí están las muxes, las two-spirit, las hijras...

La diversidad de género no ha existido históricamente. Lo que ha existido históricamente es la misoginia. Todas estas «variantes» de las diferentes culturas se crearon para salvaguardar la masculinidad de los varones «de verdad», que se veía amenazada por sus miembros más femeninos. Crean una categoría para diferenciarlos del estándar, para convertirlos en «lo otro», para distinguirlos y así preservar la pureza masculina de su sexo. Por eso no es casualidad que la inmensa mayoría de esta «diversidad» de género, sólo exista para acomodar a los varones femeninos, pero no para las mujeres masculinas. En las contadas ocasiones en las que una cultura creaba una categoría para las mujeres que adoptaban el rol de los varones, normalmente sólo estaba permitida para aquellas familias en las que no hubiera un varón, y sólo una mujer podía convertirse en la figura masculina. Además, en algunas culturas, estas mujeres tenían que hacer un juramento de mantener su virginidad y eran sometidas a un control exhaustivo por parte de su comunidad. 

Por otro lado, estas categorías alternativas no llevaban a nadie a pensar que quien las adoptara se convertía automáticamente en alguien del sexo opuesto. Por eso eran otras opciones, porque todas las culturas del mundo, a lo largo de la historia, han sido conscientes del dimorfismo de la especie humana y de la inmutabilidad del sexo.

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