Las lesbianas que creen en la realidad de las diferencias sexuales biológicas y que no aceptan a hombres transfemeninos como compañeros sexuales están siendo atacadas por una turba bajo el paraguas LGBTQIA+. En Australia y en todas partes, desaparecen los lugares y los eventos solo para lesbianas y hoy acogen a un batiburrillo de «no binarios» y hombres que se autodeclaran lesbianas.

Cuando Anna* cumplió 19 años, apenas había salido del armario como lesbiana y entabló una amistad on line con un hombre transfemenino en un chat anónimo. A medida que la amistad se desarrollaba, Anna cuenta que la «presionó» para que se conocieran y le practicara sexo oral en el pene. Anna se negó.

Cuando la joven lesbiana de Melbourne compartió posteriormente su historia de acoso sexual con sus compañeras universitarias, en lugar de empatizar con ella, «perdí a algunas de mis mejores amigas… y me dijeron que era una terf (feminista radical transexcluyente) y transfóbica«. También le dijeron que «a las lesbianas sí les puede gustar personas del sexo opuesto», a pesar de que sus amigas sabían que Anna sufría de síndrome de estrés post traumático tras crecer en un hogar violento y haber sido abusada a los 13 años por un hombre mientras volvía a casa de la escuela.

Anna tiene ahora 27 años, mantiene una relación lésbica y trabaja como cuidadora de perros. Describe sus opiniones políticas como de izquierdas y «no se siente cómoda compartiendo espacios con hombres», dado su historial de trauma y agresión sexual.

Sin embargo, esta joven, muy elocuente, afirma que cuando ha comentado on line sobre la necesidad de «límites lésbicos» y espacios de un solo sexo, utilizando un «lenguaje educado e inclusivo», sus compañeras de la comunidad LGBTQIA+ la han llamado «retrógrada» y terf, y ha recibido amenazas de muerte y violación por parte de transactivistas.

Todo esto ocurría en un entorno donde a Anna le resultaba casi imposible encontrar grupos sociales de un solo sexo para lesbianas; una situación que describe como “deprimente” y “desgarradora”. La discriminación basada en la identidad de género es ilegal, por lo que los eventos para mujeres lesbianas deben estar abiertos a cualquier persona que se identifique como lesbiana, y actualmente esto puede incluir a mujeres bisexuales y «no binarias», mujeres transmasculinas y hombres transfemeninos operadas o sin operar.

Anna afirma que, salvo en un club de lesbianas que ha descubierto recientemente, “nunca he podido encontrar un espacio o grupo exclusivo para lesbianas”.

Nicole Mowbray, portavoz del Grupo de Acción Lésbica (LAG), con sede en Melbourne, afirma que, como joven lesbiana, Anna no es la única que ha sufrido acoso y aislamiento social. LAG es un grupo que defiende que “el sexo biológico es real, binario e inmutable”, y se resiste a “la nueva lesbofobia” y a la eliminación de la cultura y los espacios exclusivos para lesbianas.

El grupo también sostiene que las lesbianas que creen en la realidad de las diferencias sexuales biológicas “están siendo atacadas por una turba bajo el paraguas LGBTQIA+”.

Mowbray afirma que su organización ha recibido “mucha evidencia de casos” de jóvenes lesbianas que están siendo sexualmente acosadas en eventos queer mixtos por hombres y hombres transfemeninos que se identifican como lesbianas. «Nos cuentan historias horrendas sobre lo que ocurre en estos eventos mixtos», declaró Mowbray a The Australian.

En un escrito judicial, LAG afirma: «Es común que las lesbianas sean presionadas para tener relaciones sexuales con hombres transfemeninos y que corran el riesgo de aislamiento social si no están de acuerdo con ese concepto».

LAG ha presentado esta demanda como parte de la mediática apelación de Sall Grover, fundadora de la app Giggle, ante el Tribunal Federal, que comienza el lunes 4 de agosto. Este caso ha puesto de manifiesto las tensiones entre los derechos de las personas trans y los derechos de las mujeres, incluidas las lesbianas, a mantener espacios diferenciados.

