El fin de semana pasado se supo que el Gobierno escocés ha abandonado los planes de aprobar una nueva ley contra la misoginia. La propuesta legislativa, defendida por la ex Primera Ministra Sturgeon, habría convertido el odio a las mujeres en un factor agravante a ojos del sistema de justicia penal. El problema, como admiten fuentes del Gobierno escocés, es que para crear un nuevo delito de “incitar” al odio hacia las mujeres, es necesario poder decir qué es una mujer.
Cuando la novelista J. K. Rowling publicó en las redes sociales, en octubre de 2022, una fotografía de ella con una camiseta que tenía estampada la frase “Nicola Sturgeon destructora de los derechos de las mujeres”, la entonces Primera Ministra se puso furiosa.
La obsesión monomaníaca de la Sra. Sturgeon por reformar la Ley de Reconocimiento de Género para permitir que cualquier persona se identificara con el sexo legalmente reconocido de su elección estaba en su punto más febril y ella era incapaz de ocultar su desprecio por cualquiera que se atreviera a cuestionar su sabiduría.
Cuando en el programa Today de Radio 4 le preguntaron si estaba, como había sugerido Rowling , destruyendo los derechos de las mujeres, Sturgeon se desató.
Según ella, sobran “ataques a las mujeres” en los que las “verdaderas feministas” deberían centrarse.
La implicación era clara. La creadora de Harry Potter y otras mujeres que compartían su profunda preocupación por los planes de reforma de la Ley de Reconocimiento de Género no eran, según la Sra. Sturgeon, verdaderas feministas.
Junto a la Sra. Rowling en la lista de impostores de la ex Primera Ministra estaban mujeres como Julie Bindel, una activista feminista con cuatro décadas de experiencia en primera línea luchando por la seguridad de las mujeres, el ícono del tenis Martina Navratilova, cuyas preocupaciones sobre los varones biológicos que entran al deporte femenino son compartidas por la mayoría de las personas, y la ex diputada del SNP Joanna Cherry, quien recibió amenazas de muerte y violación por su audacia al oponerse a la reforma de la ley de Reconocimiento de Género.
Estas famosas figuras eran apenas los miembros más visibles de un movimiento masivo de feministas reunidas por la oposición a una ley que habría permitido a cualquier hombre entrar a un espacio exclusivamente femenino declarándose mujer.
En toda Escocia y más allá, las mujeres se unieron a pesar de las barreras políticas, de edad y de clase para condenar una ley que las despojaría de las protecciones que ellas y otras antes que ellas habían luchado tanto por ganar.
Las encuestas siguen mostrando que las preocupaciones de quienes hicieron campaña contra la reforma de la Ley de Reconocimiento de Género son compartidas por la mayoría de mujeres y hombres.
La mayoría de la gente piensa que es peligroso eliminar el estatus de un solo sexo de los refugios de mujeres, la mayoría de la gente piensa que es peligroso e injusto permitir que los hombres biológicos compitan en el deporte femenino, la mayoría de la gente piensa que es profundamente erróneo que los jóvenes, confundidos acerca de su sexualidad, sean animados a seguir caminos médicos que involucran terapia hormonal y cirugía clínicamente innecesaria.
La Sra. Sturgeon se mantiene desafiante. En una entrevista reciente, afirmó que, en el futuro, existirá un sentimiento colectivo de vergüenza por lo que describió como «la difamación de las personas trans».
Pero la reacción a sus planes de reforma de la ley de reconocimiento de género que, a pesar de recibir el apoyo de la mayoría de los parlamentarios escoceses, fueron finalmente bloqueados por el Gobierno del Reino Unido con el argumento de que afectarían negativamente a las disposiciones de la Ley de Igualdad, no tenían nada que ver con vilipendiar a las personas trans y todo que ver con proteger la seguridad de las mujeres y las niñas.
Esta importante misión ha sido socavada por el feminismo “real” de Nicola Sturgeon.
El fin de semana pasado se supo que el Gobierno escocés había abandonado los planes de aprobar una nueva ley contra la misoginia.
Esta propuesta legislativa, defendida por la Sra. Sturgeon durante su mandato, habría convertido el odio a las mujeres en un factor agravante a los ojos del sistema de justicia penal.
