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Cuando se trata de escribir sobre lo que está ocurriendo ahora en nuestras instituciones gracias a los lunáticos grupos de presión LGBT, hay demasiadas frases que hacen que te estalle el cerebro. «La política sobre la menopausia del Consejo fue revisada por dos agencias externas, llegándose a la decisión de eliminar la palabra ‘mujer'»… «El violento agresor sexual masculino fue ingresado en una cárcel de mujeres por su vulnerabilidad»… Os digo que todo esto ya es demasiado. Cuando una intenta procesarlo mentalmente, es como un lingotazo de ginebra a las 10 de la mañana.

Me quito el sombrero ante quienes todavía pueden soportarlo, personalmente no creo que yo pueda escribir sin que me tiemble un párpado ni una frase más sobre la absurda y disparatada locura de estas organizaciones LGBT mainstream. Y creedme, lo he intentado. Acabo de pasar la mañana intentando escribir un artículo serio sobre el actual ataque legal al estatus de ONG de la LGB Alliance por parte de Mermaids. Este caso ha llegado a los tribunales esta semana, y nos está dejando momentos de quedarse una boquiabierta con las respuestas de los testigos de Mermaids. En serio, es imposible pasar mucho tiempo intentando tener templanza y ser comedida ante una situación tan descabellada como esta.

Financiada por la National Lottery, profundamente arraigada en muchas de nuestras organizaciones del sector público y defendida por muchas celebridades y políticos, Mermaids UK es una organización que, digamos, parece tener una visión del mundo extraordinariamente infantil.

Según las pruebas disponibles, el personal de Mermaids parece ver el mundo estructurado como un cuento de hadas para niños. Hay buenos y malvados. Suceden cosas misteriosas que nadie puede entender. Y para salvar a vuestras criaturas del mal, es importante que se conjuren los hechizos correctos y se tomen las pociones adecuadas. Y todo eso.

Así que, en lugar del artículo serio que ya no me atrevo a escribir, he pensado en redactar esta visión general del mundo como el pastiche de un cuento de hadas que realmente es. A medida que vayáis leyendo, recordad que versiones de esta misma historia en concreto están aplicándose también en entornos educativos, los servicios del NHS, servicios sociales, el poder judicial, medios de comunicación y fuerzas policiales de todo el país. Y después, aseguraos de correr gritando con una risa hueca y maníaca a la habitación oscura más cercana.

Érase una vez…

Érase una vez…, en un hospital donde “Las personas que paren” dan a luz a bebés de sexo indeterminado, un niñe trans está naciendo [1].

Se trata de un bebé especial. Sin que nadie lo sepa, algo llamado identidad de género se esconde dentro del recién nacide mientras duerme inocentemente. Al igual que la semilla en el bolsillo de Juan (el de las Habichuelas Mágicas), que aún no se ha convertido en una judía, esta identidad de género todavía no ha germinado ni se ha desarrollado. Pero un día lo hará.

Poco después, las Hadas que Asignan el Sexo llegan al hospital y clasifican a los recién nacidos en dos grupos: la mitad en niños y la otra en niñas. Las Hadas que Asignan el Sexo asignan a nuestro héroe ser «niño». Nadie se opone, ya que no conocen otra cosa. La identidad de género necesita tiempo para germinar. Todavía no está preparada.

El tiempo pasa.

Un día, al cumplir cuatro años [2], nuestro niño trans se despierta y se da cuenta de que hay algo dentro de él -o mejor dicho, dentro de ella– que reclama atención. Misteriosamente [3], su identidad de género ha surgido de alguna manera, y no coincide con el sexo que en principio le asignaron las Hadas que Asignan el Sexo. La identidad de género es un poco como el espejo mágico de Blancanieves: nunca miente. Ha habido un error al nacer. Nuestro héroe se da cuenta de que «él» es un «ella» y que ella es realmente una chica.

Nuestro héroe les habla a sus padres sobre su identidad de género. Pero ellos ya se han dado cuenta de que es diferente. Es pequeño para su edad, es femenino, no es como los demás niños. Ellos asienten con la cabeza cuando ella se lo cuenta. Porque ya lo sospechaban.

Cuando el niño se da cuenta de que es una niña, un reloj se pone en marcha, un poco como el reloj de Cenicienta, a punto de dar las doce. Esta identidad de género debe ser afirmada a toda costa por quienes le rodean. Es una carrera contra el tiempo. Los espectros de la depresión, el deterioro de la salud mental e incluso la posibilidad del suicidio acechan a la vuelta de la esquina si la familia fracasa [4].

No sólo sus padres deben tratarla como una niña a partir de ahora, sino que deben asegurarse de que sus hermanos, abuelos, profesores, amigos de la familia y profesionales médicos también lo hagan. Todo el mundo debe utilizar su nuevo nombre y respetar sus nuevos pronombres.