El tribunal ha concedido a LAG la condición de «interviniente» en la apelación contra el fallo del juez Robert Bromwich, que declaró que Grover discriminó indirectamente a Roxanne Tickle [hombre transfemenino] al no admitirle en su app de redes sociales exclusiva para mujeres.

Grover había excluido a Tickle de la app porque le consideraba un hombre biológico, pero el juez Bromwich determinó que se la «describió correctamente como mujer» y que el sexo es «mutable».

Por el contrario, en un fallo unánime e histórico emitido en abril, el Tribunal Supremo del Reino Unido dictaminó que la definición legal de mujer se basa en el sexo biológico. El tribunal determinó que, según la Ley de Igualdad del Reino Unido, «el concepto de sexo es binario: una persona es mujer u hombre».

La decisión, que sorprendió a activistas gais y transgénero, podría tener repercusiones drásticas en el funcionamiento de los derechos basados en el sexo y los espacios exclusivos para mujeres en Gran Bretaña.

En 2013, la Ley Federal de Discriminación Sexual de Australia se modificó para prohibir la discriminación basada en la identidad de género. Si bien esta reforma supuso una mayor protección para la comunidad transgénero, a menudo vulnerable, ha tenido consecuencias de gran alcance para los espacios de un solo sexo, desde prisiones hasta equipos deportivos femeninos.

Su impacto en la comunidad lésbica también ha sido profundo, aunque sigue sin recibir la debida atención. Mowbray afirma que, debido a las leyes contra la discriminación y al auge de la ideología transgénero, «no existen eventos de un solo sexo… incluso un baile de mujeres queer en un club LGBTQIA+ está lleno de hombres, ya sea que se identifiquen como lesbianas o queer; todos son eventos mixtos».

La portavoz del Grupo de Acción Lésbica LAG afirma que las reuniones sociales lésbicas para mujeres atraídas por su mismo sexo se han visto obligadas a ser clandestinas y que la próspera escena social lésbica de la que formó parte en las décadas de 1980 y 1990 ha sido «simplemente diezmada».

Mowbray está cocreando un mapa de los Espacios Lésbicos Perdidos en el centro de Melbourne que existían en las décadas de 1980 y 1990. Este mapa muestra que solo quedan tres lugares de los aproximadamente 40 que ofrecían discotecas, bailes, bares, eventos artísticos y un grupo de tenis lésbico que ganó medallas de oro en los Juegos Gay.

«Ha sido devastador», afirma. Y añadió: “No tenemos ningún problema con que la gente se identifique como quiera. Nuestro verdadero problema es que no se respetan nuestros límites (por ley)… Y cuando no se respetan los límites y las mujeres no pueden decir que no, eso es cultura de la violación, ¿sabes? No es bueno”.

Inquirer ha hablado con cuatro jóvenes lesbianas de Melbourne, Perth y Adelaida que desearían que se permitieran por ley espacios separados por sexos y que no se han sentido bienvenidas ni seguras en lugares y eventos dirigidos a la comunidad queer.

La estudiante de Adelaida Charlie Nole* tenía 18 años cuando salió por la noche a un club lésbico en Adelaida. La “desistidora”, que había emprendido un viaje transgénero antes de aceptar que era mujer y lesbiana, buscaba un lugar donde pudiera conocer y socializar con otras mujeres lesbianas.

Ahora, con 21 años y siendo una talentosa estudiante de matemáticas e informática, Nole recuerda cómo, en el club, “muchos hombres coquetearon conmigo a pesar de que era una lesbiana muy masculina, y no había otros espacios seguros a los que pudiera ir. Así que, incluso en el club [teóricamente] lésbico, no estaba realmente a salvo de la atención masculina. Era un lugar dominado por hombres.

