Los archivos del Departamento de Justicia recién publicados muestran que Jeffrey Epstein financió investigaciones vinculadas a figuras clave de la medicina transgenerista, fomentó el trabajo académico sobre «biología transgénero» y difundió el tema entre redes institucionales de las élites.
La arquitectura financiera cuenta una historia más complicada.
Investigadores independientes ya habían rastreado las redes de financiación multimillonarias que ayudaron a construir la infraestructura de clínicas de género, organizaciones de defensa y campañas mediáticas. En mis informes documenté los sistemas médicos que se dedican a transicionar a criaturas muy pequeñas y la investigación que relaciona la exposición prenatal a estrógenos sintéticos con tasas de identificación transgénero hasta 100 veces superiores a las de referencia. Pero lo que faltaba era documentación primaria, pruebas capaces de trasladar el debate más allá del periodismo y llevarlo a los tribunales y a las audiencias del Congreso.
La Ley de Transparencia sobre los Archivos de Epstein (EFTA) aportó la documentación.
Seis documentos publicados en enero y febrero de 2026, extraídos de la correspondencia privada de Jeffrey Epstein, le conectan directamente con nodos institucionales clave de la medicina transgénero. Le muestran financiando al cirujano que creó el primer programa académico integral de cirugía transgénero de Estados Unidos en Mount Sinai. Le muestran encargando y financiando investigaciones sobre «biología transgénero». Y le muestran haciendo circular el tema entre sus contactos de la élite —incluidos Bill Gates, afiliados del MIT y la exasesora jurídica de Obama en la Casa Blanca— durante los años en que el campo estaba consolidando su poder institucional.
Esta no es una historia de proximidad social ni de visitas a islas. Es una historia sobre influencias: sobre quién financió, dio forma y legitimó una industria médica en rápida expansión, que ha pasado por alto el consentimiento informado, eludido la patria potestad y sometido a niños y niñas a intervenciones irreversibles.
Lo que sigue se basa exclusivamente en documentos primarios e informes publicados de forma independiente.
El cirujano: el Dr. Jess Ting y Mount Sinai
El Dr. Jess Ting es cirujano plástico en el Mount Sinai Health System de Nueva York. En 2016, se convirtió en el director quirúrgico del Centro de Medicina y Cirugía Transgénero, descrito en su lanzamiento como el primer programa académico completo de Estados Unidos centrado en la cirugía y la atención transgénero. Más adelante lideraría la primera «vaginoplastia» transgénero del Mount Sinai y se convertiría en una de las figuras más destacadas de la práctica quirúrgica de reafirmación de género en el país.
Su relación con Jeffrey Epstein precede en años a su trabajo transgenerista, y es muy profunda.
En marzo de 2013, Ting aceptó una invitación —extendida a través de un asistente de Epstein— para visitar Little St. James, la isla privada de Epstein en las Islas Vírgenes de Estados Unidos. Ting propuso llevar a una amiga y a sus tres hijos menores de ocho años. Posteriormente, un asistente de Epstein escribió a Ting: “Espero que la visita a la isla de Jeffrey el viernes pasado fuera agradable”.
El giro transgenerista y la presentación
En ese mismo correo electrónico de mayo de 2018, Ting informó a Epstein de que había sido nombrado director del nuevo programa de cirugía transgénero de Mount Sinai. En julio de 2017, Ting le dijo a Epstein que había “renunciado a la cirugía plástica y saltado al mundo de la cirugía transgénero”, y lo calificó como “lo más gratificante, valioso y fascinante que he hecho en mi vida”.
Luego vino la petición.
Ting solicitó directamente el apoyo financiero de Epstein para un documental sobre el programa transgénero del Mount Sinai, la película que se convertiría en Born to Be, estrenada en 2019 y nominada posteriormente a dos Emmy. “Si me permites ser muy directo”, escribió Ting a Epstein, “¿te interesaría apoyar este documental? Si es así, al productor, al director y a mí nos encantaría ir a presentártelo en persona. Se trata de un proyecto apasionante y pionero —tanto el centro como el documental— que hará un gran bien al mundo. Espero que puedas participar”.
