Irlanda rechazó el pasado 8 de marzo, abrumadoramente, los cambios propuestos por el gobierno a las referencias a la familia y las mujeres en su Constitución. Los votantes repudiaron el referéndum sobre la familia con un 67% que votó “no”, y enterraron el referéndum sobre cuidados con una aplastante victoria aún mayor del 74%. Irlanda ha dicho no a suprimir la palabra madre de su Constitución. La organización The Countess explica por qué pidió el NO.

La redacción del artículo 41.2 de la Constitución irlandesa de 1937 puede ser anticuada, pero al menos es un reconocimiento honesto y bienvenido del trabajo, a menudo ingrato, pero profundamente importante, que realizan las mujeres en el hogar, en la gestión de los hogares y en la crianza de la descendencia, que es la base de la sociedad.

41.2 1.º En particular, el Estado reconoce que, por su vida en la casa [en el hogar], la mujer presta al Estado un apoyo sin el cual no puede lograrse el bien común.
2.º En consecuencia, el Estado procurará que las madres no se vean obligadas por necesidad económica a dedicarse al trabajo en descuido de sus deberes en la casa [en el hogar].

[La redacción propuesta del nuevo artículo sobre cuidados (artículo 42B) ya no hace referencia a “madre” o “mujer”; en su lugar, se refiere a “la prestación de cuidados, por parte de los miembros de una familia entre sí y a que el Estado “se esforzará por apoyar dicha prestación”].

Las estadísticas son llamativas. Las irlandesas dedican el doble de horas a los cuidados que los hombres, y más del doble de horas al trabajo doméstico. Por término medio, una mujer irlandesa realiza 38,2 horas de trabajo no remunerado en el hogar a la semana, lo que equivale a tener un trabajo a tiempo completo, además del trabajo remunerado a tiempo completo, ya que la mayoría de las mujeres trabajan la jornada completa. En cambio, las mujeres danesas dedican 16 horas menos a la semana a las tareas domésticas y los cuidados.

En toda la UE, sólo las mujeres de Malta y Rumanía realizan tanto trabajo no remunerado en el hogar. En torno a 2007 se produjo una ligera mejora en la asunción masculina del trabajo no remunerado en el hogar, pero parece que se trató de un “problema técnico” debido a la crisis financiera y el marcado desequilibrio entre sexos se restableció una vez que la economía mejoró.

En el conjunto de la UE somos los últimos en igualdad en el hogar, con Rumanía y Malta más o menos en la misma situación. Esta es la cruda verdad y, quizá también, una verdad incómoda para nuestros políticos, cuya principal preocupación parece ser vender Irlanda como el pequeño país más progresistaTMde la escena mundial.

Sin embargo, en vez de abordar esta cuestión y asumir parte de la carga que recae sobre las mujeres, el Estado pretende reformular esta realidad y proponer una especie de ensalada de palabras de “cuidados en el hogar” diluida y neutra en cuanto al género, que no contribuye en nada a mejorar la suerte de las mujeres, sino que las priva de su ennoblecedor reconocimiento en la Constitución.

Sí, el lenguaje parece anticuado, pero si nos remitimos a la redacción irlandesa de la que se tradujo el artículo, se refiere a teaghlach, que significa más bien hogar o familia, no casa. Es evidente que “su vida en la familia” presenta una imagen diferente de la del lugar “en la casa” y reconoce el papel único que desempeñan las mujeres y las madres en el nacimiento y la crianza de sus criaturas y que, de hecho, esto es vital para el bien de toda la sociedad.

Cualquier argumento de que el artículo 41.2 obliga de alguna manera a las mujeres a quedarse en casa es claramente un disparate y no tiene ninguna base de hecho o de derecho, como bien desestimó la entonces jueza Susan Denham en el caso Sinnott

De las personas que se quedan en casa para cuidar de sus hijos en sus primeros años, un asombroso 94,3% son las madresNadie puede discutir la importancia del vínculo madre-bebé y la necesidad de no romperlo. En términos clínicos, nos referimos a esto como una unidad biológica, la “díada madre-bebé”. No obstante, si percibes una prestación por búsqueda de empleo, debes demostrar al Estado que estás buscando trabajo activamente sólo ocho semanas después del parto, so pena de que te retiren la prestación. Aquí se vislumbra el ánimo del gobierno actual y sus opiniones reales sobre la maternidad y el papel de las madres.

