Mientras los laboristas sigan despreciando y a menudo ofendiendo a las mujeres que luchan por conservar los derechos que sus antepasadas creyeron conquistados para siempre, me costará apoyarles. Las mujeres que no quieren callarse no han abandonado a los laboristas. Los laboristas las has abandonado a ellas. JK Rowling sobre mujeres que no se callan y políticos que, si dicen no saber quiénes son las mujeres, no son de fiar.
El jueves por la noche asistí al mejor lanzamiento de libros al que he asistido, e incluyo todos los lanzamientos de Harry Potter, por muy memorables que hayan sido. Este tuvo lugar en una habitación grande, antigua y con paneles de madera en el centro de Edimburgo, y la noche era tan cálida que las ventanas estaban abiertas, por lo que podíamos escuchar los distantes acordes de las gaitas de la Royal Mile.
Yo había llegado directamente de Londres, y cuando entré en la sala pensé «maldita sea, claro», porque la mayoría de las mujeres que estaban allí llevaban los colores sufragistas: verde, morado y blanco, y yo iba vestida de pies a cabeza con un jersey y unos pantalones negros, como un mimo, lo que resultaba irónico teniendo en cuenta lo que estábamos celebrando. Era una fiesta tardía, posterior a la publicación de The Women Who Wouldn’t Wheesht [Las mujeres que no quisieron callar], el libro de ensayos en el que participé y que salió a la venta el mes pasado. «Wheesht» es una orden escocesa de guardar silencio: «haud your wheesht» significa «¡cállate!».
El libro recoge las aportaciones de una treintena de escocesas díscolas que no estaban de acuerdo con la visión de la ex primera ministra Nicola Sturgeon de un país en el que un hombre pudiera convertirse en mujer con sólo declararse como tal.
Entre las escritoras había políticas, periodistas, activistas y analistas políticas. Sin embargo, muchas de las colaboradoras no tenían perfil público. Algunas habían escrito sus ensayos de forma anónima. No puedo usar la palabra «corriente» para estas últimas mujeres, porque están tan lejos de ser «corrientes» como se puede estar. Se trata de mujeres que arriesgaron (y en algunos casos perdieron) sus medios de vida por oponerse a una ideología abrazada por los políticos escoceses, las instituciones estatales y la policía.
Estas mujeres supuestamente comunes y corrientes lucharon porque no veían otra alternativa que luchar: por otras mujeres y niñas vulnerables, por espacios diferenciados por sexo, por el derecho a hablar de nuestros propios cuerpos como queramos y a conservar la capacidad de llamar hombre a un hombre, sin lo cual no es posible ningún análisis o activismo en torno a las cuestiones y desigualdades basadas en el sexo.
Hubo discursos, mucha tarta y risas, abrazos para quienes nunca se habían visto en persona, y un sentimiento de alegría y celebración por el inesperado éxito del libro (cogió desprevenido al editor, como admitió en la fiesta; ya se han hecho varias reimpresiones).
Las mujeres que estaban allí eran tan divertidas, tan valientes, tan decididas; creo que nunca había sentido tanta solidaridad en una sala, una solidaridad que se extendía por encima de las divisiones partidistas. Cuando llegué a casa aún me sentía eufórica e inspirada.
Al entrar en mi salón, encontré a mi marido viendo el debate de los líderes en la televisión y llegué al sofá justo a tiempo para escuchar a otra mujer que no quería callarse.
Hace tres años», le dijo a Keir Starmer una mujer del público en el estudio de una televisión, «usted criticó a su diputada Rosie Duffield por decir que «sólo las mujeres tienen cuello uterino». Hace poco se retractó. ¿En qué cree ahora, y cómo sabemos que mantendrá sus opiniones?».
Ah, el Cervixgate. Lo recuerdo bien. Era septiembre de 2021 …pensé que debía haber escuchado mal lo que acababa de decir el líder laborista en televisión, así que rebobiné y reproduje su respuesta, luego rebobiné otra vez y lo reproduje nuevamente.
Realmente quería darle el beneficio de la duda. He sido votante laborista, miembro (ya no), donante (no recientemente) y activista (ídem) toda mi vida adulta. Quiero ver el final de este largo periodo de caótico y a menudo calamitoso gobierno conservador. Quiero votar a los laboristas. Pero no había oído mal a Starmer. Cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con Rosie Duffield en que «sólo las mujeres tienen cuello de útero», respondió: «bueno, es algo que no debería decirse. No está bien».
