Dos estudios holandeses [de 2006 y 2011] han sido la base y se han convertido en el modelo para la práctica de la transición médica de género en jóvenes. Un nuevo estudio demuestra que esos trabajos son metodológicamente defectuosos y nunca deberían haberse utilizado en entornos médicos como justificación para ampliar esa «práctica clínica innovadora».

Tres sesgos metodológicos socavan la investigación:

1) la selección de sujetos por la que sólo los casos más exitosos se incluyeron en los resultados;

2) el hallazgo de que la «resolución de la disforia de género» se debió a los cambios en los cuestionarios empleados;

3) el empleo simultáneo de la psicoterapia que hizo imposible separar los efectos de esta terapia de los efectos de las hormonas y la cirugía.

Discutimos el importante riesgo de daño que expuso la investigación holandesa, así como la falta de aplicabilidad del protocolo holandés a la creciente incidencia actual de jóvenes con problemas psiquiátricos con disforia de inicio rápido en la adolescencia, que se declaran no binarios, y que son preponderantemente chicas.

Los problemas de «giro» –la tendencia a presentar los resultados débiles o negativos como seguros y positivos- siguen plagando los informes procedentes de clínicas que administran activamente intervenciones hormonales y quirúrgicas a los jóvenes. Es hora de que la medicina de género preste atención a las revisiones sistemáticas objetivas publicadas y a las incertidumbres sobre los resultados y los daños potenciales definibles para estos jóvenes vulnerables.

La transición médica de género en menores es un ejemplo, explican los autores, de «difusión desbocada».

Es decir, el fenómeno por el que la comunidad médica confunde un pequeño experimento innovador con una práctica probada, y una práctica potencialmente no beneficiosa o perjudicial ‘escapa del laboratorio’, extendiéndose rápidamente a los entornos clínicos generales.

Los autores también analizan cómo los investigadores activistas «dan la vuelta» a los hallazgos no concluyentes o negativos para engañar al público sobre los riesgos y beneficios.

Si ni siquiera los estudios y el protocolo holandeses, que (al menos sobre el papel) exigen a) meses de psicoterapia antes de los fármacos y b) que el inicio de la disforia empiece antes de la pubertad, pueden justificar la transición médica en menores, tanto más con el modelo afirmativo estadounidense [y de otros países como España] , que no los exige.

*Este artículo utiliza el texto de la fuente citada y otras relacionadas: https://contraelborradodelasmujeres.org/bloqueadores-de-la-puertad-boton-de-pausa-o-aceleradores-para-la-transicion/

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