La Ministra de Igualdad se ha mostrado muy ufana al declarar que la consulta pública previa a la elaboración de la llamada Ley Trans ha recibido 60.957 correos electrónicos, de los cuales 58.993 (96,7%) han sido de apoyo, 1.386 (2,27%) la han rechazado, y 578 (0.94%) han sido no válidos. Yo no tenía ni idea de que estuviéramos votando en un referéndum pues la consulta previa a la elaboración de un proyecto de ley indica que es para recoger aportaciones o comentarios sobre el proyecto, pero no para adherirse o rechazarlo.

Me recuerda –aunque yo era una niña entonces– un Referéndum que se hizo en 1966 con la pregunta: ¿Aprueba el proyecto de Ley Orgánica del Estado? que por lo visto obtuvo el 95,06% de los votos, un 2,47% de negativos y un 2,98% en blanco. No hubo nulos. Yo no tenía edad para votar, pero me acuerdo de que el resultado provocó un revuelo considerable, pues la mayor parte de la gente no tenía ni idea de lo que se votaba.

Yo no tenía ni idea de que estuviéramos votando en un referéndum pues la consulta previa a la elaboración de un proyecto de ley indica que es para recoger aportaciones o comentarios sobre el proyecto, pero no para adherirse o rechazarlo.

Habría que ver si los 60.957 correos electrónicos recibidos eran un simple mensaje de adhesión o un desarrollado pliego de consideraciones (yo misma envié 5 páginas, y me consta que algunas organizaciones han enviado más).  La ministra no ha dado explicaciones sobre la naturaleza de esos correos electrónicos, ni sobre el contenido, ni si lo único que decían era Sí o No. Además, ¿con qué criterios se ha considerado que los correos electrónicos eran positivos, contrarios o no válidos?  Se supone que lo que se pedía eran reflexiones o aportaciones razonadas, sobre  los que es difícil determinar si son favorables o desfavorables.

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Francamente, hay que reírse por no llorar. Pero aún más grave es que algunos diarios se hayan hecho eco de estos resultados acríticamente, sin ni siquiera considerar que no estamos en presencia de un referéndum, sino de una simple consulta previa a un proyecto de ley, cuyos mecanismos de participación son desconocidos para la mayor parte de la población. Hay que estar muy interesados en estos temas para ponerse a escribir unas aportaciones razonadas sobre lo que implicaría una ley de la que, por otra parte, se han dado pocos detalles.

En fin, que un Ministerio de Igualdad al frente del cual hay una mujer que se autodenomina feminista y de izquierdas presente sin sonrojo unos datos como si los resultados de un plebiscito se tratase, sin especificar nada sobre la naturaleza de las aportaciones recibidas ni dar más detalles sobre esos supuestos correos electrónicos da mucha pena y mucho miedo.

Esta ministra está empeñada en sacar adelante esta ley, sea como sea, sin atender a las muy legítimas y razonadas objeciones que se están planteando desde diferentes colectivos y asociaciones, y para ello no tiene empacho en sacar a relucir unos datos que, presentados de la manera en que lo ha hecho, recuerda los gloriosos referéndums franquistas. Y los medios progresistas jaleándole detrás. Como la prensa del Movimiento. Vivir para ver.

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