Si me hubieran catapultado en el tiempo desde 1997, el año en que los laboristas lograron por última vez poner fin a un largo periodo de dominio tory, y me hubieran dicho que su líder masculino aparecería en directo en televisión, dictando lo que las mujeres podían decir sobre sus propios sistemas reproductivos, no habría tenido ningún marco de referencia para entender lo que me habría parecido una expresión de auténtica locura.
Por desgracia, en 2021, la respuesta de Starmer tenía que verse en el contexto de un Partido Laborista que no sólo consideraba desechables los derechos de las mujeres, sino que tenía dificultades para decir qué era una mujer.
Por ejemplo,
Anneliese Dodds, secretaria en la sombra* para la Mujer y la Igualdad, cuando le preguntaron qué era una mujer, respondió: «depende del contexto».
Yvette Cooper, ministra del Interior en la sombra: «No voy a meterme en la cabeza de nadie«;
Stella Creasy, candidata laborista por Walthamstow: «¿Creo que algunas mujeres nacieron con pene? Sí… Pero ahora son mujeres y lo respeto»;
Emily Thornberry, fiscal general en la sombra: «Las mujeres trans merecen ser reconocidas, y sí, por tanto, algunas de ellas tendrán pene. Francamente, no miro bajo sus faldas, no me importa».
Dawn Butler, la ex diputada por Brent Central, anunció de hecho en televisión que «un niño nace sin sexo al principio» (opto por creer que aquí quiso decir la menor de las locuras: un sexo, no que los niños nazcan realmente por cigüeña).
Algunas cosas son casi graciosas, pero pierden su gracia cuando surgen las consecuencias de la ideología de género en el mundo real. Cuando se le preguntó si los delincuentes sexuales violentos que hacen la transición deberían ser realojados en cárceles de mujeres, Lisa Nandy, secretaria en la sombra para el desarrollo internacional, dijo: «Creo que las mujeres trans son mujeres, creo que los hombres trans son hombres, así que creo que deberían estar en la cárcel de su elección»
Rebecca Long-Bailey, candidata por Salford, dijo que las mujeres víctimas de violencia machista no deberían utilizar su trauma «como argumento para discriminar a las personas trans» y prometió cambiar las leyes para impedir que los refugios para mujeres excluyan a los hombres que se identifican como mujeres.
David Lammy, ministro de Asuntos Exteriores en la sombra, calificó a mujeres como yo de «dinosaurios que acaparan derechos». Lammy también se ha pronunciado sobre la controvertida cuestión del cuello del útero: «Un cuello de útero, según tengo entendido, es algo que se puede tener tras varios procedimientos y tratamientos hormonales». Es muy difícil no sospechar que algunos de estos hombres no saben lo que es un cuello uterino, pero lo consideran demasiado poco importante como para buscarlo en Google.
Keir Starmer no ha conseguido convencerme de que su partido haya cambiado su postura sobre los derechos de la mujer: le cuesta decir qué es una mujer.
Así que allí estaba yo, en el borde de mi sofá el jueves por la noche, esperando oír a Starmer aclarar sus puntos de vista sobre una cuestión que sitúa a muchas mujeres de izquierdas en el espectro entre la ira y la repugnancia por el abrazo de su partido a la ideología de identidad de género. ¿Seguía sosteniendo que las mujeres y el cuello del útero no debían mencionarse juntos?
Starmer dijo que su postura «sobre la biología» había cambiado.
«Sobre la biología», empezó Starmer, «estoy de acuerdo con lo que dijo Tony Blair el otro día, en relación a que los hombres tienen pene y las mujeres vagina».
«¿Así que ha cambiado de postura?», preguntó el moderador. «Sobre la biología», enfatizó Starmer, dejando la impresión de que hasta que Tony Blair le sentó a charlar, nunca había entendido cómo él y su mujer habían llegado a tener hijos. «Eso no ayuda en el género… algunas personas no se identifican con el género en el que nacen…».
Y nos adentramos en los conocidos giros de conversación de los activistas trans, en los que muchos laboristas parecen sentirse más cómodos: «… mi punto de vista en la vida es dar respeto y dignidad a todo el mundo, sea cual sea su posición. Y me preocupaba en ese momento, ese debate en particular [cuando Rosie Duffield declaró hechos biológicos], por la forma en que el debate se estaba llevando a cabo, porque se volvió muy tóxico, muy dividido, muy duro …»
En aras de una total transparencia, debo decir que Rosie Duffield es amiga mía. Probablemente habríamos sido amigas sin importar dónde o cómo nos hubiéramos conocido, pero nos encontramos como parte de un grupo de mujeres que luchan por mantener los derechos de la mujer.
