Lo que Jennifer Bilek, que ha estudiado exhaustivamente la financiación multimillonaria del transgenreismo, llama transhumanismo transexual es un culto que, cirugías mediante, promete a las y los jóvenes la liberación de la angustia normal que experimentan sus cuerpos en desarrollo cuando dejan atrás la infancia y entran en la edad adulta; un culto que normaliza el fetichismo de hombres adultos, que borra a las mujeres del lenguaje y de la ley, que pretende usurpar sus capacidades reproductivas e impone nuevos dictados lingüísticos y conceptos falsos sobre nuestra realidad sexuada.
Mi nuevo libro, Transsexual, Transgender, Transhuman, Dispatches from the 11th Hour, la culminación de una década de investigación sobre la poderosa industria del género, por fin ha llegado a la imprenta.
Mi esperanza es que mi libro ayude a cambiar la narrativa del fenómeno de la identidad de género, de un problema médico a uno que reconozca que estamos presenciando la formación de un culto global, o una realidad virtual.
Lo que estamos presenciando en la industria del género es un culto a la castración. Los cultos a la castración se han visto a lo largo de la historia y estamos experimentando otro. Lo que voy a llamar transhumanismo transexual es un culto a la castración amplificado por la tecnología, la ideología transhumanista y alimentado por el ánimo lucro. Se ha introducido en la cultura al forzar y controlar un nuevo lenguaje que oscurece sus orígenes en el fetiche y la cosificación sexual de las mujeres.
Lo transexual ha sido rebautizado como transgénero con fines de marketing y adoctrinamiento.
El culto transhumanista transexual promete a las y los jóvenes la liberación de la angustia normal que experimentan sus cuerpos en desarrollo cuando dejan atrás la infancia y entran en la edad adulta. La construcción del menor confundido con su género que puede liberarse mediante fármacos y cirugías monstruosas en sus sistemas reproductores sanos ha sido necesaria para normalizar el fetiche del transexualismo, para dar a los hombres que quieren ser mujeres acceso al poder social y político.
Este poder, junto con los avances en la reproducción artificial, ahora permite a los hombres con un fetiche de poseer la feminidad usurpar nuestras capacidades reproductivas, a través de la tecnología. Ya no se conforman con apropiarse de nuestra ropa, nuestros gestos y copias sintéticas de nuestras características sexuales secundarias, sino que ahora intentan literalmente desmembrarnos y reclamar nuestras capacidades reproductivas como propias, a través de la tecnología.
Estas tecnologías reproductivas en rápida expansión están preparadas para reorganizar las fronteras de nuestra especie.
Actualmente, todavía somos una especie sexualmente dimórfica, pero con la investigación sobre la ectogénesis, la creación de embriones en una placa de cultivo y gametos grandes y pequeños a partir de células de la piel, puede llegar un momento en que ya no necesitemos copular para reproducirnos y las mujeres ya no gesten la especie. La heterosexualidad se volvería obsoleta en este paradigma, al igual que la atracción por el mismo sexo. Nos quedaríamos solo con las personalidades, libres para expresarnos como queramos sin preocuparnos por reconocer el sexo de otra persona para la reproducción o la atracción. De ahí la introducción de la doctrina del espectro de género.
Este es el ámbito reproductivo del transhumanismo que, en su nivel más elemental, es una apertura y mercantilización del cuerpo natural y nuestra fusión con la tecnología y las biotecnologías. Todavía no estamos en la etapa de un episodio de Black Mirror o la película Blade Runner, pero con las tecnologías CRSPR, la IA y la interfaz humana, y los avances en la reproducción tecnológica de nuestra especie, sin mujeres, estamos llegando a eso.
Se está captando a los menores para este futuro. En las escuelas se les inculca la idea de que pueden elegir su sexo y de que se vean a sí mismos como partes compartimentadas y combinables, en lugar de sistemas biológicos completos unidos al mundo natural y sostenidos por él.
En la escuela primaria se les enseña sobre tecnologías reproductivas y maternidad subrogada, y que algunas familias se crean mediante la tecnología. Se les enseña que pueden trascender sus cuerpos humanos y que la sexualidad es una mezcla de actos que no tiene nada que ver con la reproducción o los vínculos íntimos, y se les traumatiza sexualmente hasta llevarles a un estado de disociación.
Se está borrando a las mujeres del lenguaje y de la ley, y se está reformando la sociedad para borrar las diferencias [biológicas] de sexo y dar cabida a estas tecnologías en avance y a la continua cosificación de las mujeres. Los mercados de la maternidad subrogada y de la reproducción tecnológica ya están generando miles de millones de dólares en ingresos que crecen de forma constante. En conjunto, se prevé que alcancen los cientos de miles de millones de dólares para 2032.
Las y los menores no tienen un problema médico, sino un problema de adoctrinamiento, y no están solos. También se está adoctrinando a adultos e instituciones enteras para que se adapten a tecnologías que cambiarán los límites de nuestra especie.
Los menores y jóvenes atrapados en este culto obviamente necesitarán atención médica durante el resto de sus vidas. También necesitarán, junto con las personas atraídas por el mismo sexo, tecnologías reproductivas para tener sus propios hijos. Conseguir que los menores adoctrinados crean que pueden elegir su sexo a través de la tecnología bajo la bandera de los derechos civiles LGB es un medio para proporcionar una estructura legal para deconstruir el sexo reproductivo y también crea un grupo de marketing más amplio y un campo de pruebas para estas tecnologías reproductivas.
