Habemus borrador de texto de ANTEPROYECTO DE LEY PARA LA IGUALDAD REAL Y EFECTIVA DE LAS PERSONAS TRANS Y PARA LA GARANTÍA DE LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS LGTBI. Sin entrar en análisis pormenorizados, que se harán, lo más ilustrativo del borrador de Anteproyecto es el «cambiazo» de «identidad o autodeterminación de género» por «identidad sexual» como si así se resolvieran los conflictos.
Leído el texto me queda el sabor de la tristeza, agria, amarga y salada, porque estoy convencida de que el Gobierno (Psoe y Podemos) activará a sus grupos de “feministas de base” con mensajes tranquilizadores del tipo: “no se confunden los conceptos de “sexo” y “género”; no hay “identidad o autodeterminación de género”; “no hay ley específica trans”, etc.
Tal pudiera parecer que el Gobierno se hizo eco de las demandas feministas, pero lo cierto es que el Gobierno se quedó sólo, como si fuera un medio de comunicación, con los titulares de la demanda feminista sin entrar en absoluto en las razones y argumentos esgrimidos desde el feminismo.
Se presenta como panacea un subterfugio, cambiar la “identidad de género” por “identidad sexual”. Pero leído el texto sabemos, por los detalles de las medidas y artículos, que lo que se entiende por “identidad sexual” es la que corresponde al glosario de definiciones de la Organización Chrysallis, no en vano fue una de las entidades que participó en las negociaciones del Anteproyecto.
Y ¿qué se entiende por “identidad sexual” según los negociadores? “Identidad sexual: sexo psicológico subconsciente sentido como propio por cada persona y que la define como hombre o mujer (en ocasiones como las dos cosas o ninguna)”. O sea, clavadito a lo que se entiende por “identidad de género”. Y qué entiende Chrysallis por “género”: “el conjunto de características adoptadas social y culturalmente como expresión y manifestación de la identidad sexual” o sea en el texto del borrador del Anteproyecto lo que aparece como “expresión de género”.
Así que “identidad sexual” y “género” remiten la una a la otra en una circularidad acrítica y contraria a lo mantenido desde el feminismo.
A estas alturas la única evidencia de la que dispongo, por mi lectura del borrador, es que tanto gobierno como negociadores prescinden de cualquier definición porque el desarrollo del articulado descansa en el sobreentendido de la “identidad de género” o “identidad sexual” y santifica la “libre determinación del sexo”.
Pero no se engañe el Gobierno, han puesto al feminismo en estado de indignación y no cejará en sus demandas
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