Los documentos disponibles no revelan si Epstein aceptó financiar la película.
El correo de 2018 y el reenviado
El 24 de abril de 2018, Ting volvió a escribir a Epstein. El mensaje, que se reproduce en EFTA02667053, dice así:
“Hola, Jeffrey:
Quería compartir contigo algunas novedades en mi carrera que quizá te interesen. He cambiado de especialidad, de la cirugía plástica a la cirugía de afirmación de género (también conocida como cirugía transgénero). Se trata de un documental sobre la creación del nuevo centro del Mount Sinai: Transformation-film.com. Échale un vistazo. Es lo más increíble en lo que he participado”.
Lo que ocurrió después es el detalle que más importa.
El 10 de mayo de 2018, Epstein reenvió el mensaje de Ting a Stephen Hanson, un estrecho colaborador. El asunto: “Reenviado: proyecto de película”. Epstein no estaba recibiendo noticias de un cirujano de forma pasiva. Estaba difundiendo información sobre el programa de cirugía transgénero en su red. El reenvío de este mensaje de correo electrónico hace que deje de ser una comunicación unidireccional y se convierta en una prueba de participación activa: Epstein comparte, dirige y, potencialmente, intermedia conexiones en torno a la medicina transgénero.
Gestión de los medios
Los correos electrónicos también documentan el modo en que Ting lidió con las preguntas de los medios sobre Epstein y el grado en que este controlaba la información. En enero de 2015, un periodista de Reuters se puso en contacto con Ting para un reportaje en el que se examinaba la labor filantrópica de Epstein, en busca de confirmación del apoyo de este a la investigación médica. Ting remitió la consulta al ayudante de Epstein: “Véase abajo. ¿Quiere Jeffrey que responda a esto?” A continuación, propuso enviar primero a Epstein las preguntas escritas del periodista, ofreciéndose a dejar que un delincuente sexual condenado revisara sus respuestas a la prensa sobre su relación financiera.
Los documentos no muestran si Reuters recibió finalmente una respuesta o si Epstein revisó o editó alguna respuesta.
Respuesta institucional
Cuando The Advocate se puso en contacto con Mount Sinai en febrero de 2026 para saber si la institución había revisado los correos electrónicos de la EFTA recientemente publicados, si Epstein tenía alguna participación en proyectos relacionados con el programa transgénero y qué salvaguardias institucionales regían para los donantes externos, un portavoz de Mount Sinai se limitó a declarar: “Hemos animado al Dr. Ting a responder a sus preguntas”. La institución no abordó el fondo de las preguntas. Ting, por su parte, dijo que sus interacciones con Epstein fueron limitadas y describió la relación inicial como una derivación profesional para atender las heridas que sufrió una modelo tras un accidente de coche.
Debe tenerse en cuenta que Ting no ha sido implicado en ninguno de los presuntos delitos de Epstein. Sin embargo, la documentación demuestra que el director fundador del primer programa integral de cirugía transgénero de Estados Unidos mantuvo durante años una relación con un delincuente sexual convicto [Epstein], que incluyó viajes a su isla privada, una beca de investigación de 50 000 USD y solicitudes directas de financiación adicional, precisamente durante los años en que el programa se estaba concibiendo, lanzando y promocionando al público.
El biólogo: Robert Trivers y la Comisión de Investigación
Si la correspondencia Ting revela cómo Epstein se vinculó a la infraestructura institucional de la medicina transgénero, la correspondencia de Robert Trivers revela algo más alarmante: Epstein dirige activamente la producción de investigaciones pseudocientíficas sobre biología transgénero, y paga por ellas.
Robert Trivers es un biólogo evolutivo estadounidense conocido por sus influyentes trabajos sobre el altruismo recíproco, la inversión parental y el autoengaño. También es un hombre que aceptó 40 000 USD de Jeffrey Epstein, defendió públicamente los abusos sexuales de Epstein a menores y fue despedido de la Universidad de Rutgers en 2015 tras negarse a impartir un curso asignado.
Los archivos de la EFTA documentan una década de correspondencia entre Trivers y Epstein (de 2009 a 2019), que pasa de la dependencia financiera a algo mucho más preocupante.
