Por Tanya Aldred.

La decisión del Comité Olímpico Internacional (COI) de excluir a los varones autodeterminados mujeres y a la mayoría de los atletas XY con Diferencias en el Desarrollo Sexual del deporte olímpico femenino ha recibido elogios de la mayoría de los principales organismos deportivos, pero críticas de algunos grupos transactivistas.

También pone fin a un período en el que la inclusión, a menudo bienintencionada, se produjo a expensas de las deportistas y de quienes señalaron que las reglas no eran justas.

En medio de la mezcla de alivio y decepción, proliferaron los malentendidos y la confusión. Entonces, ¿por qué el COI modificó sus reglas sobre el deporte de élite de cara a los Juegos Olímpicos de 2028?

Un aspecto fundamental de la nueva política de protección de la categoría femenina es que la ventaja física masculina es real.

Los hombres tienen una ventaja de rendimiento sobre las mujeres de entre el 10 % y el 12 % en la mayoría de las pruebas de carrera y natación, y de al menos el 20 % en la mayoría de las pruebas de lanzamiento y salto. Esta ventaja puede superar el 100 % en pruebas explosivas como el boxeo o la halterofilia.

El documento del COI afirma: «Los hombres tienen mayor y más fuerte masa muscular y ósea, corazones más grandes y fuertes, mayor capacidad pulmonar, más glóbulos rojos y menor grasa corporal que las mujeres entrenadas al mismo nivel. En conjunto, estos atributos les confieren ventajas de rendimiento individuales basadas en el sexo en deportes y pruebas que dependen de la fuerza, la potencia y/o la resistencia».

Estas ventajas físicas hacen que los chicos de 14 años más rápidos corran los 100 metros más rápido que el récord mundial femenino; la tenista número uno del mundo, Aryna Sabalenka, perdió el partido de diciembre pasado contra un Nick Kyrgios fuera de forma, que entonces ocupaba el puesto 671 del ranking mundial; y si no existiera una categoría femenina en los Juegos Olímpicos, no habría medallistas femeninas, salvo en pruebas ecuestres y, posiblemente, en tiro estático. Esto no significa que el deporte femenino sea inferior, simplemente significa que ambos sexos son diferentes.

La ciencia al respecto es indiscutible, salvo para quienes realizan las más descabelladas contorsiones mentales. El hecho de que algunos atletas sean «injustamente» perfectos para una disciplina en particular —como el nadador Michael Phelps y su increíble envergadura— no significa que debamos incorporar la injusticia a una categoría. La ventaja de Phelps sobre sus rivales masculinos más cercanos era inferior al 0,5 % , y todos sus récords mundiales individuales han sido superados desde entonces. Si hubiera competido contra mujeres, la diferencia sería del 10-12 %. Como escribió la bióloga del desarrollo Emma Hilton : «La mayor ventaja genética de Phelps reside en un cromosoma Y».

El COI subraya que en los últimos años se ha comprendido mejor que tanto los varones que se autoidentifican mujeres que reducen sus niveles de testosterona como casi todos los atletas con DSD XY a quienes se les ha exigido reducir su testosterona, siguen teniendo una ventaja significativa sobre sus homólogas femeninas debido a haber tenido una pubertad masculina.

Es esta evidencia la que ha llevado al COI a cambiar de opinión. Si bien antes creía que podía conciliar su política anterior de inclusión con la seguridad y la equidad, la ciencia afirma de forma abrumadora que no es posible.

La segunda gran decisión del COI es dictaminar que cualquier persona que compita en la categoría femenina debe someterse a una prueba de detección del gen SRY, que se realizará una sola vez en su vida y se describe como «un segmento de ADN que se encuentra en el cromosoma Y, inicia el desarrollo sexual masculino en el útero e indica la presencia de testículos«.

La prueba consistiría en una muestra de la mucosa bucal, o un análisis de sangre o saliva, no más complicado que las pruebas de ADN para determinar la ascendencia. No es ni de lejos tan invasivo como el engorroso proceso antidopaje al que se someten habitualmente todos los atletas olímpicos, que incluye tener que orinar delante de los agentes de control antidopaje.

Y es mucho mejor que las alternativas: o bien una campaña de desprestigio basada en la apariencia de los atletas, o bien la postura del COI anterior a 2021 que exigía que los atletas transgénero y aquellos con DSD XY redujeran sus niveles de testosterona.

Se ha afirmado que las pruebas de determinación de sexo tienen como objetivo a atletas negras del Sur Global, como  Caster Semeny (Sudáfrica), Margaret Wambui (Kenia) y Francine Niyonsaba (Burundi), quienes ganaron medallas en los 800 metros en los Juegos Olímpicos de 2016, de forma justa según las normas del COI vigentes en ese momento. Sin embargo, esto no es cierto. La prueba del gen SRY se aplicará a cualquier persona que desee competir en la categoría femenina en los Juegos Olímpicos de 2028, independientemente de su origen. Semenya, Wambui y Niyonsaba, atletas con DSD XY, fueron identificados como mujeres al nacer, pero poseen el gen SRY y niveles de testosterona propios de los hombres, a los que sus cuerpos suelen responder, lo que les confiere una ventaja física. Por lo tanto, quedarían excluidos.

La inclusión [de varones con DDS]  impidió que corredoras de Sudáfrica, Kenia y Burundi pudieran participar en los Juegos Olímpicos de 2016.

Ahora que el COI ha tomado su decisión, debe garantizar que estos procedimientos de selección sean rigurosos y discretos, que se cumpla la promesa de priorizar la «dignidad, la salud física y psicológica» de los atletas y que exista un deber de atención hacia aquellos atletas cuyos sueños se han visto truncados.

La decisión del COI refleja mayoritariamente la voluntad de las atletas. La última encuesta a gran escala realizada a atletas femeninas tuvo lugar tras los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996. De un total de 928 mujeres, el 82 % deseaba continuar con el control de sexo, que fue obligatorio en los Juegos Olímpicos desde 1968 hasta 1998. Sin embargo, las autoridades optaron por la opción contraria. El COI ha declarado que las opiniones de las atletas sobre la decisión de 2026, incluyendo 1.100 respuestas a una encuesta en línea, revelaron un amplio consenso en cuanto a que la equidad y la seguridad en la categoría femenina requieren reglas de elegibilidad claras y basadas en la ciencia.

Esta decisión debería impulsar aún más la práctica deportiva para todos. Los atletas trans y aquellos con DSD (Trastornos del Desarrollo Sexual) deben ser recibidos con los brazos abiertos, independientemente de su identidad de género y su apariencia, pero lamentablemente no podemos hacer milagros. La ciencia demuestra que si has pasado por la pubertad masculina, debes competir en la categoría masculina. El deporte solo funciona si existe una categoría definida. La decisión del COI, con razón, devuelve la dignidad a la categoría femenina.

NOTA: No usamos el término inexacto «mujeres trans». Lo hemos traducido por el más cierto «varones que se autoidentifican como mujeres».

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