Feminista crítica de género, Nole solía pegar pegatinas en su coche que decían que las lesbianas eran mujeres homosexuales y que a las lesbianas no les gustan los penes. Ella dice: “No pensé que fueran tan polémicas, pero esas pegatinas me las arrancaron del coche varias veces. Y una vez me robaron la matrícula cuando tenía esas pegatinas en el coche”.

Haciéndose eco de las observaciones de otras lesbianas entrevistadas para este artículo, Nole afirma: “Se ha vuelto cada vez más común en los espacios queer la idea de que es intolerante que las lesbianas digan que no se acostarían con alguien que tenga determinados genitales (masculinos)… Eso se considera reduccionista”.

Lisa, una estudiante lesbiana de 30 años de Perth, también está familiarizada con las acusaciones on line y en el campus de que “si eres lesbiana y no sales con una persona con pene… entonces eres una fetichista genital y deberías reexaminar tus preferencias personales”. Ella afirma que dentro de su grupo de compañeras universitarias en Australia Occidental, “se habla de ello como algo que se sabe que es una verdad”. No hay debate al respecto.

Lisa, estudiante de posgrado, cree que se espera que las lesbianas sean más receptivas con las personas transgénero que otros grupos demográficos queer, como los hombres gays, y sin embargo, ha experimentado una «homofobia increíble» por parte de algunos transactivistas y aliados, incluyendo mujeres.

«Creo que existe una presión para ser inclusivas y ser política y moralmente puras de una manera que otros sectores de la comunidad LGBTQI+ no están obligados a ser», afirma.

Sin embargo, Paula Gerber, profesora de derecho de la Universidad de Monash y especialista en derechos humanos, se opone rotundamente a la afirmación «ofensiva» de que las lesbianas están siendo coaccionadas para salir o tener relaciones sexuales con mujeres trans. Afirma: «La idea de que las lesbianas estén siendo presionadas para salir o tener relaciones sexuales con hombres transfemeninos es absurda y ofensiva para su propia voluntad y autonomía.

«Tenemos leyes penales que abordan el hecho de que las personas sean obligadas a tener relaciones sexuales sin su consentimiento, y cualquier mujer sometida a encuentros sexuales forzados debe denunciar dicho comportamiento a la policía. Todas las mujeres son libres de elegir con quién quieren salir».

Por otro lado, Gerber afirma que las aplicaciones de citas para lesbianas deberían incluir a hombres transfemeninos con penes que se identifiquen como lesbianas, porque «las aplicaciones de citas para lesbianas deberían ser inclusivas con todas las lesbianas».

Según la profesora, las investigaciones sugieren que casi la mitad de los hombres transfemeninos son bisexuales o «lesbianas», por lo que es fundamental que se las incluya en los espacios lésbicos. Afirma: «Un estudio reciente sobre mujeres trans reveló que el 43 % de las participantes se sentían atraídas casi exclusivamente por mujeres, o solo por ellas, lo que indica que existe un grupo significativo de hombres transfemeninos que son «lesbianas» o bisexuales. 

“Permitir que un grupo de lesbianas excluya a otras lesbianas por ser trans viola el derecho internacional de los derechos humanos y la legislación australiana». También contradice la opinión de la gran mayoría de las lesbianas, que creen que deberíamos unirnos con nuestras «hermanas trans», no «apartarlas».

En cuanto a las preferencias individuales en materia de citas, Gerber señala que, si bien «las leyes contra la discriminación, como la Ley de Discriminación Sexual de 1984, prohíben la discriminación en ámbitos de la vida pública como la educación, la vivienda y el empleo», la ley «no pretende regular con quién dice una lesbiana que quiere salir en una aplicación».

La Comisión Australiana de Derechos Humanos, que también tiene la condición de interviniente en la apelación de Grover, declaró al Inquirer que no ha recibido ninguna queja de lesbianas que afirmen haber sido acosadas por hombres transgénero. Coincidiendo con Gerber, una portavoz de la comisión declaró: «Cualquier forma de presión para participar en actividades sexuales sin consentimiento es un asunto grave». El consentimiento debe ser libre, voluntario e informado.

