¿Puede un hombre ser una madre luchadora? ¿Puede dar el pecho? Estas son las absurdas preguntas en el centro de la última polémica transgénero en el Reino Unido, que nos ha recordado lo trastornado que se ha vuelto el movimiento de la ideología de la identidad de género y sus aliados.

Todo empezó la semana pasada, cuando el activista de izquierdas Mika Minio-Paluello, que se identifica como mujer trans, apareció en un programa de ITV News sobre la crisis del coste de la vida. A pesar de ser varón, en el reportaje se le presentaba como una madre luchadora. Las cosas son difíciles si eres una madre como yo», dijo. Otra escena le mostraba de pie junto a un fregadero, lavando lo que parecía ser un sacaleches. Esencialmente, ITV News intentaba decirnos sutilmente que los hombres pueden ser madres, e incluso amamantar.

La diputada laborista Rosie Duffield fue una de las muchas que protestó en Twitter. Señaló educadamente que, aunque está segura de que Minio-Paluello es un «ser humano encantador, inteligente y decente», no es, de hecho, una madre luchadora. Como era de esperar, muchos en la izquierda, e incluso algunos de los colegas parlamentarios de Duffield, se indignaron. Stella Creasy, una política que aprovecha cualquier oportunidad para recordar a sus votantes que es una madre trabajadora, fue una de las que reprendió a Duffield, argumentando que los diputados no deberían «fiscalizar lo que un niño puede o no puede llamar a su progenitor».

La historia dio un giro aún más extraño cuando Minio-Paluello publicó un largo hilo en Twitter defendiéndose. Incluía una foto suya con un bebé mamando de su pezón. «Las mujeres trans [varones transidentifcados] pueden amamantar, y yo amamanté a mi hijo», afirmaba.

 

Por lo visto, ahora todo debe quedar relegado a un segundo plano por la ideología de la identidad de género, incluidos los consejos médicos habituales sobre la alimentación de los bebés. Cuando las mujeres amamantan a sus hijos, se les dice que eviten todo, desde el paracetamol hasta un vaso de vino. Sin embargo, para inducir una lactancia simulada en los hombres se requiere un cóctel de potentes fármacos, cuyos efectos en los bebés se desconocen. La secreción de los pezones masculinos también suele ser un signo de enfermedad.

La preocupación por el contenido real de la «leche» masculina es importante, pero el verdadero problema es la cantidad: no es posible que un hombre produzca leche suficiente para mantener a un bebé», afirma Milli Hill, experta en maternidad y autora de The Positive Birth Book. Esto significa que su «lactancia» sólo sería complementaria. Por lo tanto, al bebé se le retiraría de la madre y esto repercutiría al 100% en su propio suministro de leche’.

Para Hill, la cuestión clave aquí es a quién se está sirviendo al consentir esta fantasía sobre la lactancia masculina: ‘Siento decir que creo que sólo ocurre para validar al varón en cuestión, y que se dejan de lado las necesidades tanto de la madre como, lo que es más importante, del bebé’.

Este intento de romper la relación entre madre e hijo nos demuestra que nada está fuera de los límites de los transactivistas. En primer lugar, reescribieron el lenguaje, reivindicando «ella» y «mujer» como propios. Luego colonizaron los espacios y servicios que las mujeres necesitan para sentirse seguras. Ahora intentan rehacer la maternidad a su imagen y semejanza. Que un hombre someta a su hijo a las dudosas secreciones de sus pezones parece el insulto final.

El transgenerismo es un movimiento intensamente egocéntrico. Ahora todos somos extras en la fantasía de otra persona, obligados a complacerla. Pero la visión de un hombre que utiliza a un bebé como accesorio, para apoyar sus delirios de ser mujer y madre, sugiere que ya es hora de que dejemos de seguirles el juego.

Jo Bartosch es una periodista que lucha por los derechos de las mujeres y las niñas.

  • Las traducciones de Contra Borrado excluyen el uso de «mujeres trans» y prefieren varones transidentificados o transfemeninas.
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