Una aparición flota alrededor de la institucionalización global de la «identidad de género». ¿Qué es? ¿Qué está pasando? Vemos que sucede algo, pero no sabemos exactamente qué. ¿Por qué se catapultan estos cambios en las culturas occidentales, impulsados por grandes capitales y los gobiernos? Esta aparición tiene un nombre: Transhumanismo.

Es el tema sin nombre sentado en medio del salón de la «identidad de género» que no podemos abordar del todo. Todos los demás tentáculos de los cambios que transforman la sociedad, forjados en nombre del género, surgen de esta aparición, de esta cosa que nos negamos a nombrar y a enfrentar.

El transhumanismo es lo más importante a lo que hay que resistir si queremos detener la deconstrucción de nuestra especie. Como seres humanos, somos sexualmente dimórficos y la «identidad de género» está deconstruyendo el sexo. La «Identidad de género» tiene muchas iteraciones, pero la mayoría de nosotras miramos las secuencias y nos perdemos el conjunto. Tenemos que fijarnos en lo que hace la «identidad de género» y no en lo que significa. Destruye el sexo como categoría significativa y está literalmente desexualizando a los niños y a los jóvenes. Esta es la cuestión. Así es como lo utilizan quienes lo introducen a la fuerza en la cultura para normalizar la disociación de nuestra realidad sexuada.

La aceptación de desexualizar el cuerpo humano está siendo aprovechada por multimillonarios de la industria farmacéutica y la tecnología, como Martine Rothblatt, transexual-transhumanista y Jennifer Pritzker, también transexual, y su familia, que tienen enormes inversiones en el complejo médico industrial. Tim Gill de la Gill Foundation, una ONG pro-LGBT, también está impulsando que se normalice la disociación corporal en todo el mundo a través de la «identidad de género», y está invirtiendo en tecnología e IA. Jon Stryker, heredero de la fortuna médica Stryker, impulsa la identidad de género (o disociación corporal) en todo el mundo con la ONG LGBT, Arcus Foundation, que él mismo fundó. Todos estos hombres están profundamente ligados a las ONG pro-LGBT globales que están impulsando la disociación del cuerpo a través de nuestras culturas bajo la bandera de los derechos humanos, desmantelando el dimorfismo sexual y promoviendo una multiplicidad de sexos. Esto no quiere decir que todos estos hombres se conozcan y trabajen al unísono, aunque la mayoría sí que lo hace. Significa que pertenecen a una clase que tiene poder financiero, que ya han invertido en el mercado tecnológico y farmacéutico y que son conscientes de los avances que aumentan la rentabilidad en estos sectores. [Para la implicación de estos multimillonarios y sus fundaciones en el negocio de la «identidad de género, véase: https://contraelborradodelasmujeres.org/financiacion/]

La Dra. Heather Brunskell Evans, filósofa académica del Reino Unido, citó recientemente un informe publicado por Gendered Intelligence (GI), un grupo de presión global transgenerista que defiende que los niños deben ser liberados para manipular sus características sexuales. GI afirma que la libertad de niños, niñas y jóvenes radica en «desmantelar el poder culturalmente atribuido a lo biológico.«

El mensaje de Gendered Intelligence parece claro: que la realidad biológica del sexo es una construcción social a la que se le atribuye demasiado poder.

En un informe recién publicado por el Ministerio de Defensa del Reino Unido se detallan los avances de la aumentación humana, no solo en lo que respecta al Ministerio de Defensa, sino a nuestras vidas como seres humanos. «La aumentación humana tiene el potencial de influir en todos los aspectos de nuestras vidas e incluso de cambiar lo que significa ser humano. Podría cambiar los conceptos filosóficos, nuestros sistemas de creencias y los marcos éticos y jurídicos de formas que no hemos previsto», afirma.

¿Acaso no estamos asistiendo a esos cambios ahora, en la nueva industria del género, presentada como un movimiento de derechos humanos?

Gendered Intelligence, al hablar de los bloqueadores de la pubertad, fármacos que se ha comprobado que causan daños irreversibles, afirma: «Es importante que los niños y los jóvenes … puedan experimentar, cambiar de opinión, probar nuevos estilos, expresarse».

Están claramente defendiendo que la infancia tenga libertad para elegir “perfeccionar” sus características sexuales y para usar peligrosos fármacos con el fin de lograrlo. Las leyes se están adaptando rápidamente en muchos países de forma simultánea, con la ayuda de las organizaciones LGBT y transgeneristas, para ajustar el marco normativo y conseguir despatologizar la descorporeización.

Martine Rothblatt dio una conferencia en Canadá en 2016 sobre la necesidad de que los «transhumanistas tecnológicos» crearan un aparato político comparable al de la Asociación mundial para la salud transgénero (WPATH), que establezca la validez social de los «transhumanistas tecnológicos», como ha hecho la WPATH con los «transgéneros tecnológicos». Rothblatt creó el primer marco jurídico para las leyes de identidad de género que se están aprobando en todo el mundo. Trabajó en el proyecto del genoma humano en la ONU y la NASA. Es dueño de una biofarmacéutica, creó una religión de la descorporeización y ha construido un robot de su esposa.

Rothblatt lleva al menos una generación escribiendo y hablando sobre los cambios en la humanidad que deconstruirán el dimorfismo sexual. Compara el dimorfismo sexual con el apartheid sudafricano y suele dar charlas en Out Leadership, que mueve unos 3,6 billones de dólares como brazo empresarial de la industria LGBT global. Ha escrito sobre el futuro tecnológico de la reproducción, en el que los humanos, fusionados con la tecnología, no necesitarán copular.

El presidente Biden acaba de aprobar otro proyecto de ley en el que la «identidad de género» anulará los derechos de las mujeres por razón de sexo. Nuestro lenguaje ya ha cambiado para borrar nuestra realidad sexuada. ¿Es verosímil que Biden no entienda lo que está haciendo? Recordemos que Obama —de quien Biden fue vicepresidente— recibió ayuda económica de los Pritzker para ocupar su cargo y fue el primer presidente en utilizar la palabra «transgénero» en un discurso sobre el estado de la Unión. En 2015 Obama convocó una reunión especial para estudiantes «transgénero» en la Casa Blanca, lo que le valió el título de «Presidente trans».

Que el presidente de los Estados Unidos hiciera esto por una minúscula parte de la población de niños y niñas con disforia corporal relacionada con sus genitales es absurdo, como lo son las leyes que se aprueban en todo el mundo y que permiten a los hombres reclamar la corporeidad femenina, como lo son los nuevos talleres de empresa para empleados de bancos mundiales que tienen disforia relacionada con sus genitales. Es una locura que se celebren fiestas de castración para chicos jóvenes y que Mastercard haya creado una tarjeta de crédito para las personas que quieren disociarse de su realidad sexuada. No solo es importante, sino que es imperativo que pongamos nombre a esta locura, en lugar de apoyar la premisa de una tercera categoría de humanos, que no son hombres ni mujeres, por la que se está reordenando la sociedad.

Lo único que tiene sentido en todo esto es que se está engañando a la gente para que acepte mayores cambios en la humanidad y se están cambiando las leyes para apoyar esos cambios que se nos vienen encima.

Esta evolución forzada de nuestra especie ya está aquí. Debemos entender que el género es una fachada para normalizar la desexualización de nuestra especie hacia una fusión más compleja con la tecnología de la que hemos visto hasta ahora. Debemos ser valientes para enfrentarnos al transhumanismo que tenemos metido en medio del salón de la «identidad de género» o nos cambiarán para siempre.

Artículo original
Comparte esto:
Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, aceptas el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad