Por Cervixen of the Clitorians @cervixen.

La postura crítica con la «identidad de género» o  postura «TERF» es un análisis materialista del sexo, el género y los derechos de las mujeres. No es una teoría de odio hacia las personas que se identifican como trans. Es una afirmación sobre la importancia del sexo como una categoría real, humana y materialmente importante en el derecho, el lenguaje, la medicina, la protección, el deporte y el feminismo.

Los transactivistas a menudo tergiversan las opiniones de las feministas críticas con la identidad de género, las personas que defienden que el sexo es real y las TERFs porque la verdad les haría perder la discusión.

Lo siguiente es un intento de explicar mi posición como feminista crítica con la identidad de género, feminista radical de manera más precisa, que defiende que el sexo es real, para que sea más fácil ver cómo esa posición está siendo intencionalmente tergiversada y/o malinterpretada con mala fe por representantes del transactivismo.

Yo conozco mi propia posición mejor que nadie. La mala fe consiste en atreverse a decirme a mí cuál es mi propia posición con el fin de desacreditarme. Eso es peor que el hombre de paja* [Ver nota al pie] , y la táctica principal del activismo esencialista del género.

Aquí está mi posición real: la única posición que voy a defender:

1️⃣ El sexo es real y materialmente importante

El sexo en los seres humanos no es una identidad, un sentimiento, un rol o un tipo de personalidad. Es una categoría reproductiva y de desarrollo: macho y hembra son las dos clases de sexo humano, el medio de la reproducción humana. Macho es la clase de sexo organizada en torno al desarrollo de gametos pequeños y móviles, y hembra es la clase de sexo organizada en torno al desarrollo de gametos grandes e inmóviles.

Esto no significa que toda persona sea fértil, capaz de reproducirse. La infertilidad, la menopausia, la histerectomía, la castración, las Diferencias de Desarrollo Sexual, las lesiones, la edad o la enfermedad no borran el sexo. El sexo no es una performance humana y no hay un estándar para el sexo más allá del rol reproductivo. El sexo es una condición humana y un atributo innato e inmutable del cuerpo humano.

Las feministas críticas con la identidad de género rechazan la idea de que el sexo sea «asignado al nacer» en el sentido de inventado, adivinado o arbitrariamente impuesto por una autoridad. En casos ordinarios, el sexo se observa y registra. Incluso en casos raros y extraordinarios con características sexuales secundarias ambiguas, con instrumentación moderna, el atributo primario del sexo es observable a un nivel definitivo más allá del nivel básico de los genitales externos, a nivel celular.

2️⃣ Las mujeres son las hembras de la especie humana

En este marco, «mujer» significa una hembra humana adulta. «Niña» significa una hembra humana joven.

Esta definición no depende de la feminidad, la belleza, la ropa, el comportamiento sexual, la capacidad reproductiva, la sumisión, la heterosexualidad o la conformidad con los estereotipos. Una mujer puede ser masculina, femenina, lesbiana, bisexual, heterosexual, célibe, infértil, discapacitada, anciana, joven, no conforme con los estereotipos de género o médicamente atípica. Sigue siendo una mujer porque es una hembra.

Por lo tanto, la cuestión no es que las mujeres deban parecer, actuar, vestirse, pensar o sentir de una determinada manera. Es lo contrario: las mujeres deberían liberarse de los estereotipos basados en el sexo tradicionalmente impuestos a las mujeres.

3️⃣ Género no es el sexo

El feminismo radical distingue el sexo del género. El sexo se refiere a la diferencia biológica macho/hembra. El género se refiere a los roles sociales, estereotipos, expectativas, comportamientos o jerarquías impuestos a las personas en base a su sexo. El feminismo crítico con la identidad de género no busca preservar los roles de género. Busca abolir su poder coercitivo.

Un hombre afeminado no se convierte en mujer. Una mujer masculina no se convierte en hombre. Nadie debería tener que cambiar de categoría de sexo legal, alterar médicamente su cuerpo o adoptar una nueva identidad para poder rechazar expectativas sexistas.

4️⃣ La opresión de las mujeres se basa en el sexo

Las mujeres son oprimidas como clase sexual. El patriarcado no va dirigido a una identidad interna llamada “ser mujer”. Las mujeres no son discriminadas en base a sus pronombres o su modo de vestir. La discriminación contra las mujeres y las niñas se organiza alrededor del hecho de ser mujer: reproducción, embarazo, parto, menstruación, socialización femenina, vulnerabilidad física, dependencia económica, explotación sexual y violencia masculina.

Por esto el sexo importa en el feminismo. Si la palabra “mujer” se desconecta de los seres humanos hembras, el feminismo pierde la capacidad de nombrar la clase de personas histórica y materialmente subordinadas bajo un sistema supremacista masculino.

5️⃣ Los espacios y servicios de un solo sexo son a veces necesarios

Las feministas críticas con la identidad de género no argumentan que todos los espacios deban segregarse por sexo. Argumentan que el sexo importa en contextos específicos donde están en riesgo la privacidad, la dignidad, la protección, el trauma, la vulnerabilidad corporal o la equidad.

