Por Sex Matters.

La Dra. Hilary Cass ha presentado su informe y recomendaciones finales a la sanidad pública NHS England en su calidad de presidenta de la Revisión Independiente de los servicios de identidad de género para la infancia y la juventud. El informe de Hilary Cass echa por tierra toda la base del modelo actual de tratamiento de la infancia con trastornos de género. Su publicación marca un día vergonzoso para el NHS de Inglaterra, que durante demasiado tiempo administró a niñas y niños vulnerables tratamientos perjudiciales para los que no existían pruebas. Ahora está claro para todo el mundo que se trataba de curanderismo desde el principio. 

La Dra. Cass critica duramente las clínicas de género del NHS, tanto para adultos como para menores, y su descripción del Servicio de Desarrollo de la Identidad de Género (GIDS, por su sigla inglesa) es absolutamente condenatoria. Es vergonzoso que el GIDS, junto con las clínicas para adultos, no cooperara con su intento de estudiar su práctica, o de llevar a cabo un estudio de seguimiento a largo plazo de alta calidad sobre el tratamiento de la infancia como parte de la revisión, lo que habría sido una primicia mundial.

Por supuesto, consideramos que parte de la terminología que Cass utiliza en ocasiones ―cisgénero, asignado al nacer y “chicas trans” para niños que se identifican como niñas― es inexacta, poco científica y confusa, pero eso no resta valor a los muchos puntos importantes que expone en este innovador informe. 

Revelación de afirmaciones falsas

Cass revela cómo los ideólogos que anteponen sus teorías predilectas a la protección de jóvenes vulnerables y angustiados crearon un falso consenso mundial en torno al peligroso planteamiento del GIDS. Esos jóvenes han sido defraudados de forma espectacular. Las directrices elaboradas por la Sociedad de Endocrinología (Endocrine Society) y la Asociación Mundial de Profesionales de la Salud Transgénero (WPATH, por su sigla inglesa) se basan enteramente en fuentes de baja calidad y hacen afirmaciones de certeza sin ninguna justificación. Por desgracia para los niños y niñas británicas, se incorporaron al enfoque del NHS en 2011 y, desde entonces, han llevado por mal camino a nuestros proveedores de asistencia sanitaria.

La investigación realizada para el informe Cass por la Universidad de York demuestra sin lugar a dudas que la Asociación Mundial de Profesionales de la Salud Transgénero WPATH no es una organización seria. El NHS debería declarar definitivamente que no va a recurrir a la WPATH para obtener pruebas, normas de atención ni ninguna otra cosa. Deberían eliminarse todas las referencias a la misma en todo el sistema sanitario.

El informe de la Dra. Cass demuestra que es sencillamente falso afirmar que medicalizar el malestar de género infantil —prescribiendo bloqueadores de la pubertad u hormonas de sexo cruzado— reduce el riesgo de suicidio. Esta es la afirmación más impactante de los defensores de la llamada “atención afirmativa del género”: que si no se administran estos fármacos que alteran la vida de las criaturas, es más probable que se suiciden. La Dra. Cass la refuta.

Sugiere que no hay pruebas que apoyen el uso de bloqueadores de la pubertad y que debería ser excepcional administrar hormonas cruzadas a jóvenes de entre 16 y 18 años. Este es el fin de la medicina pediátrica de género tal y como la conocemos.

La afirmación desmentida

La Dra. Cass afirma en numerosas ocasiones a lo largo del informe que los médicos, al igual que todos los demás, no tienen ni idea de qué niños o niñas “trans” se seguirán identificando como tales cuando crezcan. Así se echa por tierra la idea de ofrecer la “transición” a jóvenes con problemas de género.

Si hay que tomarse en serio su informe —y así lo hacemos—, es un referente mundial, muy por encima de cualquier otro elaborado en cualquier otro lugar; no es posible apoyar una prohibición legal de las mal llamadas “prácticas de conversión”. El enfoque ético, meticuloso y multidisciplinar que ella defiende, en que el trastorno de género de una criatura no se “excepcionaliza”, sino que se entiende como parte de lo que le ocurre y que probablemente se asocie a muchos otros factores de riesgo social y médico, es exactamente lo que los partidarios de la prohibición califican de “terapia de conversión”. Apoyan la denominada afirmación de género, que, como demuestra el informe de la Dra. Cass, no es ética ni está respaldada por la evidencia.