El Taoiseach (presidente del Gobierno irlandés), los ministros y las ONG —desde IHREC hasta NWCI— se afanan en convencernos de que es la redacción del artículo 41.2 la que provoca la desigualdad en los hogares. Parecen embriagados por la loca idea de que, de algún modo, eliminando estas palabras, todas seremos transportadas de repente de la anticuada Irlanda católica de los años cincuenta a una especie de nirvana escandinavo.

En primer lugar, es incoherente y perezosa, como muchas de las políticas actuales, en las que se ignora la difícil tarea de abordar la desigualdad estructural y se opta por desplazar los trastos de un sitio a otro para no conseguir nada y, sobre todo, por postureo moral.

En segundo lugar, el artículo 41.2 es en realidad un baluarte contra el tipo de valores neoliberales que caracterizan a esta coalición de gobierno, según los cuales lo único que importa es el PIB y la metaeconomía. Las mujeres se encargan de la maternidad y de la gestión de los hogares, y esto se reconoce explícita y notablemente por su beneficio para toda la sociedad en el artículo 41.2. Pero, según la economía neoliberal, estas cosas no tienen ningún valor y, por lo tanto, hay que borrarlas. En esta visión del mundo, la maternidad es desechable, reemplazable y sin valor, porque no contribuye al PIB. Se rebaja a progenitor (parent) o cuidador (carer) 1 o 2. Al hacerlo, se borra la contribución única de las mujeres a la sociedad.

No olvidemos que fue este Gobierno el que intentó suprimir la palabra “mujer” de la legislación sobre protección de la maternidad de forma agresiva, retroactiva y encubierta.

 

También se habrían salido con la suya si no hubiéramos descubierto las enmiendas, ocultas en las profundidades del proyecto de ley sobre el equilibrio de la vida laboral y disposiciones varias (Worklife Balance and Miscellaneous Provisions Bill), que inspiró nuestra exitosa campaña Estas palabras nos pertenecen (These Words Belong To Us) y que los obligó a dar marcha atrás

Estamos librando una batalla constante con este gobierno para proteger nuestros derechos y nuestras palabras. Consideramos este referéndum como un asalto narcisista al texto legal fundacional de este Estado y un grave insulto a las mujeres de Irlanda.

No podemos permitir que esta corriente de gobierno vacua y autoritaria que ha infectado la anglosfera elimine las palabras “mujer” y “casa” (entendido como hogar) del artículo 41.2 o el reconocimiento explícito de la contribución de las mujeres. Es un indignante acto de vandalismo contra nuestro tratado fundacional manipularlo de esta manera: ¿Cómo se atreven? Como si el gobierno necesitara seguir demostrando sus credenciales woke.

El pueblo tendrá la palabra el 8 de marzo y verá en esta votación un medio para disentir. En la última década se han impuesto muchas políticas a la ciudadanía. Ahora los mismos fanáticos vienen a por la única cláusula de nuestro texto legal fundacional que hace referencia a la mujer o al hogar. El público utilizará su voto para hacer saber al gobierno alto y claro lo que piensa sobre la cuestión más amplia de la política de la supuesta izquierda radical impuesta a la ciudadanía sin un mandato.

Además, el momento de este referéndum es curioso. Me resulta curioso que justo cuando un caso está a punto de llegar a los tribunales en una apelación a salto de mata del Tribunal Superior al Tribunal Supremo, el Gobierno parezca estar en una carrera contrarreloj para suprimir el mismo artículo en el que la demandante —una mujer que cuida de su hijo adulto con síndrome de Down— podría ampararse legítimamente.

#VoteNoRef24 (Vota No al Referéndum de 2024)

NOTA: de los muchos posicionamientos de mujeres pidiendo el NO en el referéndum, rescatamos el de una mujer, trabajadora social, madre y abuela: «Dado que algunas agencias gubernamentales han estado sustituyendo las palabras “madre” y “mujer” por palabras como “personas embarazadas” o “personas con cuello uterino” en otras políticas y proyectos de ley, tengo la ligera sospecha de que esta propuesta de enmienda de la Constitución podría formar parte de una agenda para borrar las palabras que se refieren a las mujeres».

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