Los ejemplos incluyen prisiones, servicios de crisis por violación, refugios para víctimas de violencia machista, vestuarios, cuidados íntimos, salas de hospital y categorías deportivas.

El argumento no es que todos los hombres sean peligrosos. El argumento es que la violencia de patrón masculino, la ventaja física masculina y las necesidades de privacidad de las mujeres son lo suficientemente reales como para que los espacios solo para mujeres deban seguir siendo legales, importantes y exigibles.

El derecho a espacios de un solo sexo no es un derecho concebido para acosar a nadie. No es un test de feminidad. Las mujeres masculinas, las lesbianas butch y las mujeres no conformes con los estereotipos de género pertenecen a los espacios de mujeres. La categoría es el sexo, no la apariencia.

6️⃣ La orientación sexual se basa en el sexo

Las feministas críticas con la identidad de género argumentan que la homosexualidad es atracción hacia el mismo sexo, no atracción hacia la misma identidad de género. Las lesbianas son mujeres atraídas por mujeres. Los hombres gays son hombres atraídos por hombres. Las personas bisexuales están atraídas por ambos sexos. Nadie tiene derecho sobre la atracción, la validación, el lenguaje o los límites sexuales de otra persona. Reconocer la atracción basada en el sexo no es odio. Es el respeto básico por la orientación sexual y el consentimiento.

7️⃣ Las personas trans tienen derechos, pero no el derecho a pasar por encima de los derechos basados en el sexo

El feminismo crítico con la identidad de género no implica crueldad hacia las personas que se identifican como trans. No exige negar vivienda, empleo, atención médica, participación pública ordinaria o protección contra la violencia.

La discrepancia es más concreta y específica: la identidad de género no debe anular el sexo donde el sexo es materialmente relevante.

La objeción central es la creencia obligatoria, el lenguaje forzado, la sustitución de la categoría sexo y las políticas que eliminan los límites solo para mujeres sin un debate democrático honesto.

8️⃣ Las DDS (Diferencias en el Desarrollo Sexual) no borran el binario sexual

Las personas con diferencias de desarrollo sexual merecen dignidad, privacidad y atención médica precisa. No deberían usarse como resquicios retóricos.

Las DDS son variaciones o trastornos del desarrollo sexual. Pueden complicar la clasificación en casos individuales raros, pero no crean un tercer sexo reproductivo ni hacen que hombre y mujer pierdan su significado.

La ambigüedad en los márgenes no destruye las categorías. Presupone, ante todo, que las categorías existen.

Estas son tergiversaciones más comunes de la posición crítica con la «identidad de género»/TERF:

Tergiversación: «Las feministas críticas con la identidad de género piensan que las mujeres deben ser femeninas.»

Posición real de las feministas: El feminismo crítico con la identidad de género rechaza la feminidad como un requisito para ser mujer. Una mujer es una mujer independientemente de si se ajusta o no a los estereotipos femeninos.

Tergiversación: «Las feministas críticas con la identidad de género odian a las personas trans.»

Posición real de las feministas: Se trata de defender el lenguaje basado en el sexo, la ley, la protección y el feminismo, no se trata de las personas trans. El desacuerdo con la doctrina de la identidad de género no es odio hacia individuos.

Tergiversación: «Las feministas críticas con la identidad de género quieren fiscalizar los baños según la apariencia.»

Posición real de las feministas: Los derechos basados en el sexo de las mujeres protegen del acoso a las mujeres no conformes con los estereotipos de género. “Solo para mujeres” significa “solo para mujeres”, no “solo para quienes performen la femineidad”.

Tergiversación: «Las feministas críticas con la identidad de género borran a las personas intersexuales.»

Posición real de las feministas: Las feministas críticas con la identidad de género argumentan que las Diferencias de Desarrollo Sexual son variaciones médicas reales dentro del desarrollo sexual, no una prueba de que el sexo sea imaginario o autodefinible.

Tergiversación: «Las feministas críticas con la identidad de género reducen a las mujeres a la reproducción.»

Posición real de las feministas: No. La afirmación no es que las mujeres existan para reproducirse. La afirmación es que las mujeres son oprimidas debido a la realidad material de lo que es ser mujer frente a la realidad material de lo que es ser hombre, y a las imposiciones y estereotipos sexistas construidos alrededor de la realidad material del dimorfismo sexual humano.

Tergiversación: «Las feministas críticas con la identidad de género niegan que las personas trans existan.»

Posición real de las feministas: No. Las feministas críticas con la identidad de género niegan que la «identidad de género» cambie el sexo. Una persona puede identificarse como transgénero o no conforme con el género sin que se requiera que la categorías sexo se reescriba alrededor de su «identidad de género» porque el sexo y el género son diferentes. Cuando las personas equiparan la identidad de género y el sexo, están siendo esencialistas de género y sexistas.

Tergiversación: «Las feministas críticas con la identidad de género son conservadoras.»

Posición real de las feministas: No tienen por qué. La posición está arraigada en el feminismo materialista, la libertad de expresión, la protección, la autonomía del cuerpo y la oposición a los estereotipos sexuales.

