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La llamada transición social de las y los menores está lejos de ser una vía de bajo riesgo. El cuerpo en desarrollo de las adolescentes no entiende de nuevos pronombres y la incomodidad que eso representa las conduce casi inevitablemente a las hormonas y luego a las cirugías. El testimonio de una psicóloga describe un proceso que se ceba en las niñas más vulnerables.

Estoy rodeada de adolescentes que han cambiado de género. Está en todas partes, tanto en los jóvenes que veo en el trabajo como en los que conozco socialmente. Se ha convertido en algo totalmente anodino que te digan que Beth es ahora Seth y que, por favor, intentes acertar con sus nuevos pronombres porque, de lo contrario, se enfadan mucho.

Como mucha gente, solía ver la afirmación y la transición social como una estrategia de bajo riesgo. «Es totalmente reversible», dice la gente, como una razón para seguir adelante y actuar rápidamente. A veces, a las pocas semanas de que un joven exprese su angustia, ya ha hecho la transición en casa y en la escuela. [La transición social implica un cambio en el nombre, los pronombres, vestimenta…]

Cuantos más jóvenes conozco, menos creo que sea de bajo riesgo. La historia de la «reversibilidad total» carece de todo ángulo psicológico. Intentar ser percibido como un sexo, mientras se desarrolla el cuerpo de otro, nunca va a ser algo trivial. No podemos revertir las experiencias de la adolescencia.

La madre de Seth me cuenta una historia típica. Su voz se reduce a un susurro. Estaba tan angustiada por su cuerpo», me dice, «que entró en Internet y pidió testosterona. Piensa en lo desesperada que debía estar. Me siento muy culpable».

La historia de Seth comenzó hace años. Nacida como Beth, sufrió acoso en la escuela primaria. Las cosas empeoraron cuando empezó en la escuela secundaria, donde fue excluida por otras chicas y empezó a encontrar difícil el trabajo académico. Se sentía infeliz y nadie la comprendía.

Al pasar por la pubertad, su ansiedad por la forma en que los demás la veían empezó a intensificarse. Le disgustaba mucho la atención masculina que le llegaba con su cuerpo maduro y entonces fue agredida sexualmente en el autobús un día que volvía de la escuela. Avergonzada y con problemas, no se lo contó a nadie. Sus emociones empezaron a ser abrumadoras y Beth no sabía cómo manejarlas. Pensó que tal vez estaba perdiendo la cabeza. Empezó a pasar mucho tiempo en Internet. Allí encontró gente en TikTok y YouTube que hablaba de la disforia de género y se reconoció a sí misma.

Los influencers le ofrecieron esperanza y una salida. La razón por la que te sientes tan mal es porque realmente eres trans», decían, «y para sentirte mejor tienes que cambiar de género. Mira lo bien que me ha funcionado».

Beth tiene un momento de intenso alivio. Tiene una explicación y hay luz al final del túnel. Quizá se sienta tan mal porque está viviendo en el cuerpo equivocado. Se siente tan bien al pensar esto que está segura de que debe ser así.

Encontrar una explicación a sus sentimientos es un gran consuelo. Es mucho mejor que pensar que se sentirá así siempre, o que se está volviendo loca. Puede resolver los sentimientos de incertidumbre, silenciando pensamientos aterradores como «Quizás estoy perdiendo la cabeza». Por desgracia, ese efecto se produce tanto si la explicación es correcta como si no.

El alivio de encontrar una explicación es maravilloso, pero de corta duración para Beth. Cree saber ahora por qué está tan angustiada: está en el cuerpo equivocado. Pero ese cuerpo se está transformando en el de una mujer adulta. El alivio se evapora para ser reemplazado por la urgencia. Debe hacer algo. Ahora. Quiere recuperar esa sensación de alivio.