Stassja Frei, escritora y productora de la serie de podcasts australiana Desexing Society, recientemente lanzada, declara que «vivimos tiempos difíciles para las jóvenes lesbianas». Su podcast explora la «epidemia» de disforia de género juvenil, así como los ataques de la industria transgénero a los derechos de las lesbianas.

Ella le comenta al Inquirer que las tensiones entre las comunidades lesbiana y transgénero se remontan a la década de 1990, cuando los eventos exclusivos para lesbianas fueron prácticamente ilegalizados en Nueva Gales del Sur.

Frei revela: “Uno de los primeros ejemplos de acoso a lesbianas con el que me topé fue el concepto de ‘techo de algodón’”. Este término polémico establece paralelismos entre la ropa interior femenina y el techo de cristal. Fue acuñado por una estrella porno transgénero para describir la tendencia de las lesbianas a excluir a hombres transfemeninos en sus eventos, negándose a tener relaciones sexuales con ellos.

Frei cuenta que en Canadá, en 2012, un prominente hombre transfemenino —que posteriormente trabajó para Stonewall, la organización de derechos de personas homosexuales y trans más grande del Reino Unido y Europa— impartió un taller titulado “Superando el techo de algodón: Derribando las barreras sexuales para las mujeres trans queer”.

Este taller fue criticado por feministas, y Frei comenta que “el título lo dice todo”. Algunos transactivistas radicales, afirma, “creen que los límites sexuales de las lesbianas —su orientación sexual— es algo que debe superarse y derribarse… Increíblemente, la industria LGBTQIA+ se ha vuelto tan retorcida que la atracción por personas del mismo sexo ahora se considera transfóbica”.

Nancy Kelley, exdirectora ejecutiva de Stonewall, ha establecido paralelismos entre las lesbianas que no quieren salir con personas trans y quienes descartan a las personas racializadas, obesas o con discapacidad como posibles parejas románticas. Kelley declaró a la BBC en 2021: “No hay una forma ‘correcta’ de ser lesbiana, y solo nosotras podemos saber quién nos atrae. Nadie debería ser presionado a salir con personas que no le atraen.

“Pero si descubres que, al salir con alguien, estás descartando a grupos enteros de personas —como las personas racializadas, las personas con sobrepeso, las personas con discapacidad o las personas trans—, entonces vale la pena considerar cómo los prejuicios sociales pueden haber moldeado tus atracciones. Sabemos que el prejuicio sigue siendo común en la comunidad LGBT+, y es importante que podamos hablar de ello abierta y honestamente”. 

La sugerencia de que las preferencias genitales pueden ser neutrales se popularizó en mayo de este año, cuando la BBC eligió a una mujer para su reality show de citas para hombres homosexuales, I Kissed A Boy, presentado por la australiana Dannii Minogue. La controversia estalló tras revelarse que un concursante llamado Lars era un «hombre gay atrapado en el cuerpo de una mujer».

La Alianza LGB, grupo británico de apoyo a gays y lesbianas, calificó esta decisión de casting como «terriblemente regresiva» y afirmó que era incorrecto «obligar» a los hombres homosexuales a fingir que se sentían atraídos por un concursante con anatomía femenina. La Alianza LGB añadió que cualquier rechazo a Lars «sería totalmente coherente con su homosexualidad natural (la de los hombres gay), pero sería utilizado por activistas como prueba de su intolerancia y transfobia».

Pero en Yahoo Noticias, el columnista David Opie replicó: «Los intentos de restringir la homosexualidad no tienen sentido porque la sexualidad es un espectro. ¿Quién eres tú para decir que una mujer transmasculina no puede ser gay? ¿O que un hombre gay es menos gay porque le gusta besar a una mujer transmasculina que le resulta atractiva?». La BBC afirmó que el programa se propuso ser inclusivo y que todos los concursantes fueron emparejados según sus «preferencias de citas» declaradas.

