Colectivos feministas han hecho llegar sus alegaciones al Ministerio de Igualdad con el objetivo de frenar el desarrollo de la ley trans al entender que ésta puede “vulnerar gravemente los derechos de las mujeres y de la infancia”. Estas alegaciones parten de la Alianza contra el Borrado de las Mujeres, compuesta por un centenar de colectivos de mujeres.

Asimismo, un grupo de mujeres referentes del feminismo en España (Amelia Válcarcel, Alicia Miyares, Laura Freixas, Ángeles Álvarez, Victoria Sendón, [Rosa Mª Rodriguez Magda, Marina Gilabert y Juana Serna]) han hecho pública una carta abierta al Gobierno pidiendo un “debate amplio y veraz” sobre la ley trans. Un debate que no se ha llevado a cabo ya que, según indican, la ministra Irene Montero no ha querido recibir a estos colectivos.

Los argumentos por los que se oponen al desarrollo de una ley trans parten de la impugnación del concepto de libre elección de género y de sexo.

“Pretender que el ser mujer y hombre es una mera elección desdibuja la realidad material del sexo, justo aquello que determina el género en que se nos socializa”, se indica en la carta.

Se recuerda así que es necesario preservar la distinción y la no confusión de los conceptos sexo y género: “el sexo como realidad biológica y constatable y el género como un constructo cultural de estereotipos”. Es decir, se recuerda que para el feminismo el género es la construcción jerárquica de estereotipos en función del sexo en la que se basa la desigualdad.

Al entrar en el debate sobre la infancia, las alegaciones presentadas indican que la elaboración de una ley trans que incorpore el derecho a la identidad de género es una forma de perpetuar los estereotipos de género tradicionales “Hablar de cuerpos equivocados y fomentar el género como identidad –se subraya– contradice todas las normativas de igualdad, refuerza el sexismo en la infancia y pone las bases para truncar su sano desarrollo”. En esta línea, se advierte que se condena a las criaturas a “ajustarse a roles sexistas tradicionales al explicarles, por ejemplo, que si un niño juega con cocinitas y le gusta el ballet (…) debe ser una niña”. […]

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