Existen y su número va en aumento. Aunque el transactivismo lo niegue, las personas que detransicionan son una realidad. Jóvenes con una media de edad de 23 años, 30 en el caso de los hombres, que han pasado por cirugías y tratamientos hormonales, que deciden detransicionar al comprender que su disforia de género estaba relacionada con otros problemas y que no encuentran la ayuda que necesitan. Un nuevo estudio traza el perfil de estas personas.

En los últimos años, se ha formado online una creciente comunidad de personas que detransicionan. A pesar de la visibilidad que recientemente se le ha dado al tema en los principales medios de comunicación, incluido un episodio reciente de 60 Minutes que presenta a personas que detransicionan y sus historias, la detransición sigue siendo un fenómeno poco comprendido.

Un reciente estudio exploratorio transversal pretende servir como trampolín para futuras investigaciones académicas sobre el tema. Se centra particularmente en descubrir las necesidades específicas que experimentan quienes detransicionan y el apoyo (o la falta del mismo) que reciben.

Del total de 237 participantes en la encuesta, el 92% eran mujeres. Aproximadamente 2/3 habían realizado una transición tanto social como médica, mientras que poco menos de 1/3 hicieron una transición solo social (la opción de transición «solo médica» no se proporcionó en las respuestas de la encuesta). Entre quienes hicieron una transición médica, el 46 % se sometió a cirugías de «afirmación de género» (frente a las que solo se sometieron a intervenciones hormonales).

La edad promedio de transición fue de 18 años para la transición social (17 para las mujeres, 24 para los hombres) y 20,7 para la transición médica (20 para las mujeres, 26 para los hombres). Una cuarta parte de los y las encuestadas comenzó la transición médica antes de los 18 años. La edad promedio de finalización de la transición fue 23 años (22 para las mujeres, 30 para los hombres). En promedio, la detransición ocurrió aproximadamente 5 años después de que se inició la transición (y los hombres tardaron algo más en realizar la detransición).

La decisión de los y las participantes de detransicionar estuvo más frecuentemente ligada a la comprensión de que su disforia de género estaba relacionada con otros problemas (70%), problemas de salud (62%) y el hecho de que la transición no alivió su disforia (50%). Curiosamente, más de 4 de cada 10 (43%) participantes respaldaron un cambio de opiniones políticas como motivo para la detransición.

La mayoría de las personas participantes informaron de dificultades importantes para encontrar la ayuda que necesitaban durante su proceso de detransición de las comunidades médica, de salud mental o LGBT. Sólo el 13% de las personas encuestadas recibió ayuda de organizaciones LGBT durante la detransición, en comparación con el 51% durante la transición. Varias personas participantes informaron de reacciones negativas de las comunidades médica y LGBT, y el 51% de la muestra expresó que no se sintieron apoyadas durante su detransición.

La mayoría de las personas que abandonaron la transición informaron de necesidades continuas relacionadas con el manejo de condiciones de salud mental comórbidas (65%), la búsqueda de alternativas a la transición médica (65%) y el afrontamiento del arrepentimiento (60%).

La mitad de la muestra informó de la necesidad de información médica sobre cómo suspender o cambiar los regímenes hormonales. Una gran mayoría de participantes también expresaron la necesidad de escuchar las experiencias de detransición de otras personas (87%) y de ponerse en contacto con otras personas en detransición (76%). El estudio destaca la urgencia de brindar apoyo médico, psicológico, legal y social adecuado a personas detransicionadoras.

Este es el primer estudio de muestra grande, revisado por pares, sobre las experiencias de personas que se identifican como detransicionadoras. Otro estudio a principios de este año también intentó examinar las experiencias de detransición, pero utilizó una muestra de personas que se autoidentificaron como transgénero, no binario o «travestis». Ese estudio sugirió que la razón principal de su detransición fue la presión externa. En contraste, este estudio más reciente de individuos que se identifican explícitamente como «detransicionadoras» sugiere una fuerte influencia de factores internos, más que externos. La marcada diferencia en los hallazgos entre estos dos estudios recientes, que utilizan muestras online de conveniencia, resalta cómo la elección de la muestra puede afectar la aplicabilidad del estudio.

Dado que el número de personas en transición ha aumentado marcadamente en los últimos cinco años y que la elegibilidad para la transición se ha vuelto mucho menos restrictiva, es inevitable que crezca el número de personas que abandonan la transición. Es vital que los sistemas de salud comiencen a rastrear la detransición para comprender mejor las trayectorias de los jóvenes con disforia de género. También es fundamental que profesionales de la medicina de género desarrollen protocolos de tratamiento para ayudar a personas con importantes necesidades de salud física y mental insatisfechas.

El texto completo de la publicación está disponible aquí

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