La relación financiera
La primera correspondencia conocida data de 2009, tras la declaración de culpabilidad de Epstein en 2008 por prostitución de una menor. Epstein invitó a Trivers a su casa de Florida para hablar de su investigación; le pagó el viaje y el alojamiento. En 2015, Epstein envió un mensaje de correo electrónico a Noam Chomsky presumiendo de ser el “principal financiador” de Trivers, contexto que explicaba por qué esta vez Trivers había sido “expulsado definitivamente de Rutgers”.
La dependencia financiera era profunda. En 2019, Trivers la describiría como “7 años de apoyo continuo” y, cuando este cesó, se vio obligado a mendigar puestos de profesor adjunto que le reportaban menos ingresos que lo que pagaba de alquiler.
El encargo
El 5 de febrero de 2016, Trivers escribió a Epstein: “Me quedé estupefacto y contentísimo de recibir el dinero extra y el nombramiento como asesor de tu Fundación”. Dejó claro que estaba siguiendo el “consejo” de Epstein y reorientando su trabajo “totalmente hacia la labor teórica que me has instado a realizar”.
La respuesta de Epstein al día siguiente no fue agradable. Se trataba de una instrucción (EFTA00835004): “Eres único… Quiero ver tu artículo sobre lo transgénero en el mundo bio. Esto es para ti. No para mí”.
Dos meses después, Trivers volvió a informar: estaba “llegando al meollo de la ‘transexualidad’”.
Tres años más tarde, la influencia se hizo explícita. El 15 de marzo de 2019, Trivers escribió a Epstein desesperado (EFTA01035762): “después de 7 años de apoyo continuo, parecías haber cambiado de opinión, sin ningún tipo de apoyo durante los últimos dos años ni respuesta a las peticiones”. Describió que le habían ofrecido “5.500 USD/semestre” en el Hunter College: “Dios mío, Jeffrey, el alquiler ya son 8.000 USD; me gustaría comer, tener una modesta vida social y alguna que otra experiencia psicosexual”.
La respuesta de Epstein a la mañana siguiente dejó al descubierto la arquitectura transaccional: “Pensé que querrías centrarte en la biología transgénero. A la gente le interesaría y yo lo financiaría”. Calificó de “perjudicial” y de contar con “escaso interés público” la investigación de Trivers sobre los crímenes de honor y la genética de los velocistas, y enmarcó en términos paternalistas su negativa a financiar temas alternativos : “No te daría drogas si me las pidieras porque son malas para ti. Darte dinero para temas que en mi opinión serían perjudiciales para tu futuro me supone un problema”.
Trivers capituló: “Sí, estoy de acuerdo en que es hora de escribir mis reflexiones sobre la transexualidad; no creo que me lleve mucho tiempo, pero ya veremos”.
Lea atentamente este intercambio. Un delincuente sexual convicto está utilizando su influencia financiera sobre un académico desesperado y mayor —un hombre que no puede pagar el alquiler— para obligarle a realizar una investigación específica sobre la biología transgénero. No se limita a financiar la investigación. La encarga, rechaza alternativas y condiciona la supervivencia financiera a su cumplimiento.
El contenido
Lo que Trivers produjo bajo la dirección de Epstein está documentado en los correos electrónicos de la EFTA —analizados por primera vez por el investigador de STEM Ev L. Nichols— y es inquietante.
En la correspondencia de 2016, Trivers escribió a Epstein describiendo a los hombres que dicen sentirse mujeres en términos explícitamente deshumanizantes y sexualizados, reduciendo su existencia a la fantasía sexual masculina. Describió a esos hombres como “organismos” deseables para los hombres con inclinaciones homosexuales, escribiendo que una persona así “olería como una mujer, sería más suave y sin pelo, como una mujer”, pero conservando los genitales masculinos. Calificó a las mujeres que se autoidentifican como hombres de “infelices y solitarios: son hombres con chocho, lo peor de ambos mundos”. Este es el lenguaje de un hombre que considera a las personas transgénero no como seres humanos, sino como especímenes biológicos que deben ser evaluados por su utilidad sexual.
