Me han hecho varias preguntas en este hilo y me han acusado de evitar responder, así que ahí va.

Creo que una mujer es un ser humano que pertenece a la clase sexual que produce gametos grandes. Es irrelevante si sus gametos han sido fertilizados alguna vez o no, si ha tenido un bebé a término o no, irrelevante si nació con una rara diferencia en el desarrollo sexual que no hace posible ninguna de las dos cosas anteriores, o si tiene una edad mayor a la de poder producir óvulos viables. Es una mujer y lo es tanto como las demás.

No creo que una mujer sea más o menos mujer por tener relaciones sexuales con hombres, mujeres, ambos o no querer sexo en absoluto. No creo que una mujer sea más o menos mujer por llevar el pelo corto y gustarle el traje y la corbata, o llevar tacones de aguja y minivestidos, por ser negra, blanca o morena, por medir un metro ochenta o ser bajita, por ser amable o cruel, alegre o triste, ruidosa o retraída. No es más mujer por aparecer en Playboy o por ser una esposa entregada, ni más mujer por diseñar cohetes espaciales o dedicarse al boxeo. Lo que la convierte en mujer es el hecho de nacer en un cuerpo que, suponiendo que nada haya ido mal en su desarrollo físico (lo que, como ya se ha dicho, no impide que sea mujer), está diseñado para producir óvulos y no espermatozoides, a parir hijos en lugar de engendrarlos, e independientemente de si ha hecho alguna de esas cosas o de si alguna vez quiere hacerlo.

Ser mujer no es un estado místico del ser, ni se mide por lo bien que una se adapte a los estereotipos sexistas. No somos las criaturas que el porno o la Biblia dicen que somos. Ser mujer no es, como escribía el transfemenino Andrea Chu Long, «una boca abierta, un culo expectante, unos ojos en blanco, muy en blanco», ni somos una ocurrencia tardía de Dios, surgidas de la costilla de Adán.

Está demostrado que las mujeres estamos sometidas a determinadas experiencias por nuestros cuerpos femeninos, incluidas diferentes formas de opresión, dependiendo de las culturas en las que vivamos. Cuando los transactivistas dicen: «Creía que no querías que te definieran por tu biología», es un intento débil y claro de prestidigitación linguística. Las mujeres no quieren ser limitadas, explotadas, castigadas o sometidas a otros tratos injustos a causa de su biología, pero el hecho de ser mujeres está definido por nuestra biología. Es un hecho material sobre nosotras, como tener pecas o que no nos guste la remolacha, que tampoco son representativos de todo nuestro ser. Las mujeres tenemos miles de millones de personalidades e historias vitales diferentes que no tienen nada que ver con nuestro cuerpo, aunque es probable que hayamos tenido experiencias que los hombres no tienen ni pueden tener, porque pertenecemos a nuestra clase sexual.

Algunas personas creen firmemente que deberían haber sido, o desean que se les considere, de la clase sexual en la que no nacieron. La disforia de género es una enfermedad real y muy dolorosa, y no siento más que simpatía por quienes la padecen. Quiero que sean libres de vestirse y presentarse como quieran y que tengan exactamente los mismos derechos que cualquier otro ciudadano en materia de vivienda, empleo y seguridad personal. Sin embargo, no creo que las cirugías y las hormonas transgénero conviertan literalmente a una persona en alguien del sexo opuesto, ni creo en la idea de que cada uno de nosotros tiene una nebulosa «identidad de género» que puede coincidir o no con nuestros cuerpos sexuados. Creo que la ideología que predica esos principios ha causado, y sigue causando, un daño muy real a las personas vulnerables.

Estoy totalmente en contra de que se desmantelen los derechos y las protecciones de las mujeres y las niñas para dar cabida a los hombres identificados como trans, por la sencilla razón de que ningún estudio ha demostrado que los hombres identificados como trans no tengan exactamente el mismo patrón de criminalidad que los demás hombres, y porque, se identifiquen como se identifiquen, los hombres conservan sus ventajas de velocidad y fuerza. En otras palabras, creo que la seguridad y los derechos de las niñas y las mujeres son más importantes que el deseo de validación de esos hombres.

Espero sinceramente que esto responda a vuestras preguntas. Puede que sigáis sin estar de acuerdo, pero, como espero que esto demuestre, estoy más que encantada de mantener este debate.

 

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