El sitio web de salud queer hiv.org también anima a los hombres gay a tener relaciones sexuales con mujeres transmasculinas. Lo llama «una liberación sexual entre los hombres» y aconseja: «Es increíble. Los chicos «cis» (no trans) que se juntan, conectan o entablan una relación con un chico trans no necesitan cuestionar su sexualidad ni por un segundo. Sigues siendo súper gay, ya que los chicos trans son… espera… ¡CHICOS!».

En 2019, mientras tuiteaba sobre personas trans y citas, el ciclista profesional canadiense y activista transgénero Veronica Ivy tuiteó que «las preferencias genitales son transfóbicas». Estas afirmaciones han sido repetidas en redes sociales por activistas transgénero y sus aliados.

En una discusión de Reddit de 2024 titulada «¿Por qué tanta gente considera la preferencia de género transfóbica?», el consenso general parecía ser que tales preferencias son personales, pero el tema no debería usarse para atacar a las personas transgénero.

Una persona transgénero publicó: «No lo considero (la preferencia genital) transfóbica, pero es un tema polémico que plantean las personas transfóbicas». Otra persona trans pareció contradecirse al decir: «La preferencia genital no es transfóbica; decir que nunca saldrías con una persona trans jamás lo es».

En 2021, la BBC entrevistó a jóvenes lesbianas británicas que se sentían presionadas a tener relaciones sexuales con hombres transfemeninos. La reportera Caroline Lowbridge afirmó que le habían dicho que existía un «gran problema» para las lesbianas, que estaban siendo presionadas para «aceptar la idea de que un pene puede ser un órgano sexual femenino».

Una mujer con la que Lowbridge habló, Amy, de 24 años, contó que su pareja lesbiana la había llamado transfóbica porque se negó a tener un trío con un hombre. «Sé que no tengo ninguna posibilidad de sentirme atraída por esta persona», dijo Amy.  Lowbridge reconoció que “ha sido difícil determinar la verdadera magnitud del problema debido a la poca investigación sobre este tema”.

Su artículo provocó una carta de protesta firmada por 20.000 personas, organizada por Trans Activism UK, y desencadenó protestas frente a las oficinas de la BBC.

La BBC concluyó que el artículo era “una pieza periodística legítima en general”, aunque por su titular original y la falta de mención de una encuesta citada “carecían de validez estadística”.

En una presentación ante la Comisión Australiana de Derechos Humanos en 2023, el Grupo de Acción Lésbica incluyó historias anónimas de lesbianas que se sentían agraviadas porque los hombres y los hombres tansfemeninos tenían derecho legal a asistir a todo, desde discotecas para mujeres lesbianas hasta noches de intercambio de parejas. Una lesbiana habló de un amigo barbudo que “ni siquiera remotamente había hecho la transición (físicamente) a mujer” y que de repente declaró ser lesbiana en un baile queer y la abrazó en la pista. “Recuerdo que pensé: ‘No quiero que un hombre me toque’ y me disgustó mi propia reacción; sentí que alguien podría sentir mi «Transfobia», escribió.

Otra lesbiana comentó que había asistido a una noche de intercambio de parejas lésbicas «originalmente anunciada en su grupo de Facebook como un evento para ‘personas con vulvas’, pero los transactivistas y sus compañeros se sumaron y el grupo terminó cambiando sus requisitos de entrada.

«Así que esa noche había un montón de hombres de más de 50 años masturbándose mientras las chicas se lo pasaban bien», dijo.

Mowbray afirma que la cultura lésbica se está borrando en todo el mundo debido a la ideología transgénero y las leyes contra la discriminación que priorizan los derechos de la identidad de género sobre los derechos de las personas del mismo sexo.

«Nuestra capacidad de autopromocionarnos y reunirnos en espacios de un solo sexo simplemente ha desaparecido», afirma. Y esto está respaldado por el gobierno australiano y sus leyes, y la Comisión Australiana de Derechos Humanos nos está combatiendo. Hemos tenido que llevarlos a los tribunales. Es simplemente increíble”.

