El gobierno de coalición de Alemania es profundamente impopular. Una encuesta de este mes desveló que el 78 por ciento de los alemanes no están contentos con él. Pero en lugar de intentar abordar las preocupaciones del país, ha redoblado su odiada agenda woke.

El 12 de abril, el gobierno aprobó la “Ley de Autodeterminación”. La nueva ley, que reemplaza la Ley Transexual de 1980, ya no requerirá que las personas necesiten evaluaciones médicas y psicológicas antes de poder cambiar su sexo legal. Las personas mayores de 14 años podrán cambiar su nombre y sexo registral simplemente haciendo una declaración en una oficina de registro, aunque los menores de 18 años necesitarán obtener el consentimiento de sus «tutores legales» o, si estos se niegan, a través de un tribunal familiar.

La ministra de Familia de Alemania, Lisa Paus, del Partido Verde, y el ministro de Justicia, Marco Buschmann, del Partido Demócrata Libre, han presentado la ley como una victoria para la libertad personal. Paus afirma que el gobierno ha creado el marco legal para una “sociedad libre, diversa y moderna”. Pero, en realidad, esta nueva ley no ha hecho nada por la libertad en Alemania. Ha antagonizado y alienado a muchas más personas de las que afirma haber ayudado. Y representa un ataque a derechos importantes y conquistados con tanto esfuerzo.

Las organizaciones de mujeres se han quejado con razón de que la nueva ley socava el derecho de las mujeres a espacios diferenciados por sexo. Activistas de los derechos de los homosexuales, como el periodista Jan Feddersen, han afirmado que amenaza con borrar a quienes “simplemente quieren ser homosexuales”. Feddersen también ha señalado la irracionalidad de una ley que supone que la realidad puede cambiarse mediante un “acto de habla” (es decir, la idea de que llamar mujer a alguien la convierte en mujer).

Juristas críticos han llamado la atención sobre la restricción de los derechos de los progenitores por parte de la nueva ley. Si los padres se oponen al deseo de sus hijos o hijas de cambiar de sexo legal, los tribunales intervendrán y otorgarán el consentimiento. Esto socava a cualquier madre/padre que tenga una visión crítica de la ideología transgénero. Al mismo tiempo, empodera a los padres pro-trans que están convencidos de que su hija o hijo está atrapado en el «cuerpo equivocado».

 

Cualquiera que sea la forma en que se interprete, esta ley no sirve al interés superior del menor. Su función principal es promover y hacer cumplir la ideología transgénero.

 

Muchos expertos médicos han destacado el peligro que esta legislación representa para menores vulnerables que están confundidos acerca de su sexo. El psiquiatra juvenil Alexander Korte, miembro de la junta directiva de la Sociedad Alemana de Medicina Sexual, Terapia Sexual y Sexología, ha advertido sobre la “exageración” en torno a la ideología de la identidad de género que lleva a los políticos a ignorar los daños.

Korte dice que el “ennoblecimiento” por parte del gobierno de la idea de que podemos nacer en el cuerpo equivocado alentará a más menores a realizar la transición. Las chicas adolescentes corren un riesgo especial, afirma.

Quienes han sido lo suficientemente valientes como para desafiar la ideología de la identidad de género han enfrentado acoso y cancelación. Los lobbistas trans han pedido que Feddersen sea despedido de su trabajo como editor del periódico de izquierda progresista Taz. Los transactivistas también se indignaron porque Korte fue invitado por la oposición CDU como experto a una audiencia sobre la nueva ley. Alguien lo llamó “extremista” por su oposición al uso de bloqueadores experimentales de la pubertad.

La nueva ley también es profundamente represiva. Una vez que entre en vigor el 1 de noviembre de este año, cualquier persona que revele el antiguo sexo legal de una persona transgénero podría enfrentarse a una multa de hasta 10.000 euros.

 

Si bien casi dos tercios del Bundestag apoyaron la nueva ley, la historia es diferente entre el público alemán. Las encuestas muestran que casi el 60 por ciento se opone a la autoidentificación.

 

Sahra Wagenknecht, fundadora del nuevo partido populista de izquierda BSW, es una de las críticas más abiertas de la ley. Dirigiéndose al Bundestag el día de su aprobación, acusó al gobierno de favorecer la ideología sobre la realidad biológica. La ley supone un peligro para mujeres y menores, afirmó.

Pocas veces un discurso en el Parlamento ha provocado tal revuelo. Pero Wagenknecht tiene razón. El gobierno claramente está tratando de parecer “progresista”. Para que parezca que está en el «lado correcto de la historia». Pero al hacerlo, está socavando a los progenitores y poniendo en peligro a mujeres y menores. Esta ley es una receta para el desastre.

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