Entrevista a la filósofa y catedrática de Filosofía Moral, Amelia Valcárcel.

El discurso feminista es una teoría del cambio social. Sabemos lo que ha hecho, qué ha conseguido y qué transformaciones ha operado en nuestra sociedad. El discurso queer funciona sobre una neolengua. En nuestra sociedad para convencer a alguien de algo que no está muy claro siempre tienes que engañarlo con la palabra libertad.

-¿Vive el feminismo actualmente un punto de inflexión?

-No. Vamos a usar una palabra de filosofía, el pléroma. Es la marea alta de algo. Se produjo en el año 95, en la Conferencia de Pekín, cuando el feminismo hizo agenda planetaria. Pero no se ha vuelto a producir una conferencia internacional igual de fuerte. Eso es por algo. Los estados no se quieren comprometer. Por eso creo que estamos en una fase de cierto receso. Piense usted en Putin. O en China, India o Irán.

-¿Y a nivel nacional?

-Este es un país relevante, pero el feminismo no puede dejar la mirada global. Ocurre lo mismo con el ecologismo. No podemos preocuparnos solo del bosque de eucaliptos y dejar la Amazonia. Las políticas ecológicas necesitan determinaciones internacionales. Las feministas, también.

-Uno de los temas del momento es la prostitución. ¿Cómo se debe abordar?

-La única manera de acabar con la trata, un negocio internacional criminal, es abolir definitivamente la prostitución. Para eso hay que disuadir a sus consumidores. El otro día escuchaba a Zapatero decir que lamentaba no haber sido abolicionista. ¡Caramba! No era tan difícil, pero hay que tomar decisiones impopulares.

-¿Por qué es impopular?

-Porque la mayoría de los varones piensan que eso es un derecho que tienen, el derecho a comprar sexo. Para que se pueda hacer efectivo tiene que haber quién lo venda.

-Otro punto caliente es del de los vientres de alquiler. La postura del feminismo ahí es clara.

-Sí, pero nos ha costado formarla. Cuando nos enteramos de eso nos pusimos a combatirlo, pero en México es legal. En algunos estados de EE.UU., también. Y eso lo que hace es normalizar y que a la gente le parezca bien que una mujer se quede embaraza, tenga un hijo y por dinero se lo dé a otra gente. Todo apañado con neolengua: la generosidad, los padres de intención… La neolengua siempre apunta a que hay una distopía en marcha.

-El último gran debate al que se enfrenta el feminismo es la ley trans. ¿Qué piensa usted?

-He formado parte dos veces de manifiestos contra la ley trans, que deviene de la llamada teoría queer, una mala copia del feminismo. El feminismo dice que el sexo no tiene que ser importante para lo que una persona pueda hacer o conseguir. La teoría queer dice directamente que el sexo no importa, que se elige. El sexo no se elige, se nace con él. Es antiempírica, por decir algo. Una cosa es que la gente pueda elegir, y debe poder hacerlo, todas sus preferencias sexuales, pero decir que el sexo se da a boleo al nacer y que cuando eres mayor eliges qué quienes ser, no. Elegirás otra cosa, pero el sexo lo tienes en cada una de las células de tu cuerpo. Es todo neolengua. […]

-En todo caso hay un parte del feminismo favorable a la ley trans.

-No me consta.

-La ley la impulsa el Ministerio de Igualdad, liderado por Irene Montero que siempre ha ejercido como feminista.

-No, Irene Montero ha ejercido de varias cosas, pero de feminista nunca la vimos. No sabemos ni siquiera si se lo ha estudiado. No se puede uno declarar feminista, igual que no se puede declarar ciego o mudo. No es una función declarativa. El feminismo es una agenda, que si no la compartes no eres feminista.

-¿Cuál esa agenda?

-Acabar con todas las servidumbres tradicionales para ser individuos de pleno derecho. Eso exige acabar también con muchas ideas mal formadas. Por ejemplo, muchas ideas patriarcales. ¿Es normal que un señor que se dedica a la política diga hace dos meses que el feminismo es cuidar? ¿Y por qué no es nadar a crowl? ¿Qué majaderías son estas? […]

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