Esta idea contó con apoyo de todos los partidos y la introducción de nueva legislación debería haber sido sencilla.
El problema, como admiten fuentes del Gobierno escocés, es que para crear un nuevo delito de “incitar” al odio hacia las mujeres, es necesario poder decir qué es una mujer.
Debido a la obsesión de la Sra. Sturgeon con una ideología de identidad de género incoherente, los ministros no pueden –o no quieren– hacerlo.
La legislación ahora descartada debía basarse en un informe sobre la misoginia creado por la baronesa Kennedy de The Shaws KC. La parlamentaria laborista, a quien se le pagaba £1.000 por día para realizar una revisión de la misoginia y de cómo la ley podría reaccionar ante ella, propuso nuevas leyes contra el acoso sexual en público y en línea que fueron bien recibidas por la Sra. Sturgeon.
Pero aunque abrazó con entusiasmo las ideas del equipo de la baronesa Kennedy, no se detuvo a preguntarse si la nueva legislación era compatible con su deseo de permitir que cualquiera pudiera declararse mujer.
¿Tendría algún sentido real una ley contra la incitación al odio hacia las mujeres si entre las víctimas pudieran incluirse hombres?
Mientras la Sra. Sturgeon dedicaba sus energías a satisfacer las demandas de los activistas trans, esas falsas feministas seguían con su falso feminismo.
En el caso de J. K. Rowling, esto implicó cosas como financiar el centro sólo para mujeres Beira’s Place, donde las víctimas de violación y violencia reciben asesoramiento y apoyo en un espacio libre de hombres.
Mientras tanto, Julie Bindel, Joanna Cherry, las mujeres detrás del grupo de campaña de base For Women Scotland y muchos miles de otros impostores siguieron luchando contra una ideología que erosiona los principios fundamentales de la ley de igualdad y socava los principios bien establecidos de la política de protección.
Las falsas feministas están ganando.
Una serie de tribunales laborales han confirmado los derechos de las mujeres basados en el sexo. Y cada semana, al parecer, una nueva organización se entera de que dar a los nacidos varones acceso a espacios exclusivos para mujeres es tan costoso como moralmente repugnante.
El Primer Ministro John Swinney permanece en silencio sobre estos asuntos. Sabe que los votantes no están de acuerdo con la introducción de la autoidentificación [del sexo] y no tiene ningún plan para intentar revivir la reforma de la Ley de Reconocimiento de Género.
Pero el líder del Partido Nacional Escocés SNP está muy equivocado si cree que puede seguir eludiendo esta cuestión.
Próximamente escucharemos una decisión de la Corte Suprema sobre la definición de “mujer” en relación con la ley sobre espacios y oportunidades disponibles para un solo sexo.
Esa decisión, sea cual sea, pondrá de relieve, una vez más, el caos provocado por la imprudente iniciativa del SNP de satisfacer las demandas de los activistas.
Diga lo que diga la Corte Suprema, no cambiará la repulsión que la mayoría de nosotros sentimos por el hecho de que, con la bendición de los nacionalistas, delincuentes sexuales varones convictos hayan sido enviados a prisiones de mujeres. El veredicto tampoco alterará la creencia mayoritaria de que es totalmente erróneo que a los nacidos varones se les permita participar en deportes femeninos o entrar en refugios, baños o vestuarios para mujeres.
La cobardía moral del señor Swinney en este asunto le puede costar muy cara.
Hay una audiencia cada vez mayor que pide palabras claras sobre los derechos de las mujeres y, si el Primer Ministro no es capaz de apoyar plenamente el principio de que la realidad biológica prevalece sobre todo lo demás cuando se trata de tales cuestiones, otros partidos lo harán.
Bajo el liderazgo de la feminista “real” Nicola Sturgeon, los sonrientes ministros del SNP posaron para fotografías junto a los manifestantes que sostenían pancartas que pedían ataques contra las mujeres que se oponían a la reforma de la ley de género.
La ex Primera Ministra Sturgeon no hizo nada para abordar la misoginia. Más bien, creó un entorno en el que esto podía florecer, donde las mujeres que creían que ser mujer era algo real e importante podían ser abusadas y amenazadas con impunidad.
El feminismo “real” de Nicola Sturgeon no ha hecho más que socavar los derechos de las mujeres.
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