Cuando Beth decide revelar lo que siente, empieza con un profesor. Ya ha visto a otras personas seguir este camino. La señorita F se muestra inmediatamente comprensiva y la felicita por su valentía al salir del armario. Lo entiende perfectamente y comprende que Beth no quiera que sus padres se involucren todavía. La señorita F dice que ayudará a Beth en la transición.

Beth se convierte en Seth en la escuela, se cambia de uniforme y hace educación física con los chicos. Todos le dicen que es maravilloso que haya salido del armario y que por fin tiene un grupo de amigos, todos ellos trans o no binarios. Se siente bien. Lleva una doble vida durante un tiempo, cambiando de falda y de pronombre de camino a casa en un baño público. Siente que su vida tiene un propósito y una chispa. Ha encontrado su lugar.

Cuando se lo cuenta a sus padres, es un hecho consumado. Ellos se sorprenden, pero ella les dice que no hay más que hablar. Seth es trans y ya ha hecho una transición parcial. También transiciona en casa.

Todas las personas que rodean a Beth están de acuerdo con la explicación que ella ha encontrado: que la razón por la que se siente tan angustiada es porque está viviendo en el cuerpo equivocado. Nadie ha sugerido que pueda haber otra razón, ni ha preguntado cómo ha llegado Beth a esta conclusión. Está demasiado alterada por ello como para tener una discusión real. La evasión es más segura.

A nivel psicológico, este consenso es realmente poderoso para Beth. Refuerza su certeza de que ha encontrado la respuesta correcta. Aparta de su vida a cualquiera que pueda decir lo contrario y se rodea de personas que la apoyan. Ahora vive en un mundo en el que todo el mundo se comporta como si el problema fuera el cuerpo de Beth y no sus sentimientos. No se permite ninguna otra sugerencia.

Si la transición social funcionara, podríamos pensar que ahora las cosas se calmarían y todos serían felices. En realidad, lo que ocurre es que Seth y su familia se encuentran en una montaña rusa emocional. Cada paso -encontrar la explicación, contárselo a un profesor, la transición en la escuela, la transición en casa- supone un alivio a corto plazo. Todos respiran durante un tiempo.

Pero con cada cambio se hace más evidente el contraste entre el deseo de Seth de ser hombre y su cuerpo femenino. Ahora Seth está literalmente en el cuerpo equivocado, ya que se esfuerza por ser vista como varón. El alivio se desvanece y empieza a preocuparse por su cuerpo femenino y lo mucho que lo odia. Cuanto más piensa en ello, peor se siente. Vuelven la ansiedad y la infelicidad. Empieza a autolesionarse. Sin embargo, nadie puede hablar de si su transición podría estar empeorando la angustia, porque eso sería transfóbico. Se supone que la razón es que es muy duro ser trans, por lo que todo el mundo es aún más cuidadoso para evitar cualquier recuerdo del cuerpo femenino de Seth.

El cuerpo no finge

Antes de la transición, Beth era alguien que se sentía profundamente infeliz y ansiosa, y había muchas razones posibles para ello. Ahora que se ha decidido que Seth es trans, no se habla de las otras razones. El cuerpo se define como el problema.

Todo el mundo finge que ve a Seth como varón, que le parece bien el cambio de pronombres y de uniformes. Sentirse bien ahora depende de que los demás no noten o mencionen su feminidad. Es una manera frágil de vivir, en la que ser llamado accidentalmente «ella» puede hacer que Seth se hunda en un túnel de depresión y odio a sí misma. Cuanto más intenta Seth ser un varón, más quiere evitar cualquier recordatorio de que en realidad no es así. Pero lleva estos recordatorios consigo, en su cuerpo femenino. Ese cuerpo no finge. Dice la verdad, y por eso a Seth le parece que su cuerpo es el que miente. Piensa que si su cuerpo fuera diferente, sería feliz.

A Seth le parece que la solución es intentar forzar a su cuerpo en desarrollo por una ruta que no seguiría de forma natural. La intervención médica parece cada vez más urgente. Es la única manera de evitar que su cuerpo les recuerde constantemente lo que les gustaría olvidar. Llegan a creer que su bienestar psicológico depende del cambio de su realidad física.

