Por Nuria Coronado

Alicia Miyares, Doctora en Filosofía por la Universidad de Oviedo, responde a la parodia y la incongruencia posmo del generismo y “a esa parte de la izquierda que ha sucumbido a las tesis posmodernas y relativistas” que pretenden que las mujeres caminen “como gozosas corderillas” y compren como si fuera feminismo “posiciones que defienden el individualismo y el deseo como único criterio de afirmación para abandonar el sujeto mujer en nombre de la diversidad”.

  • ¿Lo trans ha roto la convivencia?

Lo trans es una nueva construcción identitaria de carácter impositivo. Es una identidad cuya pretensión es alterar el significado social de sexo/género y orientación sexual, pretendiendo además redefinir la categoría mujeres. Lo trans pretende la irrelevancia jurídica y administrativa de la categoría “sexo”, sustituyéndolo por “identidad sexual” entendida como “sexo psicológico subconsciente sentido como propio por cada persona y que le autodefine como hombre, mujer o persona no binaria”.

A su vez, si en la definición clásica de “orientación sexual” es relevante el sexo de las personas para poder describir la heterosexualidad u homosexualidad ahora se circunscribe a la “identidad sexual”, entendiendo por “orientación sexual” la preferencia afectiva y/o sexual de la persona por personas con la misma o diferente identidad sexual.

  • ¿Cuál es la finalidad de esta nueva definición de “orientación sexual”?

A mi modo de ver esta redefinición sigue consecuencias indeseables de verdadera persecución inquisitorial contra, por ejemplo, las mujeres lesbianas. Si la orientación sexual descansa en la identidad sexual se puede fácilmente dictaminar que sentirse atraído solo por personas con determinado tipo de genitales es “cissexista” y que expresar este tipo de preferencias es una declaración de odio; Transfobia será, pues, no aceptar la existencia de “penes femeninos” y “transfobia interiorizada” será el rechazo de las mujeres lesbianas a mantener relaciones sexuales con personas con pene que se sientan lesbianas. Esto ya está sucediendo…

La definición de “identidad sexual” tal cual es descrita por los defensores de la identidad “trans” es ampliamente cuestionada por sus evidentes connotaciones neurosexistas, pero es, sin embargo, la piedra angular sobre la cual edificar la nueva “ingeniería social”. Seguidamente “lo trans” pretende, a su vez, instaurar un nuevo significado de la categoría “género”, diametralmente opuesta a la perspectiva crítica del género planteada por el feminismo. […]

  • El transactivismo como dices en Distopías patriarcales es una manera de tutelarnos de nuevo a las mujeres

Absolutamente. Las mujeres padecemos la heterodesignación, afín a los credos religiosos y conservadurismo político, y ahora padecemos también la transdesignación, propia del generismo trans/queer. Por ejemplo, el debate estéril sobre lo que signifique “ser mujer” o “hacerse mujer” es impulsado tanto desde la heterodesignación como desde la transdesignación.

El relato de la heterodesignación y la transdesignación, tiene muchas formas de presentarse en el momento actual: no hay violencia de género, somos naturaleza femenina, no somos el sujeto activo del feminismo, no hay un sexo biológico, no somos mujeres sino cismujeres, no somos “mujeres embarazadas” sino “cuerpos gestantes”, las mujeres blancas son privilegiadas, no somos un grupo social sino colectivo… La designación de lo que quiera que seamos las mujeres, en cualquier caso, no nos pertenece. […]

  • ¿Una premonición feminista ante todo este dislate?

El feminismo político se enfrenta a la distopía actual y esta es su encrucijada. La moneda está en el aire: o distopía o feminismo. Confío en que la distopía que genera “la mística de la identidad de género” no dure en el tiempo lo mismo que “la mística de la feminidad”.

El feminismo tanto a nivel nacional como internacional ha dado la voz de alerta y facilitado una sólida argumentación para luchar contra los opiáceos de la subjetividad, el deseo y la hiperemotividad. Pero es igual de esencial para frenar los tiempos distópicos que otras instancias del saber, de la ciencia, de la cultura y lo jurídico expresen sus posiciones abiertamente. La supuesta acusación de transfobia no puede servir de “adormidera social”. El feminismo se ha rebelado, lo esperable es que cunda el ejemplo. Contra la distopia queer se responde con rebeldía feminista.

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