Imagen vía @VincentPsychSE

El Instituto Central de Investigación de la Asistencia Sanitaria Ambulatoria de Alemania analizó los datos de facturación a nivel nacional de las Asociaciones de Médicos del Seguro Médico Obligatorio para evaluar el número de diagnósticos de «trastornos de la identidad de género» en el periodo 2013-2022. El análisis reveló que los diagnósticos se multiplicaron por ocho, que el 72,4 % de las personas con un diagnóstico de esos trastornos tenían al menos un diagnóstico de trastorno psiquiátrico adicional y que solo el 36,4 % seguía teniendo un diagnóstico confirmado de «trastornos de la identidad de género» al cabo de cinco años, con una persistencia del diagnóstico inferior al 50 % en todos los grupos de edad.

Se evaluó la prevalencia del diagnóstico psiquiátrico codificado según la CIE-10 F64 «trastornos de la identidad de género» (transexualismo [F64.0], travestismo de doble rol [F64.1], trastorno de la identidad de género de la infancia [F64.2], otros trastornos de identidad de género [F64.8], trastorno de identidad de género, sin especificar [F64.9]) en al menos dos trimestres de un año natural y para personas aseguradas de entre 5 y 24 años para el periodo 2013-2022 (aproximadamente 13,4-14,0 millones de personas aseguradas) y se estratificó por edad y sexo (hombre/mujer).

En un análisis de sensibilidad, se incluyó también el diagnóstico CIE-10 F66 (trastornos psicológicos y del comportamiento asociados al desarrollo y la orientación sexuales).

Además, en los casos de diagnóstico confirmado de F64 «trastornos de la identidad de género» (M1Q), las comorbilidades psiquiátricas más frecuentes se estratificaron por sexo para 2022 en un análisis transversal y se evaluó la persistencia de este diagnóstico hasta 2022 en personas que tenían entre 5 y 24 años en el año natural 2017 (cohorte longitudinal)

Resultados

En el periodo 2013-2022, la prevalencia de los diagnósticos confirmados con el código F64 «trastornos de la identidad de género» entre las personas aseguradas de entre 5 y 24 años aumentó de 22,5/100.000 a 175,7/100.000 (M1Q) y de 15,2/100 000 (M2Q) a 132,6/100 000, respectivamente. Es decir, los diagnósticos de trastornos de la identidad se multiplicaron casi por 8 en el periodo 2013-2022.

En casi todos los años, la mayor prevalencia de diagnósticos de F64 (M1Q) se observó entre las adolescentes del grupo de edad de 15 a 19 años (2022: 452,6/100 000, figura 2).

Respecto a las comorbilidades psiquiátricas más frecuentes, en el 72,4 % de las personas con un diagnóstico de F64 en 2022 (n = 24.624 personas), se detectó al menos un diagnóstico psiquiátrico adicional (hombres: 67,3 %; mujeres: 75,6 %). Los diagnósticos más comunes fueron los trastornos depresivos (hombres: 49,3 %, mujeres: 57,5 %), los trastornos de ansiedad (23,5 %/34,0 %), el trastorno de personalidad emocionalmente inestable de tipo límite (12,1 %/17,6 %) y los trastornos por déficit de atención e hiperactividad (12,7 %/12,6 %) y trastornos por estrés postraumático (9,9 %/13,6 %).

En la cohorte longitudinal (n = 7885 personas, 47,1 % en el grupo de edad de 20 a 24 años; 37,7 % de hombres), solo el 36,4 % seguía teniendo un diagnóstico confirmado de F64 al cabo de cinco años, y la persistencia del diagnóstico fue inferior al 50 % en todos los grupos de edad (con un rango del 27,3 % [para las mujeres de 15 a 19 años] y el 49,7 % [para los hombres de 20 a 24 años]).

Conclusiones

Nuestro estudio reveló un aumento de ocho veces en la prevalencia de los diagnósticos de «trastornos de la identidad de género» F64 a lo largo de un periodo de diez años en personas aseguradas de entre 5 y 24 años.

La distribución por sexos de los diagnósticos de F64 en nuestro estudio (predominio masculino en la etapa prepuberal, predominio femenino a partir de la pubertad y convergencia en la edad adulta temprana) es en gran medida coherente con los hallazgos de Sun et al. (3). Los picos de edad (15-19 años en las mujeres y 20-24 años  y los hombres asegurados) también fueron idénticos.

Nuestros datos no permiten extraer conclusiones sobre las posibles causas del incremento en los diagnósticos de «trastornos de la identidad de género» (por ejemplo, un aumento real de la prevalencia, una mayor sensibilización, una menor estigmatización, la mejora de los servicios sanitarios o el sobrediagnóstico). En cuanto a las comorbilidades psiquiátricas, nuestros resultados concuerdan con la bibliografía, al menos en lo que respecta a los trastornos depresivos.

La baja persistencia del diagnóstico durante el periodo de seguimiento de 5 años, inferior al 50 % en todos los grupos de edad, concuerda con la literatura y, presumiblemente, refleja la fluidez del concepto de identidad de género en la infancia y la adolescencia, sin embargo, también podría interpretarse como un indicio de la necesidad de un procedimiento diagnóstico integral y estandarizado (www.cass.independent-review.uk/publications/final-report).

Es necesario seguir investigando las causas de la baja persistencia diagnóstica y del aumento observado en la prevalencia. Mientras tanto, la estabilidad diagnóstica y la alta prevalencia de trastornos mentales concomitantes deberían tenerse en cuenta en las recomendaciones sobre el inicio del tratamiento de «reasignación de género en la adolescencia».

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