En 2018, la correspondencia se intensificó. En un correo electrónico de diciembre con el asunto “Trans”, Trivers evaluaba los cuerpos de los hombres transfemeninos a través de la economía del comercio sexual, escribiendo que “tantos transexuales son muy atractivos y ganan dinero fácilmente, lo que a su vez afirman que fomenta su ejercicio de la prostitución, ya que tienen que pagar elevadas sumas por las inyecciones cada semana”. Estaba explicando la viabilidad sexual comercial de los varones feminizados quirúrgicamente a un traficante sexual convicto. En el mismo correo electrónico, Trivers describía intervenciones hormonales tempranas para menores: “Por cierto, ahora estamos presionando para que se intervenga más temprano. Si notas que tu hijo de 3 años tiene tendencias trans, intervienes con hormonas… A mí me asustaría hacer eso, pero ¿quién sabe?”
Describió la medicina transgénero en términos de producción de “fenotipos novedosos” mediante el control molecular del desarrollo: “hombres más femeninos, bloqueando los receptores de testosterona (o castración) y, al mismo tiempo, aumentando la producción de estrógenos”. Señaló que los hombres jóvenes que se sometían a estas intervenciones seguían siendo capaces de tener orgasmos a pesar del tratamiento.
La investigación que Trivers llevó a cabo en este sentido incluía trabajos sobre la identidad de género basados en la relación entre la longitud del segundo y el cuarto dedo, la llamada relación 2D:4D. Esta metodología ha sido ampliamente criticada por los investigadores; el psicólogo de la Universidad de Viena, Martin Voracek, comparó este tipo de investigación con la frenología, calificándola de “castillo de naipes construido sobre una base desconocida e incierta”.
Vuelva a leer esos pasajes. Un biólogo financiado por un delincuente sexual infantil convicto escribe a ese delincuente sobre la manipulación hormonal del cuerpo de menores, en un lenguaje que hace hincapié en la viabilidad sexual y la feminización física de los varones jóvenes, y describe cómo la intervención temprana preserva la apariencia juvenil. La “investigación” que realizó era pseudociencia. Pero el encargo en sí —un delincuente sexual que paga a un hombre que defendió el sexo con menores para que escriba sobre menores transgénero— es el hecho que importa.
El marco moral de Trivers no era ningún secreto. En una entrevista de Reuters en 2015, preguntado por su relación continuada con Epstein, pese a la condena por abuso sexual, Trivers afirmó: “A los 14 o 15 años son como eran las mujeres adultas hace 60 años, así que no veo estos actos tan atroces”.
Describió a Epstein como “una persona íntegra” y, en una entrevista de 2017 en el Huffington Post, organizada por el equipo de relaciones públicas de Epstein, elogió su relación: Epstein “me brinda un apoyo constante y cordial sin que tenga que escribir interminables solicitudes para recibir subvenciones, y confía en que le daré un buen uso”. El Chronicle of Higher Education informó más tarde de que este perfil elogioso era el resultado de una campaña coordinada de relaciones públicas: Epstein había ordenado a su publicista que pusiera a Trivers delante de los periodistas.
En 2017 y 2018, Trivers utilizó a Epstein como caja de resonancia de las quejas sobre el movimiento #MeToo, lamentando la “fuerte tendencia nacional” de hombres muy conocidos “que han caído por presunto mal comportamiento hacia las mujeres”.
La Red: transgenerismo como tema dirigido
Los hilos de Ting y Trivers serían significativos por sí solos, pero los documentos de la EFTA recientemente disponibles revelan algo más: el transgenerismo no era un interés periférico para Epstein. Fue un tema que dirigió activamente a través de su red de contactos de élite a lo largo de 2016-2018, los años precisos en los que el campo de la medicina transgénero estaba experimentando una explosiva expansión institucional en Estados Unidos.
Presentación a Bill Gates a través del MIT
El 10 de agosto de 2017, Epstein envió un correo electrónico a Joi Ito —entonces director del MIT Media Lab— con instrucciones sobre cómo presentar a Bill Gates la financiación de la ciencia. El mensaje (EFTA01038315) dice así:
“Yo de ser tú le diría a Gates que esa ciencia es la más apasionante. Nada de transgénero; es transciencia… pero de vanguardia. Estimulación cerebral, interacción entre plantas y humanos. Matemáticas que pueden tratar con millones de entradas. Biología, frente a pocas entradas; hay que desarrollar la física. Le dije que se lo pasaría bien a nivel teórico, en vez de estar bajo el yugo de Melinda (y uno bien gordo)”.
