El uso de terapias hormonales en niños y adolescentes con malestares de género ha generado diversas miradas en los últimos días, tras el debate en torno al denominado Informe Cass, que alertó sobre los efectos secundarios de los denominados «bloqueadores de pubertad» en dichos segmentos de la población y apuntó a la falta de evidencias sólidas para su aplicación. En ese contexto, la Sociedad Chilena de Endocrinología y Diabetes publicó una inserción en el periódico El Mercurio donde plantea la necesidad de mayor evidencia científica y de mejor calidad respecto a los efectos de los tratamientos hormonales.
[La declaración de la Sociedad Chilena de Endocrinología y Diabetes señala que en Chile, como en el resto del mundo, ha habido un número creciente de menores y adolescentes que acuden consulta por problemas de malestares de género; aboga por una atención multidisciplinar que permita detectar condiciones de salud mental que puedan estar incidiendo en la incongruencia de género y concluye que es necesaria evidencia científica de mayor calidad respecto de los efectos de los tratamientos hormonales y más estudios que aclaren los beneficios y los efectos adversos a largo plazo]
A raíz de estos cuestionamientos, el Ministerio de Salud decidió abordar la situación y el pasado 14 de junio organizó la primera reunión con un comité de expertos y científicos que convocó para resolver el camino a seguir en esta temática. Mientras tanto se elaborará un documento que se distribuirá a la red pública, que «va estar disponible dentro del más breve tiempo posible» y que va a «describir cuáles son las recomendaciones a la red asistencias en este periodo transitorio», según indica la subsecretaria de Salud Pública, Andrea Albagli.
Cabe mencionar que los bloqueadores de la pubertad evitan que los jóvenes se desarrollen deteniendo su crecimiento hormonal y Humberto Soriano, expresidente de la Sociedad Chilena de Pediatría (Sochiped), dice que «falta evidencia para validar el uso de terapias de retraso de la pubertad». Asimismo, señala que «hay muchos informes y estudios que muestran que las terapias hormonales no son inocuas» y opina que se debe aumentar la edad mínima en que puedan optar a este tipo de tratamiento a «por lo menos 16 años o más, pero en el fondo hasta que no haya evidencia científica, el consejo es cautela».
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