La activista lesbiana se refiere al rechazo de la comisión a la solicitud del Grupo de Acción Lésbica (LAG) de 2023 para obtener una exención de la Ley de Discriminación Sexual que le permitiera celebrar eventos sociales «solo para lesbianas nacidas mujeres». Dos años después, el LAG perdió su apelación contra la decisión de la comisión en el Tribunal de Revisión Administrativa.

Mowbray dijo que la decisión fue «extremadamente decepcionante», pero Anna Brown, directora ejecutiva del grupo de derechos de las personas homosexuales y trans, Equality Australia, la celebró, afirmando: «La transfobia no tiene cabida en nuestra sociedad y los grupos que buscan dividir a nuestra comunidad… no representan a la gran mayoría de las personas lesbianas o queer».

No obstante, LAG está impugnando la decisión del tribunal ante el Tribunal Federal, y este asunto se ha suspendido a la espera del resultado de la apelación de Roxanne Tickle contra Giggle for Girls.

El grupo afirma en su escrito de apelación que socavar las protecciones basadas en el sexo de la Ley de Discriminación Sexual «niega autonomía, dignidad y seguridad» a las lesbianas. Existe «riesgo de que un hombre capaz, o que parezca capaz, de procrear sea clasificado por la ley como mujer, a pesar de las mejores intenciones de la ideología de la identidad de género», afirma el escrito, preparado por las abogadas de Melbourne Leigh Howard y Megan Blake.

La Dra. Ruth McNair, académica y médica general especializada en atención médica LGBT, dice sobre la afirmación de que se está borrando la cultura lésbica: «Hay un pequeño grupo de lesbianas que prefiere excluir a los hombres transfemeninos de sus espacios culturales; sin embargo, la mayoría de las lesbianas son mucho más inclusivas».

 Afirma que las acusaciones de que las lesbianas son presionadas para salir o tener relaciones sexuales con mujeres trans es algo que «no he oído en absoluto». En cuanto a si las aplicaciones de citas para lesbianas deberían estar abiertas a las mujeres trans con genitales masculinos, afirma: «No es apropiado excluir a las personas por las partes de su cuerpo… Es un asunto privado que cada persona hable sobre las partes de su cuerpo si desea tener relaciones sexuales con alguien».

Gerber afirma que «la cultura lésbica está muy viva en Melbourne, donde resido». Indica que entre las plataformas on line para lesbianas se incluyen Women Who Love Women y Social Lesbians in Melbourne, que «organizan regularmente eventos y actividades sociales solo para lesbianas en Victoria», mientras que varios grupos de lesbianas en Facebook contaban con 2000 miembros cada uno. Aclara que estos grupos «son para todas las lesbianas», no solo para mujeres biológicas homosexuales.

Lisa, la mujer lesbiana de 30 años de Perth, dice que si bien inicialmente encontró amigas lesbianas a través de su activismo feminista, «cualquier intento de encontrar otras conexiones lésbicas, amistades, incluso relaciones románticas, era extremadamente difícil, porque hay muy pocos lugares a los que ir». En su zona, «prácticamente no hay bares lésbicos. Puede que haya una noche lésbica, pero no es realmente una noche lésbica. Es una noche lésbica, bisexual y trans. Así que llegas, y la probabilidad de conocer a alguien es mínima».

Intentar generar debate on line sobre el conflicto entre los derechos de las lesbianas y las personas transgénero que impacta su vida también fue una situación tensa para Lisa; afirma que esto la llevó a recibir amenazas de violación en X y Tumblr. La estudiante de posgrado afirma que argumentar que la identidad de género está vinculada al patriarcado es «suficiente para recibir una amenaza de violencia sexual o una amenaza como: ‘Te voy a seguir, sé dónde vives'». Algunas de estas amenazas le fueron enviadas a través de mensajes directos. De nuevo, provienen de mujeres «con sexualidad fluida» y transactivistas.

Mowbray afirma que la disputa por los derechos entre lesbianas y personas trans ha dividido «absolutamente» a la comunidad queer, «sin lugar a dudas. Es tóxico… es realmente horrible». Las lesbianas son comúnmente vilipendiadas como terfs y transfóbicas, y esto se ve con frecuencia en redes sociales, donde se usan términos insólitos como «penes femeninos» y «pene de chica».