Analice esto con atención. Epstein está seleccionando los temas científicos que presentará al filántropo más rico del mundo, y el transgenerismo forma parte explícita de su taxonomía. Le dice a Ito que desvíe a Gates de lo transgénero hacia lo que Epstein considera una “transciencia” de mayor valor. El correo electrónico revela que Epstein estaba pensando en el transgenerismo como categoría de financiación científica sobre la que tenía opiniones y que estaba encauzando activamente a través de canales institucionales relacionados con la Fundación Gates y el MIT.
Este correo electrónico se envió menos de dos meses después de que Ting le dijera a Epstein que había “abandonado la cirugía plástica” para dedicarse por completo a la cirugía transgénero. Epstein recibía informes sobre los avances en el frente quirúrgico y, al mismo tiempo, gestionaba cómo se colocaba el tema en la filantropía científica de élite.
Wall Street y Weinstein
El 15 de octubre de 2017, Epstein envió un correo electrónico a Kathy Ruemmler —que había sido asesora jurídica de la Casa Blanca bajo la presidencia de Obama— con un discurso de flujo de conciencia sobre cómo el CEO de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, debería abordar una entrevista a raíz del escándalo de Harvey Weinstein. Enterrado en el correo electrónico (EFTA02582780) está esto: “lo transgénero aún no ha llegado a Wall Street :)”.
La cara sonriente es el detalle. Epstein no está observando una tendencia social. Hace un seguimiento del transgenerismo como una fuerza que aún no ha llegado al sector financiero, con evidente diversión. En el mismo mensaje, habla de las mujeres como “una nueva fuerza económica huracanada”, la mentoría, la igualdad salarial y el nuevo poder de las redes sociales como “regulador”, enmarcando todo el panorama, incluidas las cuestiones transgénero, a través del prisma de la disrupción y la oportunidad.
La presencia de Ruemmler como receptora importa. Estaba en la intersección de las redes de élite jurídicas, financieras y políticas. Epstein impulsaba el análisis sobre la dinámica transgénero en esa intersección.
El patrón
Si nos alejamos de los intercambios particulares, surge un patrón. Jeffrey Epstein, un delincuente sexual convicto cuyos delitos documentados implicaban la explotación sexual de menores, estaba simultáneamente:
- Financiando la infraestructura quirúrgica: una subvención de 50 000 USD al Dr. Jess Ting en Mount Sinai, seguida de años de establecimiento de relaciones durante el preciso periodo en que Ting pasó de la cirugía plástica a fundar el primer centro integral de cirugía transgénero de Estados Unidos, un centro que tendría uno de los programas quirúrgicos más destacados de Estados Unidos. Cuando Ting envió un correo electrónico a Epstein sobre su cambio de carrera hacia la cirugía transgénero, Epstein reenvió el correo a un asociado (EFTA02667053).
- Encargando la justificación científica: dirigiendo y financiando a Robert Trivers para que realizara investigaciones sobre “biología transgénero” (EFTA00835004) y, cuando Trivers intentó dedicarse a otras investigaciones, condicionando explícitamente la supervivencia financiera a su cumplimiento: “Pensé que querrías centrarte en la biología transgénero. A la gente le interesaría y yo financiaría” (EFTA01035762). La “investigación” resultante consistía en descripciones deshumanizadoras de las personas transgénero y un debate entusiasta sobre la manipulación hormonal de los cuerpos de niños y niñas, escrito por un hombre que minimizó públicamente los abusos sexuales a menores.
- Gestionando el tema a través de canales de élite: asesorando a Joi Ito sobre cómo presentar la ciencia transgénero a Bill Gates (EFTA01038315), rastreando cuándo llegaría el transgenerismo a Wall Street con una carita sonriente en un mensaje de correo electrónico a la exasesora de Obama en la Casa Blanca (EFTA02582780) y situándolo en primera posición de los temas contemporáneos de mayor interés (EFTA02669232).
