Gritar sobre los “derechos de las personas trans” no es sólo un pasatiempo para estudiantes y celebridades en decadencia: es una industria en auge, financiada por los contribuyentes. Un nuevo informe revela que más de 221 millones de euros de fondos de la UE se han canalizado silenciosamente hacia el activismo por la identidad de género durante la última década, lo que ha permitido que un grupo de ONGs y expertos en políticas se mantengan cómodamente en el negocio.
El informe, de la socióloga Ashley Frawley, explica cómo un puñado de grupos activistas bien posicionados han incorporado su agenda a la política de la UE.
La gente de todo el mundo se ha quedado atónita ante la velocidad con la que han desaparecido los espacios reservados a un solo sexo e instituciones y gobiernos han adoptado la autoidentificación de género.
Los detalles destacados por Frawley son esclarecedores. En Suiza, unos padres cuya hija comenzó a identificarse como trans a los 13 años, pero que se negaron a apoyar la transición médica, fueron separados de ella y se les ordenó entregar sus documentos de identidad a funcionarios estatales. Mientras tanto, en las escuelas públicas portuguesas, a las y los menores se les permite realizar la “transición social” sin necesidad del consentimiento de los padres. El informe señala que estas políticas se introdujeron durante el gobierno anterior, dirigido por António Costa, quien ahora se desempeña como presidente del Consejo Europeo.
Según el informe, la UE ha dejado de lado a los gobiernos y ha confiado en las ONG para dar forma a su agenda de identidad de género. “El resultado es un marco de políticas que prioriza las demandas de los transactivistas sobre las necesidades y valores de los ciudadanos comunes”, afirma. Se trata de un intento deliberado de instrumentalizar a la sociedad civil para castigar a los Estados miembros que no siguen el ejemplo, canalizando millones a los presupuestos de las ONG que se alinean con sus prioridades ideológicas. Estos grupos presionan a la UE para que defienda la necesidad de su propia existencia, en un círculo vicioso de retroalimentación autorreferencial.
No sorprende que la ciudadanía de toda Europa se haya visto sorprendida por los rápidos cambios dentro de las instituciones públicas. ILGA-Europe (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersexuales), uno de los grupos de presión favoritos de la UE, ha instado explícitamente a los políticos a mantener sus actividades “fuera de la vista del público siempre que sea necesario”. Convenientemente, el grupo recibió 16 millones de euros de financiación de la UE, mientras que su división internacional recaudó una asombrosa suma de 65 millones de euros.
Un nuevo informe revela que más de 221 millones de euros de fondos de la UE se han canalizado silenciosamente hacia el activismo por la identidad de género durante la última década
Sin embargo, a pesar de este cuantioso respaldo financiero, los grupos de presión en materia de identidad de género financiados por la UE han pasado años presentándose como valientes desvalidos que luchan contra una oposición siniestra y bien financiada. El Foro Parlamentario Europeo, un grupo de eurodiputados, ha impulsado repetidamente la idea de que los movimientos “anti identidad de género” están financiados por redes oscuras de extremistas religiosos de Rusia y Estados Unidos. Un informe de 2021 del grupo advertía con vehemencia que “individuos vinculados a causas de extrema derecha y libertarias en Estados Unidos” buscaban “influir activamente en las instituciones europeas”.
Esta narrativa paranoica ha sido repetida con entusiasmo por personas como la Comisaria de Derechos Humanos de la UE, Dunja Mijatović, quien se quejó amargamente de que las fuerzas “ultraconservadoras” estaban amenazando los derechos de las mujeres. Irónicamente, lo dijo al mismo tiempo en que sus colegas estaban ocupados aprobando leyes que obligaban a las mujeres a aceptar a hombres que se identificaban como trans en sus espacios, de acuerdo con las demandas de grupos de presión como ILGA.
Nada de esto ha ocurrido de manera orgánica. Los mismos grupos que presionan a favor de estos cambios son los que se embolsan millones de dólares en fondos de la UE y disfrutan de acogedoras reuniones con políticos en Bruselas. Y eso sin hablar de los acuerdos con USAID, ahora cancelados. El informe concluye que ahora hay una creciente reacción pública contra las políticas de identidad de género de la UE, lo que refleja una “amplia crisis de legitimidad”. “Al permitir que un pequeño grupo de ONGs bien financiadas definan su agenda”, escribe Frawley, “la UE ha alejado a amplios sectores de su población y alimentado un creciente sentimiento de resentimiento y desconfianza”.
Tras abandonar la UE, el Reino Unido ahora tiene más libertad para resistir las demandas de los grupos de presión en defensa de la identidad de género. Pero estos grupos son muy conscientes de que el escrutinio de los medios de comunicación es una amenaza a sus ambiciones en la Europa continental. Un documento de presión de 2019 de IGLYO (Organización Internacional de Jóvenes y Estudiantes Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero, Queer e Intersexuales) y bufetes de abogados que los apoyan admitía que la limitación de la cobertura y exposición de la prensa se había “utilizado con gran efecto” en otros países para impulsar políticas de autoidentificación de género. Pero en el Reino Unido, una prensa poco cooperativa ha sido un gran obstáculo para sus planes.
Aun así, la lucha no es fácil. El verdadero movimiento de base —el que no está financiado por la UE— está formado por gente común que se niega a permitir que la ideología de la identidad de género se imponga desde arriba. Padres que luchan contra las políticas escolares, veteranos activistas por los derechos de las personas homosexuales que vuelven a luchar por el movimiento que una vez construyeron, mujeres que se niegan a ceder sus espacios: así es el activismo de base, de abajo a arriba.
¿La diferencia? No tienen detrás de sí 221 millones de euros del dinero de los contribuyentes.
Artículo original