La investigación de Seth en Internet le indica lo que debe hacer. Pide testosterona en un sitio no regulado. Vuelve a estar esperanzada y más feliz. Su cuerpo ya no le traicionará. Cree que puede pasar por una pubertad masculina. Se siente mejor.

Su madre encuentra el paquete con los medicamentos y se horroriza. Seth le explica que sólo tiene que impedir que su cuerpo cambie. Dice que se siente como si cayera en un agujero negro. Su madre la lleva enseguida al médico y las deriva a un psiquiatra. El psiquiatra le receta un antidepresivo y les sugiere que esperen a ver cómo evolucionan las cosas. Seth se acurruca y aúlla. “Cuando pienso en no tener hormonas, me siento morir», llora. Luego se vuelve contra su madre: «Me has quitado la testosterona», dice. Está furiosa. Su madre se siente fatal. Se pone en contacto con una clínica de género privada.

Todo esto ha ocurrido antes de que ella hable conmigo. Hasta ahora no se ha hablado del significado de lo que está ocurriendo, más allá de la explicación de «haber nacido en el cuerpo equivocado». No se han explorado otras posibles razones de la angustia de Seth. Nadie ha sugerido que quizás muchas niñas se sientan incómodas en su cuerpo femenino en desarrollo, especialmente cuando han sido agredidas sexualmente.

Todos han estado de acuerdo con la explicación que Seth encontró para sí misma: que es trans y, por lo tanto, que la manera de sentirse mejor es la transición. Todos viven como si esto fuera cierto. Esta es una intervención realmente significativa, que confirma a Seth cada día que tiene razón al pensar que es trans. Todos fingen que es un cambio superficial y que es «totalmente reversible».

Tienen miedo de que cuestionar la idea de que Seth es trans sea visto como transfobia, o como terapia de conversión.

La razón que la mayoría de los padres dan para la transición de su hijo o hija adolescente es lo extremo de su angustia. Suponen que cuando yo oiga lo angustiados que estaban, estaré de acuerdo en que no había otra opción. La madre de Seth me cuenta que tiene un ataque de pánico cuando se entera de que hay lista de espera para la clínica de género. Me dice que le preocupa perderla por completo si no avanza lo suficientemente rápido. Otros padres me cuentan que sus hijos dicen que se tirarán por la ventana si no aceptan la transición. La mayoría de ellos dicen que quieren hacerse daño. Todos los padres han encontrado información en Internet que les dice que su hijo o hija corre un riesgo muy alto de suicidio si no se le permite una transición rápida.

Es comprensible que esto ponga a los padres muy nerviosos. Los adolescentes muy angustiados dicen que la única manera de aliviar su angustia es la transición. Realmente creen que es así y es tentador creerles. La necesidad de aliviar la angustia impulsa las decisiones.

El problema es que tratar de evitar la angustia emocional ante la realidad no es una buena razón para tomar una decisión que cambia la vida. De hecho, es una verdad incómoda que incluso los esfuerzos bien intencionados para reducir la angustia pueden acabar empeorándola.

A veces trabajo con personas que empezaron a sentirse ansiosas en lugares concurridos. Para evitar estas sensaciones se quedan en casa, y el resultado de esto es que con el tiempo se vuelven más, no menos, temerosos de salir. Cuando veo a personas que llevan años quedándose en casa, a veces tienen ataques de pánico con sólo caminar por el camino de su casa. Todos sus esfuerzos por evitar la angustia han dado lugar a un problema mucho más grave de lo que era al principio. A menudo, toda la familia se involucra en la organización de la vida para que nunca tenga que salir. La persona se comporta como si el mundo exterior fuera el problema, en lugar de abordar la forma en que se siente con respecto al mundo exterior, y todos los demás le apoyan para que viva como si fuera correcto.