Durante la última década, he escrito sobre innumerables multimillonarios que invierten en esta secta de la “desexualización”. Nadie es más importante para la creación de una secta religioso global destinada a deconstruir el sexo que Martine Rothblatt, un hombre con un severo complejo de dios. Aunque es solo un multimillonario y su financiación filantrópica a esta secta es escasa, es importante por crear la doctrina de culto de la ideología de género/transhumanismo transexual y su infiltración en los sectores médico, psiquiátrico y tecnológico. Es un empresario tecnológico y abogado estadounidense que se considera transexual. Lo he apodado el padre fundador del imperio transgénero por su papel fundamental en la manifestación de una industria para apoyar su fetiche mientras avanza una narrativa de que estamos creando a Dios con la tecnología.
Es muy influyente y reconocido por sus muchos logros en los campos de la tecnología, la vigilancia por satélite, la biofarmacia, los xenotrasplantes, la impresión de órganos en 3D, la reproducción artificial, el proyecto del genoma humano, los sistemas de realidad virtual y la inteligencia artificial. También es un transhumanista que cree que literalmente crearemos la especie, sin mujeres, a través de la tecnología. Da muchas conferencias y piensa que la organización de la sociedad en torno a nuestro sistema reproductivo de hombres y mujeres debería desmantelarse. Ha ayudado a organizar la difusión de un culto a la castración a través de la apropiación del aparato político LGB y en las culturas occidentales. También es el autor del primer proyecto de ley de identidad de género y ha creado una religión tecnológica llamada Terasem, que aboga por la libertad de forma. Su defensa de los derechos LGBT no es por la aceptación de la atracción por el mismo sexo, sino por la deconstrucción del binarismo sexual humano, contra el cual ahora se está posicionando la orientación homosexual, ya que se mezcla con una amalgama de identidades médicas basadas en el sexo, la expresión romántica y los trastornos del desarrollo sexual. El acrónimo cada vez más popular de 2SLGBTQIAIS+ se está configurando socialmente como una facción en guerra contra la «cultura cis», el binarismo sexual. Rothblatt ahora es miembro del consejo de la prestigiosa Clínica Mayo en los EE. UU.
Fundaciones e individuos poderosos no solo están financiando y promoviendo la ideología de la identidad de género, sino que también influyen en las políticas y las narrativas culturales a través de amplias redes e inversiones estratégicas, que abordo en mi libro. Actualmente hay más de 200 organizaciones de transexuales en 50 países que buscan desestigmatizar un fetiche que socava el binarismo sexual y a las mujeres como la mitad de la especie humana.
La amplitud de la infraestructura política para difundir la doctrina de la secta del transhumanismo transexual es verdaderamente astronómica y se construyó, antes de que se introdujera en nuestras culturas, ya completamente formada.
Cuando los hombres de Silicon Valley, como Elon Musk, Huval Harari, Mark Zuckerberg, Ray Kurzweil, Martine Rothblatt y otros, hablan de una futura realidad virtual, singularidad y un metaverso, de esto es de lo que están hablando. Han creado una secta, una realidad alternativa y están cambiando las percepciones que tenemos de nosotros mismos como especie mediante sus inversiones en la secta de la identidad de género o del transhumanismo transexual, al reformar la sociedad hacia adaptaciones sociales y deportes unisex, y al crear e imponer nuevos dictados lingüísticos y conceptos falsos sobre nuestra realidad sexuada. Un culto que adoctrina a grandes sectores de la población y a todas nuestras instituciones culturales, incluida, y tal vez especialmente, la ley, se convierte en una realidad virtual.
Es difícil imaginar que lo que estamos presenciando es una secta tecnológica y religiosa organizada con fundamentos eugenésicos. La contribución más importante para que Hitler pudiera continuar su holocausto contra los judíos en la Alemania nazi es que la gente no podía, no quería, permitirse creer que estaba sucediendo. Era demasiado aterrador.
No vemos el ataque a las características sexuales humanas, con todo el mundo haciendo la vista gorda y apoyándolo, fuera de las sectas. Es lo único que explica que la gente inteligente crea que amputar los pechos de mujeres jóvenes, porque se sienten chicos, y los penes de hombres jóvenes porque se sienten chicas es progresista. Es una locura total y cuenta con el apoyo de las personas más poderosas del mundo. Está organizado, respaldado por mentiras y alimentado por el dinero y el poder, nuevamente, todo lo cual abordo en mi libro.
Si observamos con atención, vemos el adoctrinamiento de la secta por todas partes: los mantras y cánticos repetitivos, la acusación de intolerantes y fascistas a quienes están fuera de la secta, la falta de voluntad para aceptar cualquier información que entre en conflicto con la doctrina de la secta, la falta de capacidad para explicar racionalmente sus propias creencias, un sistema cerrado, el estímulo para dejar atrás a la familia y a los amigos y los ataques horripilantes a las características sexuales sanas de las personas.
Es hora de cambiar el debate de una sobre personas con “disforia de género” e “identidad de género”, términos inventados, instituidos por personas poderosas para engañar al público y a los niños, a uno que reconozca que nos enfrentamos a una secta tecnocrática global. Estamos siendo adoctrinados. Toda esta narrativa es una construcción corporativa y no se verá socavada hasta que empecemos a enfrentar la verdad.
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