- Buscando la participación en la promoción pública: la propuesta directa de Ting a Epstein para financiar Born to Be, un documental destinado a normalizar y celebrar las intervenciones quirúrgicas transgénero.
No se trata de una coincidencia de intereses. Los mensajes muestran a Epstein apartando descaradamente a Trivers de otras investigaciones y enfocándolo a la biología transgénero. Muestran a Ting poniendo al día voluntariamente a Epstein sobre cada etapa del desarrollo del programa transgénero. Muestran a Epstein dirigiendo el asunto a los más altos niveles de la filantropía científica, las finanzas y el gobierno. Muestran a un delincuente sexual convicto que se sitúa en la intersección de la infraestructura médica emergente, la producción pseudocientífica y la narrativa pública, en un campo que opera con los cuerpos de los menores.
Lo que sigue sin respuesta
Los documentos publicados plantean preguntas que exigen respuestas:
Por parte del Mount Sinai: ¿examinó esta institución la participación de Epstein en la investigación relacionada con el trabajo del Dr. Ting cuando se puso en marcha el programa de cirugía transgénero en 2016, tres años después de que Ting visitara la isla de Epstein y aceptara su financiación para la investigación? ¿Qué diligencia debida se aplicó a la subvención de la Fundación Jeffrey Epstein VI? ¿Ha revisado la institución los correos electrónicos de la EFTA publicados en 2026?
Por parte del MIT: el mensaje de Epstein a Ito (EFTA01038315) muestra a Epstein gestionando activamente qué temas científicos proponer a Bill Gates a través del Media Lab del MIT. ¿Fue la ciencia transgénero uno de los temas que Ito trató posteriormente con Gates? Ito salió del MIT en 2019 después de que se revelara su relación financiera con Epstein, pero este mensaje específico, en el que se muestra a Epstein organizando la agenda científica de Gates, no se había publicado anteriormente.
Por parte de la medicina transgénero: ¿cuántos otros programas, investigadores u organizaciones de defensa recibieron financiación de Epstein o de entidades relacionadas con él? Los documentos de la EFTA solo abarcan lo que se ha hecho público, no lo que permanece sellado, tachado o sin procesar en los millones de páginas restantes.
Por parte del Congreso: la correspondencia de Trivers —un delincuente sexual convicto que encarga explícitamente una investigación sobre biología transgénero a un hombre que defendió los abusos sexuales a menores— merece ser examinada por el Congreso. El Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes tiene acceso al archivo completo y no censurado de la EFTA. ¿Alguien ha buscado ahí correspondencia adicional relacionada con el transgenerismo?
Por parte de las familias: el hombre que mantuvo relaciones financieras y profesionales con las primeras figuras institucionales durante la rápida expansión del campo era un traficante sexual de menores. El biólogo que contrató para elaborar la ciencia declaró públicamente que el sexo con criaturas de 14 años no es “tan atroz”. El cirujano al que financió visitó su isla y solicitó su dinero mientras creaba un programa para operar a niños y niñas. Son hechos documentados en registros federales. Merecen formar parte de la conversación pública sobre quién construyó este sistema y por qué.
El panorama general
Los investigadores independientes llevan años documentando los flujos de dinero institucional que hay detrás de la rápida expansión de la industria de la medicina transgénero. La periodista feminista Jennifer Bilek, que escribe en The 11th Hour Blog, ha rastreado el papel de los filántropos multimillonarios —como la familia Pritzker, la Fundación Arcus de John Stryker y figuras del sector tecnológico como Martine Rothblatt— en la financiación del andamiaje institucional: clínicas de género, marcos legales, campañas mediáticas y programas educativos que impulsaron una industria médica, de su práctica inexistencia a la proliferación de cientos de clínicas pediátricas de género en apenas una década. Si desea más información, esta es su impresionante entrevista: Trans Inc.: cómo Wall Street y Silicon Valley se benefician del caos generista.
[Más información sobre la financiación de la industria transgenerista en la sección La financiación del lobby Queer en nuestra web]
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