En particular, se debería hacer trizas el Memorando de Entendimiento (sobre la terapia de conversión en el Reino Unido), ya que se basa por completo en el desacreditado modelo afirmativo. Lo mismo debería ocurrir con los diversos proyectos de ley que prohíben la “terapia de conversión”; todos ellos están ahora claramente desfasados con respecto a la dirección que seguir y a la orientación de la Dra. Cass para el futuro de la medicina de género del NHS.

Hay preguntas difíciles que hacer sobre cómo los organismos profesionales y reguladores y las facultades de medicina fueron capturados por este enfoque sin pruebas, pero ahora mismo lo más importante es que los firmantes reconozcan que cometieron un error espantoso y declaren públicamente que ya no respaldan el Memorando de Entendimiento. Una de las recomendaciones de la Dra. Cass es que los líderes médicos se reúnan para “aportar su liderazgo y directrices sobre la gestión clínica de esta población teniendo en cuenta las conclusiones de este informe”. 

Los estándares más bajos

La Dra. Cass tiene claro que las normas en este campo han sido lamentablemente deficientes, y que los y las niñas han recibido tratamientos que carecían de toda base empírica. Esto podría excusarse temporalmente, dado que se trata de un campo en rápido desarrollo, pero lo que es inexcusable es que no haya habido ningún intento de elaborar una base de pruebas sólida; de hecho, los propios intentos de la Dra. Cass de hacerlo se vieron “frustrados” por los servicios de género del NHS para personas adultas y menores. El punto más importante de su informe es que el nivel de atención a niños y niñas con trastornos de género está muy por debajo de lo que esta población vulnerable necesita y merece. 

Hay dos lugares en los que la Dra. Cass parece sugerir que los fallos institucionales son tan graves que se haría necesario pedir cuentas a determinadas personas. El primero es el GIDS: su descripción de la pésima calidad de las historias clínicas de los y las jóvenes derivadas para recibir bloqueadores de la pubertad es absolutamente escandalosa, y cita de forma directa las directrices del Consejo Médico General (General Medical Council) sobre registros clínicos justo antes de dicha descripción. El segundo es el de las clínicas de género, tanto de personas adultas como menores, que se negaron a cooperar con el cotejo de datos necesario para llevar a cabo el primer estudio sólido de seguimiento a largo plazo de niños y niñas con trastornos de género atendidas por los servicios de género. Los responsables, pasados y presentes, de estas clínicas deben rendir cuentas por este escandaloso fracaso. 

La Dra. Cass también menciona un “perro que no ladró”: el modo en que, en cuanto se planteó la cuestión de la identidad de género, los profesionales de todos los niveles olvidaron todo lo que deberían haber sabido sobre salvaguardia y protección.

En su opinión, los problemas de protección quedaron relegados a un segundo plano o se confundieron, y las principales fuentes de riesgo se pasaron por alto. Entre ellas, el acoso, la ruptura de las relaciones familiares, la captación de menores por Internet y las presiones sociales, culturales y religiosas. 

La revisión del GIDS detectó una “falta de curiosidad o preocupación profesional aparente en relación con el riesgo y la salvaguardia”. Las criaturas derivadas a la lista de espera, especialmente por escuelas u organizaciones del sector del voluntariado, no fueron evaluadas en cuanto a salvaguardia y riesgos para la salud mental. 

La decisión del NHS de asignar nuevos números a niños y niñas que se identificaban como miembros del sexo opuesto creó nuevos y graves riesgos para la seguridad.

Las consecuencias fueron, entre otras, que los y las jóvenes sujetas a una orden de protección de menores no podían ser identificadas como tales cuando acudían al hospital; que se perdían los historiales médicos; que las personas que no tenían la patria potestad podían cambiar el nombre de un niño o niña; que se volvía a registrar a niños y niñas como del sexo opuesto en la infancia; y que no se podía localizar a niños y niñas inscritos en el registro de protección de menores después de mudarse de domicilio.

 

Nuevas recomendaciones

Es significativo que la Dra. Cass recomiende un servicio transitorio para jóvenes de 18 a 25 años. Se basa en dos consideraciones: en primer lugar, que el límite actual de 18 años es un punto especialmente vulnerable para los y las pacientes, cuando la salud mental parece empeorar realmente; y, en segundo lugar, que la maduración cerebral continúa hasta los 25 años. Se trata de una medida que formalmente no entra dentro de sus competencias, por lo que debe de haberle parecido especialmente importante, y será bien recibida por los progenitores, que a menudo ven con el corazón roto cómo esos niños y niñas vulnerables en lista de espera para servicios pediátricos “van haciéndose mayores” y luego se les deriva a servicios de personas adultas con un control mínimo.

