El tratamiento a adultos y jóvenes adultos autoidentificados como trans*, con un claro predominio de chicas en la veintena, presenta deficiencias múltiples: precipiación a la hora de suministrar hormonas; información insuficiente sobre los riesgos a los pacientes; desprecio a sus complejas condiciones mentales, que no se consideran una contraindicación para el tratamiento; falta de seguimiento en las altas tasas de abandono.; presiones sobre los médicos… Son las observaciones de la doctora Hilay Cass remitidas a la sanidad pública británica.

Carta de la doctora Hilary Cass a los directores médicos de la Comisión Especializada de la sanidad pública NHS:

Como se expone en mi informe final [informe encargado a Cass por la sanidad pública inglesa], varios médicos que trabajan actualmente o han trabajado anteriormente en servicios de género para adultos se pusieron en contacto conmigo para expresarme su preocupación tanto por la práctica clínica como por el modelo de atención. Sus experiencias abarcan varias Clínicas de Disforia de Género (CDG) de todo el país. También he escuchado las preocupaciones de médicos de otros ámbitos, más concretamente de la medicina general, sobre los pacientes que se encuentran bajo su tutela de otros entornos, en concreto de la medicina general.

Quedaba fuera del ámbito del informe intentar validar los relatos que recibí, o determinar si todos los problemas siguen estando vigentes. Además, la práctica y las normas pueden ser muy diferentes en las distintas clínicas. Sin embargo, hubo temas comunes que espero que se exploren en la próxima revisión de los servicios de género para adultos que NHS Inglaterra tiene previsto emprender

Cohorte de pacientes y evaluación: 

– La preocupación más común era el escaso tiempo para la evaluación y la expectativa de los pacientes de comenzar a tomar hormonas en su segunda visita. En la mayoría de los casos, las personas describieron una primera cita con una persona que no tenía necesariamente formación clínica, y normalmente un médico atendía a los pacientes en la segunda visita.

-Los clínicos que hablaron conmigo opinaban que, al igual que la población que se que se presenta a los servicios para niños y jóvenes, la mayoría de los pacientes tenían condiciones mentales extremadamente complejas, con una mezcla de traumas, abusos, diagnósticos de salud mental, antecedentes forenses, TEA y TDAH, y por lo tanto una evaluación limitada era inadecuada. Estas otras cuestiones clínicas no se abordaban ni se tenían en cuenta a la hora de prescribir hormonas masculinizantes o feminizantes.

– A los clínicos les resultaba difícil defender una decisión de no prescribir hormonas salvo en casos excepcionales; por ejemplo, pacientes que habían sido internados o que tenían personalidades múltiples. Si un paciente se autolesionaba o tenía una salud mental muy inestable, no se consideraba una contraindicación para el tratamiento.

-Un clínico me dijo que se habría quejas si retrasaban la administración de hormonas a los pacientes, y otro que su práctica era supervisada y que si ofrecían demasiadas citas a un paciente, «se tomaban medidas drásticas». Debido a este planteamiento, a veces se manifestaban problemas unos meses después de haber iniciado el tratamiento hormonal.

– Tanto los profesionales médicos como los no médicos de al menos dos clínicas expresaron su preocupación por el marcado cambio en el perfi de casos, de predominantemente varones de edad avanzada a predominantemente mujeres de unos 20 años con casuísticas muy complejas. Una persona me dijo que durante su estancia en el servicio sólo habían visto a un pequeño grupo de la cohorte más «tradicional» de estos servicios (varones de edad avanzada).

Consentimiento

– Me dijeron que los procedimientos de consentimiento eran inadecuados, con explicaciones limitadas sobre riesgos como la atrofia vaginal, la osteoporosis, etc. No se explican de forma fiable la rapidez de acción de la testosterona, ni la irreversibilidad de algunos de los efectos.

– Varios facultativos describen un «pensamiento mágico» (es decir, creencias poco realistas sobre lo que se puede conseguir con la transición médica) que no se corrige ni se cuestiona en las consultas.

A veces esto parecía estar relacionado con ver vídeos en las redes sociales y no tener la capacidad cognitiva para apreciar las limitaciones de las hormonas y la cirugía. En algunos casos, esto llevó a los pacientes a expresar su insatisfacción con la transición médica.

Protocolos clínicos

– Se me informó de que no existen directrices nacionales de tratamiento en relación con el uso de hormonas, y el acceso al asesoramiento endocrino variaba de una clínica a otra.

– Me enteré de que el psiquiatra que proporcionaba segundas opiniones para la cirugía en una de las clínicas redactaba cartas «estándar» que no reflejaban de forma fiable la situación de cada paciente.

Administración

– Varias de las personas que hablaron conmigo describieron los procesos administrativos como caóticos, con listas de espera fuera de control, falta de procesos sistemáticos de seguimiento y altas precipitadas.

– Me dijeron que algunos pacientes pasaban largos periodos sin que se les hicieran análisis de sangre de seguimiento. Entre los pacientes a los que se hacía un seguimiento, había una alta tasa de abandonos y no existía un sistema para priorizar las nuevas derivaciones en comparación con las derivaciones primarias.

Resultados adversos

– Los clínicos me informaron de que los suicidios de pacientes en tratamiento no se discutían formalmente en las reuniones de Morbilidad y Mortalidad, y no había una estrategia clara para determinar si había lecciones que aprender para casos futuros.

– Me enteré de que los pacientes que abandonaban el tratamiento tendían a cambiar de clínica, a menudo sin volver a la de origen, y que no existía ningún sistema para informar de ello a la clínica de origen. En una clínica, el arrepentimiento se trataba como un nuevo episodio de disforia.

– Algunos percibían que el enfoque estaba ideológicamente impulsado y polarizado, y que era difícil cuestionar el enfoque o debatir las preocupaciones. Los clínicos describieron una filosofía según la cual eran los pacientes quienes debían cometer sus propios errores.

– Existe la opinión de que la supervisión y la formación clínicas son inadecuadas, y de que hay marcadas incoherencias en la práctica clínica. Describieron que las enfermeras que llevaban muchos años en la clínica tenían una carga de trabajo inmanejable, con responsabilidad sobre muchos pacientes de riesgo, y que algunas abandonaron el servicio como consecuencia de ello.

– Los médicos que abandonaron el servicio dijeron que lo hicieron porque les preocupaba no poder defender su práctica clínica.

Espero que esto sea útil para el NHS England en su revisión de los servicios para adultos.

Dra. Hilary Cass, directora de la Revisión independiente de los servicios de identidad de género para niños y jóvenes

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