El pasado 18 de mayo los grupos parlamentarios de la pseudoizquierda líquida e identitaria intentaron colar sin éxito una Ley trans calcada a la del ministerio de Igualdad. Basada en creencias mágicas con justificaciones absolutamente risibles, se llegó a hablar de que los niños que quieren ser hadas son, por tanto, niñas. Sí, en el congreso de los diputados español.

Lo que sucede con la “ideología trans” es que lleva suponiendo para gays, lesbianas y bisexuales décadas de violencia y usurpación de espacios, así como una rápida fagocitación por parte de la T del resto de letras de las siglas.

El mes que viene se celebra el Orgullo 2021. El lema elegido para este año es “Sororidad y feminismo para TRANSformar ¡Mujeres lesbianas, trans y bisexuales en acción! ¡Por las más vulnerables!”.
Me da la impresión de que la intención de las entidades organizadoras no es la de poner en el centro a las mujeres atraídas hacia su mismo sexo; lesbianas y bisexuales. Sino más bien la de seguir generando aún más presión para que las mismas acepten a hombres autoidentificados como mujeres en sus espacios ya de por sí escasos, vulnerables e invisibilizados.

Sabemos que las mujeres autoidentificadas como “hombres”, más conocidas como “hombres trans” son en su mayoría lesbianas que solo por nacer con sexo femenino son potenciales víctimas de violencia sexual y reproductiva masculina. No aparecen en el lema del Orgullo 2021.

Hay un nuevo armario para los hombres y las mujeres atraídos hacia nuestro mismo sexo. Y es algo que no creo que nadie vaya a reivindicar el mes que viene.

Como decía Arty Morty en uno de los últimos The mess we are in, existen paralelismos con lo que significaba ser gay o lesbiana adolescente en los noventa y lo que significa ser gay o lesbiana en 2021 negándote a aceptar la ideología transgenerista. Se pierden amigos, se te insulta, se te amenaza, se te calumnia y vuelves a sentir la sensación de tener que volver al armario en según qué contextos para que no te acusen de odiador u odiadora o incluso de tener “fetiches genitales”. […]

Sabemos que los chicos gays y las chicas lesbianas, especialmente aquellos que no se conforman con los roles sexuales impuestos más estereotipados hemos sido a lo largo de la historia los más vulnerables y los más rentables para la medicina transexual. Transgénero, transexual, queer, no binario, agénero, género fluido… Da igual. Son todas cabezas distintas de la Hidra de Lerna cuyo corazón es la medicina transexual y el negocio que supone para laboratorios farmacéuticos, plataformas en streaming, firmas de moda de lujo, marcas de cosmética, etc.

El origen de lo que hoy conocemos como medicina transexual está indefectiblemente ligado a una sociedad y a una comunidad médica tremendamente homofóbica… No interesa recabar datos y mucho menos que éstos sean públicos cuando hablamos de tratamientos de heterosexualización de homosexuales con fármacos de uso off label experimentales cuyos efectos secundarios se han probado devastadores y con cirugías irreversibles.[…]

… miembros del personal [de la clínica de género Tavistock] que han preferido conservar su anonimato aseguran para The Times que es la homofobia de muchos padres y madres de los y las menores la que causa la derivación a este tipo de servicios. Más concretamente lesbofobia, y un sexismo rampante, ya que el aumento exponencial de casos de niñas como Keira Bell es alarmante.

Igual de alarmante es la pornificación de nuestra experiencia. La presencia de hombres heterosexuales autoginefílicos autoidentificados como “mujeres lesbianas” en espacios LGBT que coaccionan, chantajean y presionan a lesbianas para mantener relaciones sexuales con ellos bajo la amenaza de ser expulsadas de los espacios que ellas mismas han creado y ser perseguidas con las antorchas de la transfobia. Un coctel entre las terapia de conversión cristianas de toda la vida y la cultura de violación del porno que inunda los dispositivos electrónicos de cada rincón del planeta.

A través del mismo canal, el porno, se fetichiza a “hombres trans” y muchos hombres bisexuales (que se identifican como gays) nos acusan a gays de transfobia y de tener filias genitales por negarnos a mantener relaciones sexuales con personas del sexo femenino.[…]

Es difícil y doloroso ver el apabullante número de gays, lesbianas y bisexuales que ven esto, lo entienden, pero tienen miedo a hablar. Seguiremos hablando, no pararemos de hablar contra este absurdo y contra toda esta homofobia velada.

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