Es alentador verla reconocer y promover la necesidad de servicios especializados para las personas que detransicionan. La forma descuidada y poco ética en que ha funcionado la medicina pediátrica de género durante la última década significa que es probable que su número aumente. Sin embargo, es poco probable que estas víctimas de negligencia médica, profundamente traumatizadas, sean bien atendidas por las mismas clínicas que les hicieron tanto daño y, de hecho, la Dra. Cass reconoce que puede ser necesario desarrollar vías e instalaciones de atención separadas para ellas.

El cometido de la Dra. Cass se limitaba al NHS [la sanidad pública inglesa]. No obstante, mueve todos los resortes posibles para reducir y, en el mejor de los casos, poner fin al suministro de bloqueadores de la pubertad y hormonas sexuales cruzadas por parte de proveedores privados. Recuerda a la profesión médica que no debe prescribir “más allá de sus conocimientos” y a las farmacias, que son “responsables de garantizar que los medicamentos prescritos a los pacientes son los adecuados”. Teniendo en cuenta su clara indicación de que ni los bloqueadores de la pubertad ni las hormonas sexuales cruzadas tienen ninguna base empírica para su uso en menores de 18 años, un médico o farmacéutico sería temerario si ofreciera o cumplimentara una receta para cualquiera de ellos al margen de los servicios de género del NHS.

Una omisión clave

Hay una gran omisión en lo que, por lo demás, es un trabajo extraordinariamente completo e impresionante. La Dra. Cass enumera muchos factores que influyen en que los y las niñas se identifiquen como trans, como los medios de comunicación, las personas influyentes en las redes sociales, las amistades y su propia biología, pero omite uno especialmente importante: la escuela. 

Las escuelas han sido un factor clave para celebrar y promover la idea de la “infancia trans”, y la mayoría de niños y niñas que transicionan lo hacen en la escuela, mucho antes de acudir a un especialista.

La revisión de la Dra. Cass señala que para los y las menores, vivir “en secreto” —intentando ocultar a todo el mundo su sexo real— aumenta la ansiedad por estrés y los problemas de salud mental. 

Nos alegra que afirme que la transición social rara vez redundará en beneficio del menor, sobre todo en edad de primaria, y que casi nunca debería producirse sin el consentimiento parental, pero no da el último paso necesario y registra que simplemente no es ético ni seguro que una escuela trate a cualquier niño o niña como si hubiera cambiado de sexo. Es imposible mantener a salvo al menor transidentificado o a sus compañeros de clase si los adultos responsables de su seguridad no tienen completamente claro en todo momento el sexo de todos los niños y niñas que tienen a su cargo.

Sin embargo, la Dra. Cass afirma que lo que ocurre en la escuela es importante. Este análisis es un trabajo histórico que proporciona a los ministros de Educación toda la munición que necesitan para expulsar de las aulas la ideología generista. Suministra al ministerio y a los directores de los centros escolares las pruebas que necesitan para seguir centrándose en el bienestar de los menores con trastornos de género y no dejarse atrapar por la fantasía de que son del sexo opuesto. 

Los responsables escolares deben volver a enfocarse en lo que dice la evidencia sobre el apoyo a menores con trastornos de género y dejar de vender la fantasía de la “transición de género”, cuando la pura verdad es que todo el mundo tiene un sexo inalterable y que no se puede mantener a los menores seguros y sanos cuando los adultos mienten sobre ello. 

El ajuste de cuentas

Cualquiera que lea este informe entenderá que quienes han dirigido los servicios de género para menores y adultos del NHS durante la última década tienen serias preguntas que responder. Y de hecho la Dra. Cass dice:

“Está claro que hay lecciones que todos y todas deben aprender en relación con cómo y por qué la atención de estos menores y jóvenes llegó a desviarse de la práctica habitual del NHS, cómo la práctica clínica se desconectó de la base de evidencia clínica y por qué no se actuó en su momento ante las señales de advertencia de que al modelo de prestación de servicios le estaba costando satisfacer la demanda”. 

Si no es ahora, pronto tendrá que haber una amplia investigación sobre lo que falló, con vistas a que los responsables rindan cuentas.

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