Y nunca, jamás, deben referirse al sexo que le asignaron erróneamente al principio, por miedo a angustiarla. Porque, al igual que la Princesa, que era tan delicada que podía sentir un pequeño guisante debajo de colchones y más colchones en su cama, nuestra heroína es extremadamente sensible a acontecimientos a los que el común de los mortales no daría ninguna importancia.

Pasa más tiempo. Cuando nuestra heroína llega a la adolescencia, empieza a sentir un interés secreto por los chicos del colegio. Empieza a sentirse cohibida ante ellos. Se enamora de ellos. Esto la tranquiliza. Cree que es una prueba más de que realmente es una chica.

Pero cuando cumple trece años, se ciernen nubes de tormenta. Su cuerpo crece en lugares donde los cuerpos de las chicas no suelen crecer, y no crece en otros donde sí lo hacen. Es muy consciente de las diferencias que surgen entre ella y las demás chicas. Comienza una nueva carrera contra el tiempo. Una vez más, su salud mental, y quizás incluso su vida, están en peligro.

Sus padres la acompañan en su viaje para conseguir la poción especial que la salvará. Nuestra heroína toma la poción. El tiempo se congela. Mientras tome la poción, como Peter Pan, no crecerá. Ella y sus padres se sienten aliviados. El desastre se ha evitado una vez más.

Mientras tanto, otros peligros acechan. Nuestra heroína también debe ser protegida de los malvados del mundo: de los tránsfobos y los intolerantes de la LGB ALLIANCE por ejemplo. Esta gente finge preocuparse por lo que la transición social hace a los niños, o por los efectos de los bloqueadores de la pubertad en sus jóvenes cuerpos, o por si jóvenes homosexuales/lesbianas o autistas están siendo confundidos por estas narrativas sociales para que piensen que son miembros del sexo opuesto. Se hacen pasar por razonables y solidarios, pero, como la bruja malvada de Hansel y Gretel, o el lobo de Caperucita Roja, no son lo que parecen [5].

Igualmente, nuestra heroína debe mantenerse alejada de cualquier terapeuta que pueda sugerirle que no es realmente una niña. Esto sería una «terapia de conversión«, y es algo que sólo intentarían los maléficos tránsfobos. Porque la identidad de género, como el genio de Aladino, una vez que ha salido de la botella, es muy difícil recuperarla y hay que hacerle caso.

En general, de cualquier cosa terrible que le ocurra a nuestra heroína durante su adolescencia, la transfobia va a ser siempre la causa, y la solución mágica siempre será una mayor afirmación de su identidad de género. Si sufre acoso, o tiene malestares psicológicos, o le va mal en la escuela, o tiene pensamientos oscuros, es todo por culpa de los tránsfobos. No hay otra causa posible. Todos los que la rodean deben repetir sin parar los hechizos para que los tránsfobos malignos sean finalmente derrotados.

Pasa más tiempo.

Nuestra heroína tiene ahora 18 años, y es pequeña y poco desarrollada en comparación con sus compañeras. No ha pasado por la pubertad. Como Blancanieves dormida, nunca la han besado.

Ha llegado el momento de que haga la travesía final hacia el “ser mujer”, por cortesía de un bisturí de cirujano. Al igual que la Sirenita, nuestra heroína sentirá esta travesía como si una espada le atravesara el cuerpo. Y después -también como la Sirenita- ya nunca podrá regresar.

[1] En palabras de la presidenta de los representantes de Mermaids, la Dra. Belinda Bell en el tribunal esta semana dijo: «No estoy segura de que la gente salga del útero con un sexo».

[2] El testimonio de unos padres que aparece en la página web de Mermaids describe con absoluta aprobación que un niño varón se dio cuenta de que era una niña a los cuatro años y que, a partir de entonces, su familia lo trató como tal.

[3] En la web de Mermaids, «The toys and clothing question» (La Cuestión de los Juguetes y la Ropa): «Hablar de la identidad de género ya es bastante difícil, pero para les niñes y sus familias puede parecer imposible poner las cosas en palabras».

[4] Mermaids hace con frecuencia afirmaciones expresas sobre la supuesta conexión entre la no afirmación de la identidad de género de un niño y el suicidio. Véase, aquí, por ejemplo.

[5] Declaración del testigo de Mermaids, Paul Roberts, jefe del LGBT Consortium, al tribunal, el 12 de septiembre de 2022, según informa el Tribunal Tweeets:

Abogado: «usted cree que [la LGB Alliance] ha adoptado deliberadamente un enfoque dirigido a engañar a la Charity Commission* y a la comunidad en general.

Paul Roberts: «sí, eso es correcto».

*Charity Commission es el organismo que registra y regula las ONGs en Inglaterra y Gales.

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