El materialismo y la libertad de expresión no son «de derechas». Son históricamente centrales en la política de izquierdas:

– El materialismo analiza el poder y el construccionismo social a través de las condiciones reales y materiales en lugar de desde la ideología o el misticismo, y

– La libertad de expresión es necesaria para contrarrestar el fascismo y el populismo porque los movimientos disidentes no pueden desafiar el poder sin el derecho a nombrar la realidad, argumentar abiertamente y criticar a las instituciones.

El feminismo crítico con la identidad de género no es una reacción conservadora contra el progreso. Es una continuación de los principios de izquierda: análisis materialista, oposición a la estereotipación, defensa de los derechos basados en el sexo de las mujeres, libertad de conciencia y resistencia a la propaganda institucional y los controles lingüísticos.

Eso no significa que toda persona crítica con la identidad de género sea de izquierda, ni que la izquierda siempre haya sido consistente con la libertad de expresión. Pero el materialismo, el anti-esencialismo, la libre indagación y la disidencia contra la ortodoxia institucional son todos históricamente compatibles con la izquierda, y se podría argumentar que son fundacionales para la izquierda.

Las diferencias centrales

El conflicto central es este:

El feminismo crítico con la identidad de género trata el sexo como una realidad material y el género como una jerarquía social que debe ser desmantelada.

La ideología de la identidad de género trata la identidad interna como principal y exige a la ley, al lenguaje, a las instituciones y, a veces, a los límites que imponen otras personas que se reorganicen en torno a esa identidad.

Las feministas críticas con la identidad de género argumentan que una sociedad justa puede proteger a las personas que se identifican como trans de la crueldad y la discriminación sin borrar el sexo, redefinir a las mujeres, debilitar las protecciones u obligar a todas las demás personas a fingir que el sexo es irrelevante.

Las similitudes 

A pesar del conflicto, ambas posiciones a menudo parten de varias preocupaciones éticas compartidas.

Ambas coinciden generalmente en que las personas no deben ser castigadas, maltratadas o excluidas de la vida ordinaria por no ser conformes con los estereotipos de género, transidentificadas, homosexuales, bisexuales, masculinas, afeminadas o de otro modo que no obedezca a los estereotipos de sexo.

Ambas se oponen generalmente a los estereotipos de sexo rígidos. Ninguna de las dos, en su mejor versión, quiere que los niños y las niñas sean obligados a estrictos roles de masculinidad y feminidad.

Ambas reconocen generalmente que las personas transidentificadas pueden enfrentar crueldad, acoso, rechazo familiar, discriminación laboral, aislamiento social y violencia, y que tal trato está mal.

Ambas posiciones coinciden generalmente en que las personas deben ser libres de vestirse, hablar, comportarse y presentarse de maneras que no se ajusten a las expectativas tradicionales de su sexo.

Ambas reclaman generalmente defender la dignidad, la autonomía y la seguridad.

El desacuerdo no es sobre si las personas merecen un trato humano. Lo merecen.

El desacuerdo es sobre si la «identidad de género» subjetiva debe anular el sexo objetivo en la sociedad, la cultura, el lenguaje, la gobernanza, la ley, las protecciones, la medicina, el deporte, los datos y los espacios solo para mujeres

La contradicción central

Las personas críticas con la identidad de género, quienes defienden que el sexo es real, tratan el sexo como un hecho material y los estereotipos de género como irrelevantes para determinar si alguien es hombre o mujer. Una mujer masculina sigue siendo mujer. Un hombre afeminado sigue siendo hombre. La personalidad, la ropa, el comportamiento, los intereses, la modificación corporal y los sentimientos internos no determinan el sexo.

Los transactivistas y quienes defienden la identidad de género afirman rechazar los estereotipos sexistas, pero los reintroducen y los refuerzan activamente al tratar la relación de una persona con la masculinidad, la feminidad, el reconocimiento social como hombre o mujer, la incomodidad corporal o el “sentido interno del género” como evidencia de que una persona es «trans» y de que pertenece a la categoría de sexo opuesta.

Por esto las feministas críticas con la identidad de género argumentan que su posición no es sexista: ningún estereotipo puede hacer de un hombre una mujer o de una mujer un hombre, y ningún rechazo de estereotipos puede hacer que una mujer sea menos mujer o un hombre menos hombre.

La posición crítica con la identidad de género es que los estereotipos de género no nos dicen nada sobre el sexo o la identidad de una persona.

La posición de la «identidad de género» es: no se supone que los estereotipos estén para definir el sexo, pero de alguna manera la relación interna de una pequeña minoría con esos mismos estereotipos de género debe convertirse en la base para redefinir el lenguaje sexuado para la abrumadora mayoría.

 

*Hombre de paja o la falacia del espantapájaros es una táctica de debate o argumentación. Consiste en distorsionar, exagerar o simplificar en exceso el argumento de otra persona para que sea más fácil de atacar. Al final, se termina refutando una versión falsa y distorsionada del argumento real.

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