Ella y yo compartimos algo más que una comida ocasional y un hilo de WhatsApp bastante jocoso. El mes pasado, un hombre fue condenado a prisión en suspenso por habernos amenazado de muerte a las dos. A Rosie la iba a matar con una pistola; a mí, con un martillo. El nivel de amenazas que ha recibido Rosie es tal que ha tenido que contratar seguridad personal y recientemente se le ha aconsejado que no realice actos electorales en persona
¿A esto se refería Starmer cuando hablaba de debate tóxico y dividido? ¿A una diputada de su propio partido intimidada y acosada? ¿O se refería a los activistas con máscaras negras que acuden a las manifestaciones de mujeres con la intención declarada de dar puñetazos a las «Terfs», intención que más de una vez se ha traducido en hechos? ¿Pensaba tal vez en los activistas trans que cantaban «f*** you» a través de un micrófono mientras mujeres de todo el mundo hacían cola ante FiLia, la conferencia feminista, para debatir cuestiones como la mutilación genital femenina? No lo parecía.
La impresión que dio Starmer en el debate del jueves fue que había algo poco amable, algo tóxico, algo de línea dura en las palabras de Rosie, aunque palabras casi idénticas habían sonado perfectamente razonables cuando las pronunció Blair.
Las mujeres que no querían callarse no abandonaron a los laboristas. Los laboristas las abandonaron a ellas.
Parece que Rosie no ha recibido literalmente ningún apoyo de Starmer por las amenazas y abusos, algunos de los cuales se han originado dentro del propio Partido Laborista, y han tenido un impacto severo y medible en su vida. Pero sigue luchando, como todas las mujeres presentes en la presentación del libro, porque cree que no tiene elección. Al igual que yo, cree que es demasiado lo que está en juego como para abandonar.
Para las mujeres de izquierdas como nosotras, no se trata, y nunca se ha tratado, de negar que las personas trans tengan los mismos derechos que los demás ciudadanos y sean libres de presentarse y sentirse como quieran.
Se trata del derecho de las mujeres y las niñas a hacer valer sus límites. Se trata de la libertad de expresión y de la verdad observable. Se trata de esperar, con cada vez menos esperanza, a que la izquierda despierte al hecho de que su perezosa adopción de una ideología casi religiosa está teniendo consecuencias calamitosas.
Dos horas antes de ver a Starmer fracasar, una vez más, en su intento de bajarse de la alambrada sobre la que tanto se resiste a dejar de estar, conocí a la mujer que escribió lo que creo que todas las colaboradoras estarían de acuerdo en que es el capítulo más importante de The Women Who Wouldn’t Wheesht. Se titula Ha nacido un hashtag. La escritora acuñó la frase «las mujeres no se callan», que ahora se ha adoptado como grito de guerra feminista en Escocia y más allá.
La autora escribió de forma anónima que la habían tachado de intolerante y transfóbica por querer cuidados íntimos realizados exclusivamente por mujeres para su preciosa hija con problemas de aprendizaje (sé que su hija es preciosa, porque yo también la conocí). Esta madre escribió: «La realidad material de un hombre no cambia por cómo se percibe a sí mismo, y decir a las mujeres y niñas vulnerables que ignoren su propia incomodidad para acomodarse a la percepción que un hombre tiene de sí mismo, es luz de gas».
No puedo votar a ningún político que se oponga a las palabras de esa madre.
Si decide dar evasivas y ser condescendiente en lugar de abordar las preocupaciones de esa madre, si sigue insistiendo en que las más vulnerables deben abrazar sus creencias de lujo, sin importar el coste para ellas mismas, no confío en su juicio y tengo una mala opinión de su persona.
En mi circunscripción se presenta un candidato independiente que hace campaña para aclarar la Ley de Igualdad.
Quizá ahí tenga que ir mi X el 4 de julio. Mientras los laboristas sigan despreciando y a menudo ofendiendo a las mujeres que luchan por conservar los derechos que sus antepasadas creyeron conquistados para siempre, me costará apoyarles. Las mujeres que no querían callarse no abandonaron a los laboristas. Los laboristas las abandonaron a ellas.
*ministras, secretarios… en la sombra: integrantes del partido en la oposición que fiscalizan la labor del partido en el gobierno.
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