El sitio web Terf is a Slur [Terf es un insulto] recopila tuits y publicaciones abusivas en redes sociales dirigidas a mujeres que han cuestionado la ideología de la identidad de género, lo que resulta perturbador. Múltiples publicaciones instan a matar o quemar a todas las terfs y presentan imágenes de hachas, pistolas, espadas o sangre. En ataques aparentemente dirigidos a lesbianas, usuarios de redes sociales han expresado su deseo de que las terfs se ahoguen con sus «penes de chica».

Sin embargo, Gerber niega que el conflicto de derechos haya dividido a la alianza LGBTIQ+. «Las LAG son atípicas; no conozco a ninguna otra lesbiana, ni mayor ni menor, que piense que los hombres transfemeninos deberían ser excluidas de los espacios lésbicos. La comunidad LGBTIQ+ es inclusiva y diversa, y acepta y respeta la diferencia». 

(El grupo lésbico feminista radical del Reino Unido Get the L Out cree que “la única forma de terminar con el antilesbianismo es sacar la L de la ‘comunidad GBT’”, mientras que aquí y en el Reino Unido, la Alianza LGB aboga por derechos basados en el sexo.)

The Australian solicitó a los grupos de derechos de las personas homosexuales y transgénero Equality Australia, Pride Western Australia, ACON, Transgender Victoria y Dykes on Bikes que comentaran sobre estos temas. Equality Australia respondió que no podía hacer comentarios, ya que buscaba autorización para intervenir en la apelación de Tickle v. Giggle. Ninguna de las otras organizaciones respondió.

Mowbray afirma que ella y otras activistas lesbianas «solo queremos que se respeten nuestros límites y nuestra capacidad de decir: ‘No, solo queremos espacios solo para mujeres’, y estamos felices de reunirnos en espacios mixtos cuando sea apropiado».

Al preguntarle qué reformas legales producirían mejores resultados para las lesbianas, responde: «Bueno, creo que la Ley de Discriminación Sexual debe poner énfasis en el sexo en lugar del género, porque actualmente el género está prevaleciendo sobre el sexo en términos de derechos de las mujeres».

Gerber argumenta, sin embargo, que «los derechos de las lesbianas y los derechos de los hombres transfemeninos no son mutuamente excluyentes». «Las lesbianas y los hombres transfemeninos son grupos minoritarios con un largo historial de violaciones de derechos humanos». Pueden coexistir, y de hecho lo hacen, en armonía dentro de la comunidad arcoíris”, afirma.

Mowbray recuerda que, cuando cumplió 18 años en 1986, “salí del armario y me uní a esta próspera comunidad lésbica”. Sin esta escena social organizada del mismo sexo, afirma, “habría estado completamente aislada. Vengo de los suburbios de Melbourne, una zona residencial de clase media, y no me quedaba otra opción que ser blanca, heterosexual, casarme y tener hijos. Por eso me involucré con este grupo (LAG), porque hay jóvenes lesbianas que están terriblemente aisladas”.

Charlie Nole, residente en Adelaida, y su novia asistieron el año pasado a una conferencia clandestina para lesbianas vinculada al LAG. “No conseguimos el lugar hasta que pagamos las entradas”, dice Nole. “Era muy privado, casi secreto”.

En una sesión, lesbianas mayores mostraron imágenes de medios de comunicación, publicaciones, danzas y proyectos artísticos de los años 80 a principios de los 2000, creados exclusivamente por y para mujeres homosexuales.“Me emocionó mucho porque nunca había experimentado algo así”, dice Nole.

* Los nombres de las lesbianas que participan en el artículo han sido cambiados.

NOTA: los términos «mujeres trans» y «hombres trans» usados en este artículo han sido sustituidos por los más verdaderos «hombres transfemeninos» y «mujeres transmasculinas», respectivamente.

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