A Seth le ocurre algo parecido. Quiere evitar la angustia provocada por su cuerpo femenino. El colegio, los amigos y los profesores de Seth se comportan como si hubiera que evitar la angustia de Seth fingiendo que su cuerpo no es femenino. Cuanto más hagan esto, más probable será que Seth se sienta angustiada por la feminidad de su cuerpo. Esta angustia se interpretará como una prueba más de que es trans o disfórica de género. Nadie considerará que puede ser un efecto secundario de la afirmación.

Cuanto más evita Seth la realidad de su cuerpo femenino, más angustiada se siente. Toma la píldora de forma continua para dejar de tener la menstruación. Lleva un binder a pesar de que le duele. Ambas cosas le recuerdan cada día que su cuerpo no es masculino, y que su cuerpo se niega a fingir. No hay paz para Seth, porque su cuerpo se está convirtiendo en el de una mujer adulta, mientras ella se esfuerza por ser masculino. Toda su vida se basa en una contradicción. Una contradicción que se ha agravado con su transición.

Hay un desequilibrio en la vida de Seth. En todos los lugares a los que va, la transición se celebra como una elección valiente y liberadora, ¿pero, aprender a aceptar su cuerpo tal y como es? Nadie celebra eso, ni siquiera sugiere que sea una posibilidad. No se felicita a nadie por su valentía al decidir no cambiar sus pronombres, o por decidir no someterse a una cirugía superior. Nadie defiende la afirmación de las niñas biológicas como mujeres. Nadie sugiere siquiera que esto pueda ser una opción. Lo saben bien; eso sería transfóbico.

Cuando hablo con la madre de Seth, ya no hay decisiones que tomar. Quiere que la ayude a sentirse menos deprimida y ansiosa mientras espera a la clínica de género. Sé que no puedo hacer preguntas sobre el género, o sobre si la transición médica es realmente la única opción en este caso. No puedo sugerir que podría ser útil profundizar en la angustia sobre su cuerpo femenino, para experimentar la angustia en lugar de evitarla. No puedo sugerir que aprender a vivir en su cuerpo podría ser mejor que una vida de medicalización. Eso podría verse como una terapia de conversión. Es como trabajar con las dos manos atadas a la espalda. Me parece que llego años tarde. La afirmación y la transición social han cerrado por completo cualquier otra opción.

Todo el mundo ha reafirmado la explicación de Seth, y con cada nuevo paso, se hace más difícil considerar cualquier otra posibilidad. Ahora, sólo mencionar un aplazamiento de la hormonación es suficiente para provocar un ataque de pánico. La afirmación es una intervención realmente poderosa.

Aceptar con los jóvenes que han nacido en el cuerpo equivocado y organizar su vida en torno a esa creencia no es algo de bajo riesgo. Es una intervención psicológica seria basada en la negación y la evitación. Creer que su felicidad está condicionada a la negación de la realidad pone a los jóvenes en un estado frágil, dependiente de la pretensión de los demás para su bienestar psicológico. La afirmación parece un alivio, pero es una ilusión seductora. Mantener las opciones abiertas y sentarse con la incertidumbre nunca se ha sentido más difícil, ni más importante.

Nuestros jóvenes necesitan más de nosotros. Apoyarles no tiene por qué significar estar de acuerdo con ellos. Les debemos sinceridad, aunque sea doloroso escucharla. Tenemos que decirles que hay muchas razones para sentirse angustiado con su cuerpo en desarrollo, y que sólo porque una explicación se sienta bien ahora, puede que no lo haga para siempre. Necesitamos mostrarles que pueden tolerar la angustia y que les ayudaremos a aprender. Tenemos que decirles que no podemos evitar la realidad biológica, por mucho que lo intentemos, y que un día ellos también lo descubrirán. Tenemos que hacerlo ahora, o en el futuro demasiados de ellos se dirigirán a nosotros y nos preguntarán: «¿Por qué nunca me dijiste que podía estar equivocándome?».

[Artículo de una psicóloga clínica publicado en Transgender Trend]

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