¿Puede un hombre ser lesbiana? Las Naciones Unidas afirman que las lesbianas «tienen muchas expresiones de género, tipos de cuerpo y características sexuales». Con frecuencia se espera que los bares de lesbianas, las aplicaciones de citas y los eventos de citas rápidas estén abiertos a hombres heterosexuales que se identifican como mujeres. Si la sentencia del Tribunal Supremo del Reino Unido en materia de sexo hubiera ido en sentido contrario, las grandes reuniones solo para lesbianas podrían haberse visto obligadas por la ley a acoger a hombres.

El nuevo libro de Julie Bindel, Lesbianas: ¿Dónde estamos ahora?, explora esta extraña guerra del siglo XXI contra las lesbianas. Se unió a Brendan O’Neill en su podcast, The Brendan O’Neill Show, para hablar de cómo el auge de la ideología de la identidad de género estancó la marcha por la liberación de lesbianas y gais. Puedes verlo entero aquí.

Brendan O’Neill: Para empezar, ¿dónde están ahora las lesbianas?

Julie Bindel: Bueno, estamos en una situación mucho peor que en cualquier otro momento de las últimas décadas. Yo salí del armario en los años setenta, cuando era adolescente, y por supuesto entonces no teníamos derechos legales. No existía la protección frente a la discriminación hacia las lesbianas. Te podían echar, y a mí me echaron, de trabajos, e incluso de alquileres, por mi sexualidad.

Luego las cosas mejoraron, por la sencilla razón de que nosotras -el movimiento de liberación de la mujer y el movimiento de liberación de gays y lesbianas- hicimos campaña, cambiamos corazones y mentes en todo Occidente y defendimos la legislación necesaria para que fuéramos iguales. Nunca exigimos los derechos de otros grupos, simplemente queríamos derechos para nosotras.

Las cosas fueron cuesta abajo cuando la teoría queer empezó a dominar las universidades, y las «creencias de lujo» fueron asumidas por quienes tenían más privilegios y tiempo libre del que necesitaban. Y, por supuesto, surgieron las microidentidades. El narcisismo, básicamente, se antepuso a lo que las lesbianas y los gays luchaban por conseguir, que era la igualdad y la liberación.

Como resultado, lo que era el movimiento por los derechos de lesbianas y gays se ha ampliado al movimiento ‘LGBTQ2S+’, que es más o menos donde estamos ahora, y las lesbianas están en el último lugar. Cuando llegas a la derecha de la B de bisexual, el resto son esencialmente personas heterosexuales.

Hemos necesitado luchar contra este maremoto de misoginia que se nos viene encima, y necesitábamos un divorcio amistoso del resto del acrónimo LGBT+. Los hombres homosexuales lo han entendido en gran medida. Los demás no lo entienden porque no son más que queers idiotas con interesantes colores de pelo. Por eso decidí que el libro tenía que tratar sobre la lucha contra lo que ha sido la mayor embestida contra nuestros derechos en toda mi vida, que es el auge de la ideología de la identidad de género, y los liberales que la asumieron y, al hacerlo, nos arrojaron bajo el autobús.

O’Neill: ¿Cómo se sintieron las mujeres como usted cuando se leyó la reciente sentencia del Tribunal Supremo*?

Bindel: The Lesbian Project, que fundé con Kathleen Stock para hacer frente a las cosas terribles que nos estaban ocurriendo a mujeres como nosotras, intervino en el caso junto con Scottish Lesbians y LGB Alliance. Necesitábamos dejar claro al tribunal que si tomaba la decisión equivocada (en otras palabras, si un hombre con un trozo de papel puede ser mujer, y por tanto lesbiana), representaba la erradicación de nuestra orientación sexual. No me refiero a los activistas trans histéricos y ridículos que dicen que están siendo «erradicados». Me refiero en realidad: al decidir que las lesbianas ya no seríamos mujeres atraídas por personas del mismo sexo.

Esto habría significado que una reunión de más de 25 lesbianas no podría rechazar a un hombre con un pene y un trozo de papel (o un trozo de papel en su pene, ¿quién sabe?), si quisiera asistir. Según la ideología de la identidad de género, no importa cómo seas biológicamente o cómo te comportes: eres lesbiana si dices que lo eres.

Estuve en el tribunal durante los alegatos iniciales. Como escribo en mi libro, se podía ver cómo el abogado que representaba a los ministros escoceses, la parte demandada en el caso, intentaba desesperadamente convencer a los mejores juristas del país de que Peter podía acudir a una reunión de lesbianas y decir que legalmente era lesbiana y exigir que le dejaran entrar con su certificado de reconocimiento de género. Sin embargo, cuando llega John, que no tiene ningún papel, la reunión no tiene por qué dejarle entrar. Aunque podrían ser gemelos idénticos.

La abogada del gobierno escocés tropezó repetidamente al utilizar frases como «mujer trans» y «sexo adquirido» cosas que, por supuesto, no tienen ningún significado. Casi me dio pena. No del todo, pero casi.

Cuando la representante de los ministros escoceses se retiró a comer, con cara de necesitar sales aromáticas, supe que habíamos ganado. Y nunca soy tan optimista. He estado en demasiados casos judiciales en los que el jurado o la sentencia han ido en la dirección equivocada. Pero sabía que habíamos ganado, y sabía que fueron las lesbianas las que ganaron.

No me refiero a que las otras propuestas no fueran absolutamente brillantes. Lo eran. For Women Scotland y Sex Matters presentaron argumentos muy coherentes, y llevan haciéndolo desde hace tiempo. Pero yo sabía que sería el argumento de las lesbianas el que ganaría, porque ahí es donde se exponía la locura más descarnada, más disparatada, más orwelliana, más chiflada.

*La sentencia del Tribunal Supremo de Reino Unido del 16 de abril establece que “hombre”, “mujer” y “sexo” en la Ley de Igualdad de 2010 se refieren al sexo biológico.

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