Por Marion Scott  

A pesar de que al principio suscitó críticas por su insistencia en crear un espacio seguro sólo para mujeres —bajo la atenta supervisión de su directora general, Isabelle Kerr—, Beira’s Place se ha dedicado de forma sencilla, discreta y eficaz a la ancestral tarea de ayudar a otras mujeres. El centro ha recibido 2.000 llamadas de ayuda y 250 supervivientes han utilizado ese espacio seguro.

Isabelle Kerr, veterana que lleva más de cuatro décadas protegiendo y dando cobijo a mujeres supervivientes de violencia sexual y maltrato, apoyó con tanta pasión la decisión de JK Rowling de financiar un centro exclusivo para mujeres que decidió dejar de estar jubilada para ayudar a crearlo.

Isabelle, de 67 años, habla por primera vez desde la apertura de Beira’s Place: «Por sus valores, el lugar me retrotrajo a las bases del movimiento feminista en Escocia, cuando las mujeres ayudaban a otras mujeres a mantenerse a salvo en un acto de feminismo básico. A principios de los años 70, sólo tenían unos cuantos colchones tirados en el suelo de un piso de Glasgow. Pero eso significaba que esas mujeres siempre tendrían un techo seguro, además del apoyo de un grupo de feministas fuertes y solidarias para ayudar a las supervivientes a superar el trauma de la violencia machista. Se trataba de la forma en que las mujeres afrontaban los problemas prácticos derivados de los malos tratos y la violencia sexual. Me entristece decir que muy poco ha cambiado a lo largo de las décadas, por lo que Beira’s Place ha estado muy concurrido desde el momento en que abrimos nuestras puertas».

Isabelle es esa madre de Glasgow sin pelos en la lengua que viajó a Chipre para formar a agentes de policía tras su error garrafal con la joven británica de 19 años detenida y acusada de presentar denuncias falsas tras afirmar haber sido violada por un grupo de hombres en 2019. También ayudó a las Seychelles y a Nigeria a formar a su policía y a su sistema de justicia penal por su lamentable e inadecuada respuesta a la violencia y los delitos sexuales contra mujeres y niñas.

En palabras de Isabelle: «La violencia de los hombres hacia las mujeres sigue sin disminuir en todo el mundo. Los sistemas de justicia siguen fallando a las mujeres, con sentencias que rara vez reflejan el daño y el trauma infligidos, a pesar de que estos delitos conllevan la posibilidad de cadena perpetua. Cuando veo algunas de las sentencias que se dictan aquí en Escocia —servicios a la comunidad por violación—, está bastante claro que con estos fallos los criminales creen que sus delitos están casi exentos de riesgos».

JK Rowling describió perfectamente las directrices sobre penas para menores de 25 años como «la primera sale gratis». Seguimos teniendo una cultura en la que se culpa a las víctimas por lo que llevan puesto, dónde han ido o qué han hecho, en lugar de culpar al agresor. Te destroza el alma».

Isabelle culpa a la industria del porno de insensibilizar a la sociedad ante la violencia sexual contra mujeres y niñas. Afirma que el porno es tan fácilmente accesible que los chicos jóvenes se enganchan rápidamente y buscan comportamientos extremos que luego creen que es como deben actuar. Isabelle nos comenta: «La violencia sexual y el abuso de mujeres y niñas se ha convertido en algo tan habitual que casi ha perdido su poder de conmocionar. El poder de la multimillonaria industria del porno es tan enorme que está afectando al comportamiento de los niños entre sí. Incluso los niños muy pequeños tienen móviles con los que pueden acceder fácilmente al porno. Por eso vemos tanta violencia sexual hacia las jóvenes».

JK Rowling bautizó Beira’s Place con el nombre de la diosa celta del invierno. Isabelle insiste: «Como superviviente de abuso, ella (JK Rowling) sabía instintivamente lo que se necesitaba. Ya llevaba muchos años ayudando a financiar servicios de apoyo a víctimas de violencia sexual. Jo estaba decidida a hacer algo especial, a poner en marcha el único espacio seguro de Escocia que garantizara que sólo habría mujeres, nada de hombres.

«Nuestros teléfonos empezaron a sonar el día que abrimos. Y no han parado. Hemos ayudado a casi 2.000 mujeres que necesitaban ayuda. Más de 250 supervivientes han utilizado nuestro espacio seguro. Muchas nos dijeron que no querrían utilizar el servicio si hubiera hombres en las instalaciones, ya sea por el trauma sufrido o por razones culturales. Por eso somos un servicio de mujeres para mujeres. Todo nuestro personal está compuesto exclusivamente por mujeres. No permitimos que entre ningún hombre en el centro durante el tiempo que atendemos a las clientas».

Pero eso no significa que Beira no ayude a las «mujeres trans» (sic).  Isabelle afirma: «Sabemos que a cualquier superviviente le habrá costado mucho valor hacer esa llamada. Por eso les damos apoyo telefónico. Después les sugerimos los servicios presenciales que más les convienen».

«Cuando Beira’s Place abrió por primera vez, hubo un poco de controversia por el hecho de que sólo atendería a mujeres. Pero una vez que la gente ha visto lo que hacemos, que prestamos un servicio que no se ofrece en ningún otro sitio, la policía, el gobierno y otras organizaciones se han mostrado encantados tanto de trabajar con nosotras como de remitir a las mujeres para que reciban ayuda».

Isabelle advierte de que queda mucho por hacer para identificar el ciclo creciente de violencia contra las mujeres: «No vivimos en el tipo de sociedad en la que las mujeres y las niñas están a salvo de depredadores, acosadores, violadores y hombres que utilizan el control coercitivo para atrapar a las más vulnerables. Vivimos en una sociedad en la que las mujeres y las niñas han perdido tanta confianza y esperanza en nuestro sistema de justicia penal que sólo el 10% de los delitos sexuales y por violencia llegan a denunciarse. Vivimos en una sociedad en la que el sistema de justicia penal y el proceso, que se suele prolongar durante dos o tres años, es a menudo más un castigo para la víctima que para el agresor. Ese es el meollo del asunto.

Cuando un sistema quiebra de esta manera, no tiene mucho sentido retocarlo. Ya es hora de que se reescriba todo el sistema y se creen tribunales especializados con los conocimientos necesarios para tratar con mayor eficacia los delitos sexuales y la violencia contra mujeres y niñas. Hasta que no nos tomemos estos delitos más en serio, muy poco cambiará».

Este artículo se publicó en la versión en papel de The Sunday Post

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