El lobby trans tiene bien engrasada su estrategia de entrismo en las instituciones francesas. Sustitución de la palabra «sexo» por «género», trabajo de cabildeo en los pasillos para incidir en las leyes, victimismo y acusaciones de transfobia contra las críticas. Esta estrategia afecta a adolescentes y menores y crece el número de niñas que se mutilan bajo la influencia de las redes sociales.

Entrevista con Michèle Vianès, presidenta de la ONG Regards de femmes y especialista en igualdad entre mujeres y hombres.

Atlantico: ¿Cuáles son sus observaciones sobre la fuerte presión que ejerce el lobby transactivista en las distintas instituciones francesas?

 Michèle Vianès: Cuando en 2006 se redactaron los Principios de Yogyakarta sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos a las cuestiones de orientación sexual y transidentidad, una serie de juristas decidió establecer un marco normativo específico. Varios grupos de personas homosexuales y transexuales participaron activamente en el establecimiento de estos Principios. ¿Por qué estos Principios, muy presentes en Francia, se desconocen por completo y nunca han sido objeto del más mínimo debate? Al principio, los activistas actuaban en silencio, aunque ahora ya no sea así.

Jugaron con la legitimidad del acceso de las personas transexuales a la ley y el victimismo por compasión. Su estrategia consistió en sustituir la palabra «sexo» por «género», en pasar a considerar el sexo como un dato sociológico y no un hecho. Una vez lograda esta confusión entre género y sexo, introdujeron la «identidad de género», y mezclaron así los derechos legítimos de las personas con ese nebuloso concepto de «identidad de género».

En 2014-2015, en la lista de los 23 motivos de discriminación, recogidos el artículo 86 de la Ley de modernización de la justicia francesa, se coló este concepto. Los estereotipos patriarcales, los gestos, la forma de vestir y de hablar se convierten en elementos constitutivos de la identidad.

Podemos hablar también de la Ley de 18 de noviembre de 2016, la ley de modernización de la justicia del siglo XXI. El apartado 5 del artículo 61 reza así: «Toda persona mayor de edad o menor emancipada que demuestre a través de un número suficiente de hechos que la mención de su sexo en los registros del estado civil no se corresponde con el sexo en el que se presenta, y por el que es conocida, podrá obtener la modificación registral». Basta con afirmar que se es del otro sexo para ser del otro sexo: un acto puramente declarativo.

Pero los activistas lo hacen de manera furtiva: cuando hay un debate sobre una ley, no forman parte del grupo de trabajo de la comisión. Proponen su redacción, que completarán con enmiendas antes de pasar a la votación. Acuden a los parlamentarios que están de acuerdo con ellos. Quienes se oponen son acusados de transfobia. La mecánica está bien establecida.

Esta estrategia afecta a adolescentes y menores; se realizan mutilaciones sin que los responsables políticos reaccionen. En los países anglosajones se dan cuenta de que es un desastre sanitario y dan marcha atrás.

La violencia de los transactivistas quedó bien patente cuando se publicó el libro de Caroline Eliacheff y Céline Masson titulado «La fábrica de los niños transgénero» (Deusto, 2022).

¿A qué velocidad avanza esta ideología?

Pretenden convertir un niño sano en un paciente de por vida. Es interesante para laboratorios, clínicas y médicos prescriptores porque crean una base de pacientes para siempre. Y el objetivo de la ideología transgénero es excluir a las mujeres: fueron las lesbianas las primeras en alertarnos del peligro de esta ideología, porque fueron fagocitadas por los transactivistas que habían acogido en sus asociaciones.

Hay toda una literatura infantil anglosajona, traducida al francés, que se utiliza para adoctrinar a la infancia, y en las redes sociales vemos cada vez más chicas y chicos a los que se les dice que han nacido con el sexo equivocado. Una vez convencidos, se les pone en contacto con otros jóvenes en su misma situación para que compartan una estrategia y convenzan a sus familias de que les urge tomar fármacos o someterse a cirugía. Publicar fotos en TikTok de las distintas etapas de la transformación, desde la aparición de la barba hasta el pecho con las cicatrices de la mastectomía, atrae a un gran número de seguidores.

Detrás de todo esto, hay médicos o ginecólogos que bloquean la pubertad haciéndonos creer que es un proceso reversible. La seguridad social reembolsa todos los tratamientos y operaciones.

Se receta terapia hormonal cruzada: a los niños se les administran hormonas femeninas; masculinas en el caso de las niñas. ¿No sería esta una situación similar al escándalo que provocaron las muertes por la píldora para adelgazar Mediator? Se prescribe un medicamento cuya comercialización está autorizada para una finalidad distinta de la que se investigó. En el caso de las adolescentes, se bloquea el desarrollo de sus órganos sexuales femeninos, pero el clítoris se hipertrofia. Sufren enormes molestias y un dolor cada vez mayor. Es muy similar a la mutilación sexual.

¿Qué ámbitos son más proclives a acoger la ideología transgénero?

El ámbito artístico, desde luego. También se hacen nombramientos de transgéneros en lugar de mujeres, con lo que se usurpa el camino hacia la paridad, conquistado por las organizaciones de defensa de los derechos de la mujer.

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